Las manifestaciones religiosas del norte de Chile representan principalmente agradecimiento y obtener la tranquilidad que entregan las expresiones de devoción hacia la divinidad plasmada en colores, cantos y bailes en torno a la Virgen María.
Autor: Thomas Fowler Plaza
Diario El pampino (antofagasta)
Es sabido que el norte de Chile es una zona de una alta religiosidad, en donde la gente se traslada en peregrinación hacia los santuarios que generalmente se encuentran en los poblados del interior, como muestras de fervor y fe, en donde las mandas y sacrificios son parte del paisaje que involucra procesiones, coloridos bailes y alegre música. Comerciantes que dan vida al árido y desolado desierto de atacama, que motiva a los feligreses a realizar el traslado reemplazando las condiciones normales de vida en sus ciudades por tierra, en algunos casos carpas, días soleados y las frías noches del desierto, que representan los sacrificios en agradecimiento a los favores concedidos.
Las festividades religiosas del norte de Chile están mayoritariamente asociadas a la imagen de la Virgen del Carmen (fue nombrada patrona de chile por José de San Martín en enero de 1817 y a partir de 2007 según la ley 20.148, fue declarado feriado nacional el día de la festividad oficial de la Virgen del Carmen), en ese sentido la festividad más importante del norte de Chile es la fiesta de la Tirana, que se realiza en el poblado del mismo nombre en la Región de Tarapacá, la cual recibe cada año una cantidad de 150.000 visitantes entre turistas y feligreses (Sernatur, 2017).
Además de esta festividad, encontramos “La Virgen de las Peñas”, que se realiza desde el 29 septiembre hasta el 2 de octubre, en el santuario de Livilcar, en la XV Región de Arica y Parinacota, La virgen de la Candelaria en febrero en la III Región y la Virgen de Andacollo en diciembre en la IV Región. La II Región no está ajena a esta realidad, ya que en septiembre de cada año se realiza al interior de Calama la festividad Nuestra Señora de Guadalupe de Ayquina.
La fiesta religiosa de Ayquina
La localidad de Ayquina se encuentra ubicada en la segunda región de Chile, en la Provincia de El Loa a 74 km de Calama. Se encuentra a 3.000 msnm en la quebrada que desemboca en el río Salado. Al igual que otros poblados con festividades religiosas, presenta una población reducida con respecto a la que se ve en el tiempo de fiesta. En Ayquina viven aproximadamente 50 personas y aumenta a unas 70.000 personas en la fiesta. El origen étnico de la población es Likanantay y se remonta a los tiempos preincaico.
En la fiesta de Ayquina se venera la imagen de la Virgen de Guadalupe, en esta festividad hacen gala una gran cantidad de bailes donde destacan Tinkus, Osadas, Baile chino, Piratas de Cristo Rey, gauchos y no podían faltar las diabladas, entre otros, entremezclando los acordes de su música y las figuras de sus bailes, debido al tamaño de su plaza principal bailan solo 3 bailes de manera simultánea, durante casi una semana.
En ese periodo, los últimos días son los más importantes, destacando principalmente la llamada víspera que ocurre con el término del día 7 y comienzo del día 8, momento en donde se ilumina el cielo con juegos artificiales y se rompe el silencio de este poblado con el éxtasis del fervor y la fe hacia la Patrona de Ayquina. Los peregrinos agradecen a la Virgen de Guadalupe de Ayquina por sus milagros, algunos lo hacen a través de la danza, otros por medio de misas y hay quienes caminan durante 24 horas desde la ciudad de Calama, para así volver el año siguiente a venerar a «La Chinita».
Recorriendo el poblado nos encontramos con personas que arreglaban sus casas y se preparaban para recibir la festividad de este año, la señora Gloria, nos señaló que “la mayoría de las personas vienen por devoción a Ayquina desde que tenemos uso de razón, yo personalmente tengo 55 años y empecé a venir con mi padre, que fue fundador de algunos bailes como los gaucho y el baile mexicano», termina el relato emocionada y con voz desgarrada recordando sus inicios, a su padre y esta nueva celebración. La fiesta empieza el día 30, los bailes duran 30 minutos en la plaza y otros 30 atrás de la iglesia, actualmente existen 48 bailes, una vez que empieza a correr el viento en Ayquina se aleja rumbo a su casa y continua con lo suyo.
Tradición familiar
Las vivencias y los relatos permiten hacernos la idea del porque se movilizan miles de personas hacia estos lugares, lo que motiva este peregrinar y el solo hecho de considerar la fe como expresión de agradecimiento de los muchos favores, ayuda y momentos vividos a diario, manifestándose a través de la divinidad de una imagen que representa la magnitud espiritual del ser humano.
Este fervor se documenta históricamente con la llegada de los españoles y los monjes Franciscanos a Chile durante el siglo XVI (construyéndose la primera iglesia del norte en San Francisco de Chiu-Chiu, ubicada a 40 km de Ayquina), fusionando la cultura en una sola expresión en torno a la religión y a las manifestaciones de fe que son traspasadas de generación en generación y no dejarán de celebrarse porque la sangre y la raza altiplánica que recorre nuestras venas la mantiene vigente por más de 500 años y se seguirá iluminando la noche oscura, el ruido del silencio de la pampa se fusiona con los acordes, cantos y melodías de los hijos de Ayquina.
El Origen de la festividad
Muchas son las versiones que se conocen con respecto al origen del pueblo y de la festividad, pero lo cierto es que todas tienen algunos puntos en común. Gloria, visitante del lugar, relató una de las más comunes: «El sector de Ayquina en sus orígenes era un lugar de pastoreo de animales como ovejas, llamas y cabras. El poblado más próximo es Turi, donde vivía gran parte de la población».
Un día un pastorcito del sector, llegó con sus animales al lugar y se encontró con un niño y su madre, con los que compartía juegos y se divertían a la orilla del río. Llegaba todos los días sucio y tarde a su casa cada vez que se encontraba con ellos. Sus padres, preocupados, ya que en Ayquina no había habitantes, decidieron seguirlo y se encontraron con la sorpresa que lo relatado por su hijo era verdad, se acercaron y el niño desconocido corrió a esconderse detrás de una chilca, pero cuando fueron a mirarlo, se encontraron con la imagen de la virgen y el niño.
Ellos llevaron la imagen a Turi, donde se construyó una capilla, pero la imagen de la virgen desaparecida y volvía a aparecer en donde fue encontrada. Como esto se volvió constante, tomaron la determinación de construir una iglesia en Ayquina, trasladándose así todo el poblado hacia este nuevo lugar, dando origen a la tradición.





















