Antofagasta y la conservación de su patrimonio

Antofagasta y la conservación de su patrimonio

148
0
Compartir

Antofagasta desde sus inicios fue una ciudad multicultural, primero habitada por incas y atacameños, luego a principios del 1879, tras la participación en la guerra del Pacífico deja como herencia la construcción emblemática de Las ruinas de Huanchaca; también diversas edificaciones en el corazón de la ciudad, llamado casco histórico, que conservan rasgos propios de otras épocas y sus paredes son testigos del paso de los cambios experimentados en más de un siglo de acontecer cultural años.

Edificios como la Antigua Aduana, la Gobernación Marítima, entre otros, han sido declarados monumentos nacionales por su valor arquitectónico e histórico, no obstante para mantenerse en el tiempo han debido cambiar su propósito inicial, convirtiéndose en museos, bibliotecas y oficinas, en cambio no ha sucedido lo mismo con otros edificios históricos que han visto como el paso de la modernidad los ha dejado a un lado, rayados y destruidos tanto por las inclemencias del tiempo, los movimientos de tierra o bien la construcción de nuevos edificios, olvidando así su época dorada, cuando hermoseaban la ciudad por aquel entonces.

Otros puntos estructurales históricos importantes para la región que han sido olvidados son las oficinas salitreras, las cuales, a pesar de ser la fuente económica de la región en los albores del siglo XX, no han sido consideradas como patrimonios culturales en la región, como ha sucedido en la Región de Tarapacá ¿Por qué no se les da valor cultural si fueron tan importantes para el país? Es triste ver que el paso del tiempo erosiona el terreno y que cada vez van quedando menos rastros de ellas.

Antofagasta es reconocida como una de las ciudades que posee una amplia gama de patrimonio tanto natural como cultural, lo que la hace atractiva para visitantes chilenos y extranjero, no así, lamentablemente, para quienes habitan en ella.

Día tras día pasamos por lugares llenos de historia sin saberlo y los vemos como simples casas; ya sea por estar desinformados o simplemente por desinterés que provoca la rutina del diario transitar; esto sumado a que poco a poco han ido desapareciendo lugares históricos a raíz de nuevas fachadas que revelan la nueva cara de la modernidad.

Basta caminar por calle Bolívar para darnos cuenta de que hay algunos edificios que llaman la atención porque han marcado la historia de nuestra ciudad como la Casa Cable West, la estación del ferrocarril, la Casona Camus, entre otras, que libran una batalla campal contra el tiempo; ahora esta lucha sería más alentadora si las autoridades hubiesen desarrollado una planificación urbana que protegiera esos edificios.

Por otro lado, los terrenos resultan atractivos debido a que están ubicados en el centro de la ciudad, por lo que se convierten en la debilidad de las inmobiliarias que con sus objetivos progresistas y ambiciosos solo entorpecen el pasado en función del futuro.

Es por esto que no debemos olvidar de dónde venimos, lo que somos, ni tampoco debemos dejar de sentirnos orgullosos de nuestros orígenes y de nuestra cultura que son la base de lo que nos identifica como región y nos distingue de las demás. No necesariamente lo antiguo significa que no sirve, al contrario, lo antiguo se puede renovar para convivir con el presente e ir directo al futuro sin perder nuestra identidad.

No hay comentarios