Puente Alto ha vivido sin parar una expansión muy fuerte desde los...

Puente Alto ha vivido sin parar una expansión muy fuerte desde los años 90

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El kiosco de confites y bebidas de Juan Gamboa, ubicado frente a un concurrido centro comercial a pocos metros de la Plaza de Armas de Puente Alto. Foto: Esteban Torres

Diario El Consolidario
Complejo Educacional Consolidada (Puente Alto)

A pocos metros de la esquina de Av. Concha y Toro con Av. Eyzaguirre está el kiosco de Juan Gamboa Ibarra, un pequeño comerciante que se dedica hace más de una década en el mismo lugar a la venta de golosinas y bebidas, sin embargo, podría definirse como un “historiador urbano” de Puente Alto, pues recuerda cada lugar y momento vivido en su querida comuna como si hubiera sido ayer.

Vecino de la población Maipo y nacido en su casa de la misma hace ya 65 años, se casó hace 42 y tiene cuatro hijos; tres mujeres y un hombre, de 42, 38, 37 y 34 años, respectivamente.

Cursó la educación primaria en la Escuela Juan Alcaíno y Escuela Maipo, y secundaria en el Liceo Industrial y Escuela Genoveva Moll Briones.

Entró al mundo laboral en la industria metalúrgica, recorriendo prácticamente todo Chile según la faena asignada, de hecho recuerda que estuvo trabajando en lugares tan diferentes como Punta Arenas y las cercanías de Putre.

Así, moviéndose por varios puntos del país, estuvo durante más de 30 años, período en el cual reconoce “no podía estar tanto tiempo lejos de mi querido Puente Alto”, motivo por el cual viajaba constantemente a la capital para reencontrarse con su familia, amigos y el lugar que lo vio nacer.

Por ello, a principios de la década pasada decidió radicarse definitivamente en Puente Alto y consideró que la mejor forma era hacerlo con un muy bien surtido kiosco ubicado en uno de los puntos más transitados de la comuna.

Mientras sus colegas y conocidos del sector lo saludan al pasar, y algunos transeúntes se detienen a comprarle chocolates, galletas y bebidas, él se toma todo el tiempo del mundo para atender al equipo de El Consolidiario y relatar de forma amena cómo ha visto que ha cambiado Puente Alto desde que él tiene recuerdos que, por cierto, son muchos.

¿Cuáles son los cambios más significativos que ha tenido Puente Alto?
Esta comuna empezó a expandirse mucho a principios de los 90, sobre todo de manera muy fuerte a partir del año 1992 y que aún no para. Por ejemplo, un par de cuadras más abajo, por Eyzaguirre, hasta el sector de Bajos de Mena eran únicamente fundos, mientras que ahora casi no hay dónde construir. También llegó mucho comercio nuevo que cambió los hábitos de la gente del sector, porque antes donde está la Papelera había una cooperativa y frente a la Plaza de Armas estaba el supermercado Listo, que eran los encargados de abastecer. En 1987 desapareció el tren que iba a El Volcán, además desapareció el tren que llevaba a los trabajadores de la Papelera desde la población Granja Antigua en el actual paradero 32 de Vicuña Mackenna.

¿Qué es lo que más le gusta del “actual” Puente Alto?
Lo bueno de ahora es que está todo cerca: comercio, farmacias, bancos, etcétera. Antes uno tenía que viajar en el antiguo tren del Llano del Maipo para ir a La Florida o al centro de Santiago a hacer trámites, con un tiempo de viaje que era de más o menos una hora y media.

¿Qué es lo que más extraña del “antiguo” Puente Alto?
Yo extraño mucho el tipo de gente que había aquí. Uno antes salía a cualquier hora y era todo súper tranquilo, ahora es todo distinto porque uno anda a plena luz del día por el mismo centro de Puente Alto y en cualquier momento lo asaltan. Eso se debe a que llegó mucha gente de otros lugares de Santiago con no muy buenas costumbres. Antes también había varios lugares para recrearse y que eran muy entretenidos, sobre todo los domingos cuando también tocaba la banda del regimiento de Ingenieros de Montaña.

¿Cómo eran esos lugares de entretenimiento?
Uno era en las calles Santa Elena con Irarrázabal hacia arriba, que se llamaba Cancha y Carrera, donde ahora está la cárcel, que era un lugar donde hacían carreras a la chilena. También recuerdo las quintas de recreo Arca de Noé, El Rápido, El Sauce, el balneario San Ramón y la fuente de soda México, donde se pasaba muy bien.

¿Cuánto aportó a Puente Alto y a su gente la llegada del Metro en 2005?
Lo que aportó es ganar tiempo en los traslados hacia el centro, porque antes para ir a Plaza Italia en micro era un hecho demorarse más de una hora u hora y media, mientras que ahora uno en 40 minutos está por allá. Además el hecho de que también hayan extendido el Metro hasta Maipú es un gran avance, porque ahora se puede cruzar casi toda la ciudad en mucho menos tiempo.

¿Cuánto mejoró o empeoró la calidad de vida de los puentealtinos el término de las micros amarillas y el cambio al Transantiago en 2007?
Viajar en el Transantiago es un poco problemático, de hecho molesta mucho que haya gente que se suba sin pagar. A mi juicio era mejor el sistema antiguo, porque antes una iba a Providencia y tomaba tal micro, iba al centro y tomaba tal micro, y todas a uno lo dejaban bien donde iba, mientras que ahora hay que estar haciendo combinaciones y no todas tienen recorridos como las de antes. Lo mismo pasa para movilizarse aquí dentro de Puente Alto.

El monumento a Manuel Rodríguez, un símbolo de la remodelada Plaza de Armas de Puente Alto tras la llegada del Metro a la comuna en 2005. Foto: Esteban Torres
El monumento a Manuel Rodríguez, un símbolo de la remodelada Plaza de Armas de Puente Alto tras la llegada del Metro a la comuna en 2005. Foto: Esteban Torres

¿Qué recuerda de lugares que ya no existen, como el ferrocarril a El Volcán y el Regimiento de Ingenieros de Montaña N°2?
Antes si uno tenía amistades o familiares que eran militares tenía derecho a ir a la piscina o a ocupar las canchas que estaban dentro del regimiento. Ese lugar era muy importante porque eran los militares los que muchas veces se encargaban de la mantención del ferrocarril que iba a El Volcán, que partía muy cerca de ahí, incluso la gente podía venirse desde Plaza Italia en el antiguo tren que llegaba pasada la Plaza de Puente Alto y después combinar para tomar hacia el Cajón del Maipo, que era muy concurrido por esos años.

Como comerciante, ¿cómo ha sido convivir con los malls, grandes farmacias o supermercados que se han instalado en la comuna, especialmente en el sector céntrico que es donde usted trabaja?
No hay que preocuparse tanto, porque grandes y chicos comercios tenemos las mismas posibilidades para trabajar, además no todos ofrecen los mismos productos. Yo que me dedico a la venta de bebidas y confites no lo veo como una competencia, más encima que cuando vino esta explosión de crecimiento en Puente Alto hace unos 20 años, que se me instalara un supermercado al frente era sólo cuestión de tiempo

Muchos puentealtinos se quejan de que servicios tan importantes como la salud pública y la seguridad ciudadana no dan abasto. ¿Cuál es su percepción?
Aquí la salud siempre ha sido igual, hay que ir a las seis o siete de la mañana al hospital o consultorio para tratar de conseguir un número y después ver si a uno lo atienden. Además ahora que la comuna ha crecido tanto y tiene tanta gente, no se han creado los centros de atención médica necesaria para absorber esa demanda. Quizás el nuevo hospital Sótero del Río pueda ayudar a disminuir las esperas y mejorar la atención en la comuna, pero todavía será insuficiente. En cuanto a la seguridad ciudadana veo poca presencia policial, pero pongan los carabineros que pongan la cosa va a seguir igual, porque la culpa es de la Justicia que ha dado manga ancha para robar, entonces ahora es todo muy fácil para los delincuentes.

Como vecino de toda la vida y considerando que el número de habitantes de la comuna sigue aumentando considerablemente, ¿qué le diría usted a alguien que está pensando en trasladarse a vivir en Puente Alto?
Que si puede lo haga, porque es una buena decisión y una bonita comuna, pero ojalá siendo siempre buenos ciudadanos, responsables y solidarios.

El prejuicio de vivir en la comuna de «Puente Asalto»

Al ser consultado por qué le parece que cuando se hable de Puente Alto se haga mención a “Puente Asalto”, el comerciante Juan Gamboa declara que “es una cuestión lamentable” y recuerda que “cuando yo andaba en otras ciudades, por mis anteriores trabajos, allá uno siempre escuchaba ‘ah, es de Puente Asalto, es peligroso, puede ser ladrón’, entonces muchas veces daba vergüenza decir que uno es puentealtino, siendo que eso es algo que a mi personalmente me da orgullo”.

Según los últimos índices de la Subsecretaría de Prevención del Delito, correspondientes al año 2014, Puente Alto registró una tasa de 1.707 denuncias por delitos de mayor connotación social por cada 100 mil habitantes, y 517 detenciones por igual número de población y tipos de delitos.

Juan Gamboa asegura que gran culpa de la delincuencia la tiene la droga que, según dice “hasta antes del año 2000 se veía muy poco y en lugares puntuales de la comuna, después de esa fecha se masificó y se perdió el control. Las policías en oportunidades saben dónde se está vendiendo droga, pero están de manos atadas para actuar“, lo cual cuestiona porque siente que está afectando especialmente a los más jóvenes, quienes son vulnerables y caen fácilmente en un flagelo del cual no podrán salir.

De acuerdo al último Estudio Nacional elaborado por el Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol (Senda), entre los jóvenes de 12 y 18 años el consumo de marihuana, la primera sustancia prohibida que la mayoría prueba en la vida, aumentó casi al doble en los últimos años, pasando de un 6,7% en 2012 a un 13,5% en 2014.

Pese a lo anterior, Don Juan también considera que el aumento en la percepción de inseguridad que sienten los puentealtinos como él tiene un poco que ver con el trato que se le da a la comuna en algunos medios de comunicación masivos, ya que “eso también genera en otros un prejuicio sobre la gente de Puente Alto». «Siempre va a haber gente buena y gente mala, y la delincuencia nunca se va a acabar, pero que la comuna aparezca en las noticias casi siempre por cosas malas provoca que personas de otras partes eviten venir para acá», remata.

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