Ponerse en el lugar del otro

Ponerse en el lugar del otro

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Diario Grandes Estudiantes, Escuela Bas. Los Andes (Puente Alto)

El bullying o matonaje escolar es uno de los temas más comentados en los últimos tiempos. Un tópico triste, pero que no podemos pasar por alto.

En el matonaje escolar existen dos actores fundamentales: el o los agresores, quien violenta a otra persona psicológica o físicamente de manera constante y sin ninguna razón, y el agredido, a quien le hacen daño.

Siempre hablamos del agredido, la persona que recibe todos los golpes y molestias, pero ahora debemos también mirar más allá: al agresor. Todo niño que agrede a otro lo hace por una razón y detrás de él se esconde una realidad que muchos ni siquiera conocemos ni imaginamos.

Los administrativos de los colegios no solo deben centrar su atención en el niño víctima, el agresor también es una víctima en silencio que requiere atención y ayuda. Recordamos, por ejemplo, las grandes peleas que se producen fuera de las escuelas, por celos, diferencias de opiniones, mal entendidos y hasta por el típico «me caíste mal». Una realidad que trasciende los estratos sociales y se repite en miles de colegios en todo el país.

Según una encuesta realizada por el Gobierno de Chile el año 2007, en los colegios municipales el 12, 6 por ciento de los estudiantes realiza bullying. En cambio, esta cifra disminuye a un 9,8 por ciento en los establecimientos particulares subvencionados y a un 7,6 por ciento en los particulares. Números que no dejan de sorprender y que nos invitan a tomar conciencia de la necesidad de mejorar las relaciones entre compañeros. Podemos pensar que estas cifras son bajas, pero esta realidad ni siquiera debiera existir. ¿Qué logramos al golpear o agredir a otra persona? No ganamos nada, solo contaminar nuestra alma.

Por ello, muchos colegios y escuelas del país han implementado programas de convivencia escolar, que ayudan a la armonía y fomentan las buenas relaciones interpersonales. Además, se desarrollan recreos guiados para evitar peleas y malos tratos. Así, al menos ocurre en los establecimientos públicos de la comuna de Estación Central, en la Región Metropolitana. En la Escuela República de Austria este programa, por ejemplo, que se efectúa en los ratos libres de los alumnos, se llama «Oye, ¿juguemos?» e involucra a estudiantes y profesores.

Siempre debemos colocarnos en el lugar del otro antes de actuar de mala manera. ¿Nos gustaría ser humillados y goleados? No, por supuesto que no. Además, siempre es bueno preguntarse qué es lo que pasa por la mente del agresor: ¿Estará teniendo algún mal ejemplo? ¿Necesitará ayuda?

Llamamos al cambio, a que todos nos pongamos en el lugar del otro antes de actuar irracionalmente. Debemos tomar conciencia de la importancia que tiene aprender a resolver conflictos de manera civilizada, que nos permita avanzar en una buena relación que se debe dar entre las personas que conviven diariamente en las escuelas de nuestro país.

Apelamos a que nos demos cuenta de que todas las personas tienen sentimientos, todos en algún momento podemos sufrir y a nosotros no nos gustaría estar en ese lugar

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