Autor: Gonzalo Gutiérrez Ramos
Scuola Italiana Alcide de Gasperi, La Serena
Diario La Gazzeta della Scuola
El domingo recién pasado almorzábamos junto a mi familia en un pequeño restaurant, mi padre es un hombre de no poner muchas reglas, sin embargo, nos inculcó desde que tengo memoria, una simple sugerencia, “¡mientras estemos en la mesa no existen los celulares!”. Al principio yo y mi hermano aceptamos a regañadientes, pero justamente ese domingo me di cuenta como una familia integrada por cuatro personas no se miraron durante todo el almuerzo, cada uno embobado en su celular.
Fue allí cuando me puse a pensar en lo que nos estamos convirtiendo, en unos dignos representantes de la Generación “Z”, aquella que componemos los nacidos a principios del siglo veintiuno. Representamos un porcentaje importante de la población mundial y nos caracterizamos principalmente por tomar decisiones y el respaldo que tenemos para tomarlas. A nivel mundial, una buena parte de los miembros de esta Generación, palpamos a nuestros padres con una fuerte influencia sobre nuestra educación, carrera y futuro. Además, curiosamente relegamos a nuestros amigos y al entorno a un rol secundario.
Somos unos de los primeros que podríamos ser considerados 100% nativos digitales, ya que la mayor parte del tiempo lo dedicamos a estar conectados e informados a través de las redes sociales y distintas fuentes de información, quizá ninguno o muy pocos sabemos cómo funciona el ciberespacio, pero desde que nacemos conocemos cómo manejar los gadgets tecnológicos, nuestro grupo etario se identifica, precisamente por la maestría y el grado de conocimiento que tenemos de informática y todos sus derivados. Esta generación cambió de forma radical la manera con la cual nos comunicamos, la forma de hacer marketing y la capacidad de sacarle el máximo provecho a las nuevas herramientas digitales.
Me pregunto, ¿Qué nos mueve? ¿Cuál es nuestra motivación para ser cómo somos? La respuesta está en lo que aspiramos a ser con nuestra vida, más allá del concepto individual de éxito, nos importa definir nuestro futuro marcando claramente que estamos a un “click” de mostrarle al mundo que existimos, no somos aquella juventud rebelde, tampoco nos interesa un mundo de paz y amor, ni siquiera nos mueven las luchas políticas, nuestra forma de habitar el aquí y el ahora trasciende incluso al concepto físico del espacio y tiempo, vivimos entre la virtualidad y la realidad.
Ahora bien, ¿qué tan relevante es la importancia de la tecnología en el día a día para esta generación? La respuesta es simple: es tan inmensa, que nuestro estilo de vida está ciento por ciento relacionado con nuestra vida digital y social. A través de las redes sociales, como por ejemplo, Facebook, Twitter, Snapchat, Instagram, entre otras, tendemos a publicar información personal e incluso damos a conocer lo que estamos pensando, haciendo o incluso comiendo a través de fotos y comentarios.
Quizá una de las grandes problemáticas de nuestra generación, llamada a liderar el mundo, es la inmediatez, queremos todo a un “movimiento de mouse” no existe la capacidad de esperar, la paciencia hace rato que dejó de ser una virtud, el esperar es perder el tiempo.
La verdad me asusta el éxito inmediato, la posibilidad de arreglar todo presionando una X, hace que nos planteemos los reales límites entre la ética de los mundos cotidianos y digitales que se mezclan, me aterra la posibilidad de que no existan líneas editoriales que orienten una publicación, que sea increíblemente fácil denostar a otra persona y ganar mil “likes”, nunca se sabe en qué lado del PC estás.
En definitiva, estamos conscientes del gran aporte de la tecnología, pero no debemos sobrevalorarlo ni minimizarlo, sino hacerlo un aliado
. Dedicar gran parte de nuestro tiempo a estar inmersos en el mundo digital, solo nos resta tiempo para estar conectados con lo verdaderamente esencial, nuestra familia y los amigos.
La tecnología no debe ser una amenaza, sino una herramienta. Como miembros de la Generación “Z”, debemos saber ocuparla y perfeccionarla para que esté a nuestro servicio, no en nuestra mira, como la respuesta de todos los males que nos aquejan.


















