Conducir para viajar o para morir

Conducir para viajar o para morir

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Diario: A Toda Máquina, Colegio The Thomas Jefferson School (Talcahuano)

Últimamente la mayoría de los accidentes de tránsito suceden por fallas humanas, ya que gracias a la mayor tecnología aplicada en el diseño y construcción de vehículos motorizados de diferentes tamaños y características, estos cada vez están mas equipados con medidas de seguridad y protección para sus ocupantes, los vehículos se han vuelto más seguros en cuanto a equipamiento.

Sin embargo, en lo que se refiere a los conductores, estos aún mantienen un bajo nivel de respeto por las reglas y condiciones mínimas de seguridad para una conducción responsable y segura. En este ámbito podemos encontrar innumerables situaciones, como por ejemplo, cuando un conductor bebe alcohol sabiendo que tiene que conducir, cuando una persona no sabe conducir y aún así lo hace con todos los riesgos que esto implica, cuando un conductor no se preocupa por las condiciones óptimas de manejo, piso resbaladizos, mucho hielo, lluvia persistente, mucha neblina, cuando un conductor excede la velocidad permitida, etc. En otras palabras, se puede decir que todo esto tiene directa relación con la imprudencia e irresponsabilidad de los conductores.

La Comisión Nacional de Seguridad de Tránsito (CONASET) informó que “en la Región del Biobío entre los años 2000 y 2013 murieron 3.098 personas por los accidentes del tránsito. Además en el mismo período se registraron 85.433 personas lesionadas en un total de 60.788 accidentes, tanto como en sectores urbanos como sectores rurales. Sólo en el primer semestre de este año, a partir de los antecedentes de Conaset, 160 personas murieron en siniestros en la ruta, cuestión que represento una variación de un 0,6% frente al total de la misma fecha de 2013 que fue de 159 personas muertas”.

Lo lamentable, es que a pesar de que el gobierno y los diferentes estamentos involucrados (entre ellos Carabineros) han tomado varias iniciativas legales que señalan una mayor fiscalización y además han implementado numerosas campañas de concientización, educación y principalmente prevención, las tasas de accidentes con resultados de muerte, siguen aumentando. Enseñar a la población sobre los peligros de una conducción irresponsable es nuestro único camino para cambiar estas curvas de accidentalidad, de allí lo importante de educar y concientizar a la población más joven, especialmente los niños para que desde pequeños conozcan las leyes de tránsito así como los riesgos que implica no obedecerlas.

Hasta este momento las políticas públicas aplicadas en el último tiempo no logran cumplir los objetivos esperados, a pesar de que ha comprobado que hay conciencia por parte de los chilenos en cuanto a las causas de los accidentes de tránsito (así lo demuestran las experiencias internacionales) la incidencia de accidentes no ha disminuido. Más temprano que tarde la prudencia y la responsabilidad se tendrán que imponer en esta difícil tarea, ya que de lo contrario seguirán creciendo las angustiantes cifras en las tasas de accidentes automovilísticos chilenos.

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