Semáforos alimentarios ¿realmente restringen?

Semáforos alimentarios ¿realmente restringen?

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Autora: Fernanda Vidal
Diario El Quinto Ojo, Colegio Particular San José (San Pedro de la Paz)

Mediante las redes sociales he tenido la oportunidad de charlar con jóvenes latinoamericanos y, por curiosidad, a algunos les pregunté qué tan cierto es el rumor de que los extranjeros ven al prototipo chileno como “bajito y gordito”. Por infortunio me lo confirmaron.

Ser considerado uno de los países con mayor obesidad dentro de América no es motivo para enorgullecerse. El gobierno está consciente y ha tomado diversas medidas para combatirlo. Una de ellas es la popular nueva ley de rotulado de alimentos, que empezó a regir el lunes 27 de junio, y tiene como propósito acabar con nuestra fama de “gorditos”, brindando a los padres la posibilidad de escoger alternativas saludables para sus niños.

Los cuatro semáforos indican el exceso de aditivos dañinos que puede contener algún producto envasado, con llamativas alertas  que informan a la gente y los hacen preferir otras manufacturas con mejores características. Sin embargo, por experiencia personal puedo decir que no es suficiente.

Cuando voy con algún compañero, luego de clase, a comprar al quiosco de la esquina he observado que la influencia de las etiquetas no es tal. Quizá la miran con un poco de cuidado, por los daños que podría traer a su salud consumir el producto, pero aun así terminan por comprarlo.

Debemos saber que un estudio realizado por el MINSAL, dice que uno de cada once niños y adolescentes chilenos tiene sobrepeso, y que una persona cada minuto muere por la misma causa.

Creo que las personas deberían impartir a sus niños desde temprana edad buenos hábitos. Y al mismo tiempo, el gobierno exigir más en cuanto a ello.

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