Conocer el pasado, comprender el presente.

Conocer el pasado, comprender el presente.

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Osorno, una ciudad fundada hace ya 458 años y con alrededor de 145.000 habitantes pierde su legado cultural de forma alarmante. Con una población receptiva a la modernidad, la localidad pareciera pintarse cada día más con las tonalidades del siglo XXI, donde en vez de seguir el ejemplo de múltiples ciudades a nivel mundial y hasta la vecina Valdivia donde los altos edificios conviven de forma armoniosa con las viejas casonas, Osorno ha optado por destruir sus memorias a favor de la vanguardia.

Esto se pone en boca de todos en la sureña ciudad cuando se está por destruir algún patrimonio medianamente importante, pero desaparece cuando este legado se derrumba. Un claro ejemplo de ello es la destrucción de antiguas casonas alemanas que se hallaban esparcidas por todo el radio de la ciudad y de las cuales hoy en día solo quedan seis que son reconocidas como patrimonio, o el derrumbe de un viejo sector resindecial en calle Mackena para la construcción del centro comercial.

A la falta de memoria arquitectónica de la ciudad se le suma la carencia de documentos históricos y la poca disponibilidad de estos, los textos más antiguos que se pueden encontrar corresponden a viejos periódicos y cuentas públicas, mientras la mayoría de libros que hacen referencia al patrimonio histórico de la ciudad son guardados en la biblioteca de la ciudad y el museo histórico, con un acceso bastante restringido. Sin contar a todo esto, el rechazo e invisibilización que tiene la población a sus raíces indígenas -como en la mayoría del país- lo que provoca la pérdida del sector más importante e influyente en la cultura al sur del Biobío, el pueblo mapuche huilliche.

Con todos estos factores, la población se vuelve mucho más ignorante de su historia generación tras generación, y ante ello ni los dirigentes de la ciudad, ni los mismos ciudadanos que deberían estar a favor de ver su legado prevalecer, muestran un mínimo interés. Debería considerarse una obligación ciudadana el valorar la cultura que se nos ha heredado, puesto  que nosotros mismos somos resultado de un pasado común que se niega o ignora de forma constante.

No deberíamos desconocer que por nuestras venas corre sangre de valientes guerreros mapuches cuyos nombres se han olvidado, nuestros pocos patrimonios se van esfumando dando paso a brillantes edificaciones que nos transforman en una ciudad cada vez más moderna, pero con menos memoria.

El ciudadano parece olvidar su responsabilidad cívica y el respeto por el legado histórico de su pueblo, ciudad o país. No podemos detener el paso del tiempo, ni tampoco ignorar que nuestras costumbres y tradiciones son el resultado de una mezcla de culturas. El osornino en sí es el resultado de distintos factores como: la fuerte presencia y genealogía del mapuche-huilliche, la influencia de la inmigración alemana, la preponderancia y vigencia de la vida rural, etc.

Aún quedan pequeños sectores en la ciudad que luchan por mantenerse en pie y defender lo que somos. Una ciudad con dos almas, una que ansía la prosperidad de la modernidad y sobrevalora al extranjero y otra que busca rescatar nuestras tradiciones. Una forma de comenzar a hacer esto último es conociendo nuestra historia local, nuestros pueblos originarios y valorando nuestro patrimonio antes de que se extinto.

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