La tarea de la docencia es ardua y compleja, pero es levado con vocación por cientos de docentes. Profesionales que constituyen y creen en una educación de calidad para nuestro país.
Por: Viviana Luna Lamas. Colegio Elena Bettini, La Serena
La docencia es una ardua tarea, se necesita paciencia y una entrega desinteresada. Es destacable el hecho de que existan profesores que sin importar las altas de la noche, responden a las inquietudes que se les presentan a sus pupilos, que sin importar cuántas horas extras deban quedarse trabajando lo hacen, porque para ellos el ejercicio de la docencia constituye una tarea que va más allá de un quehacer profesional.
Frecuentemente los profesores pasan a ser “segundos padres”, para algunos jóvenes que están más desamparados, y es muy respetable en ellos la capacidad que tienen, para dejar un poco de lado sus propias vidas por ayudar o apoyar las de otros.
La educación ha sido un tema recurrente en este último tiempo, producto de ello, se han realizado numerosas marchas y movimientos estudiantiles, en los que muchos docentes han formado parte activa.
El contexto escolar en algunas ocasiones se torna rutinario por lo que se le quita la importancia que merece al ser la profesión que forma la base de la sociedad.
La docencia sin duda es un dar sin recibir, la mayoría de los profesores se quedan en las aulas de clase manteniendo la doctrina de darlo todo por un futuro mejor, no tan solo para los estudiantes, sino, que para todo un país.
Durante este año se han destacado dos tipos de profesores, los que marchan por una mejor educación y mejoras para el sistema para su beneficio, y los que no lo hacen, pero, ¿Qué pasa con éstos últimos?, ¿Por qué no salen a esta “lucha” por cambiar a un país, que se supone que une a todo el cuerpo docente?, a esto responde Nelson Gaytán Delpozo, profesor de religión: “Se dan principalmente tres razones de por qué hay profesores que no se les ve en las calles marchando. Primero: sencillamente porque no les interesa, aunque creo que son los menos, ya que a mi parecer, en este grupo se encuentran los profesores más «viejos», que como van saliendo del sistema, su preocupación está en otra parte.
Segundo: hay colegios que no adhieren a estas movilizaciones y siguen funcionando como si nada pasara, y obviamente los profesores, por mucho que quieran participar de estas actividades, no pueden hacerlo, para no arriesgar su trabajo, y tercero: Hay quienes creemos que la marcha, no es la única y no siempre la mejor forma de revolución. Somos profesores porque hay alumnos, y cualquier mejora que se exija es en pos de ellos. Educamos porque creemos que nuestros jóvenes pueden creer y crear una sociedad mejor y más justa, decirles y darles la confianza de que a través del espíritu crítico, el razonamiento lógico y la argumentación, pueden cambiar todo lo que se propongan a través del diálogo, eso también es una revolución verdadera; cambiar el pensamiento de nuestros muchachos, decirles que es tan válido el que sale a marchar, como el que está sentado pensando de manera honesta y con el convencimiento necesario de cómo ser mejores personas y ciudadanos para este país, ¿Intentar sembrar esa semilla de justicia no es acaso también hacer revolución?, creo firmemente que algún día, con este trabajo arduo, lo que unos piden en la calle se puede lograr a través de nuestros estudiantes”.
Al mismo problema responde Camila Albertazzo, profesora de lenguaje con magíster en literatura latinoamericana y Chilena: “Creo que por un lado, hay un sistema tremendamente opresor que modela a los profesionales en torno a la aceptación del destino. Esto manipula la conciencia del profesorado con bajos sueldos e inestabilidad laboral, lo que hace que el docente sienta constantemente que está con la espada sobre la cabeza, imposibilitada de moverse y luchar. Éste plan, silenciado a partir de las condiciones laborales, que obstaculiza la lucha y la solución han debilitado el estatuto docente, y la educación de mercado a puesto su impronta en la conciencia colectiva, acallando los reclamos.
Otra perspectiva creo que es el hecho de que aún cuando es menester leer la ley, muchos no lo han hecho y eso ha generado falsas hipótesis que a ojos de cualquier criterio parecían poco sustentado, no obstante, el engaño está justamente ahí, en quedarse solo con los titulares de los diarios. Debemos, quienes luchamos desde la vereda de la docencia comprometida y consciente, abrir los ojos de quienes aun están dormidos.”
La docencia sin duda es un trabajo constante, importante y fundamental para toda nuestra sociedad, que se ve enriquecida de las enseñanzas de estos profesores, los cuales entregan sus vidas a los alumnos, dándoles enseñanzas no solo académicas si no que también morales, transformando sus vidas y la de sus familias para tener un futuro más prospero.
Los profesores que marchan y los que no lo hacen, tienen el mismo propósito, mejorar las condiciones de aquellos por los que se comprometieron a trabajar, sus alumnos.





















