Sitio El Olivar, IV región
Hallazgo arqueológico más importante del Norte Chico concluye primera etapa para dar inicio al estudio de los restos encontrados.
Las osamentas de las culturas Molle, Diaguitas y Ánimas ahora serán investigadas por científicos especializados para dar con información que complemente el conocimiento que actualmente se tiene de estos pueblos indígenas que habitaron la zona a partir del 1400 d.c.
El año pasado, se dio curso al plan de ensanchamiento de ruta 5 en el tramo que une La Serena con Vallenar, cuando, a cuatro kilómetros al norte de la primera ciudad, constructores de la vía encontraron restos óseos humanos. Este hecho fortuito, sería el inicio de un postergado proceso de prospecciones arqueológicas que habían sido advertidas desde el siglo pasado por arqueólogos extranjeros, es decir, se comienza a saldar una deuda pendiente con nuestras propias raíces, postergadas por años de ignominias e injustificadas omisiones.
En la década del mil novecientos treinta, como relató Marcos Bascupovic, connotado arqueólogo del Museo Arqueológico de La Serena; Francisco Leopoldo Cornely Bachmann, reconocido pionero en la arqueología de la Región de Coquimbo, realizó una gran cantidad de excavaciones, algunas de ellas en el sector de Las Compañías. Del Olivar ya se tenían noticias “oficiales”, desde la exploración del sitio por el arqueólogo y antropólogo de los Estados Unidos, Samuel Kirkland Lothrop, quien había dado luces de las importantes presencias en el sitio.
Aunque dentro de los protocolos del MOP previos a la construcción, sería obligatorio un estudio de impacto ambiental, justo el tramo que pasa por el sitio, no fue considerado como una nueva autopista, sino como un ensanchamiento de la vía existente, por lo que los estándares de exigencia en cuanto a estudios para viabilizar la obra, fueron mucho menores. La evidencia subterránea destinada a nutrir la historia nacional, quedaría a la deriva, hasta que alguna entidad tomara el timón de una investigación seria y profunda, la cual fue concretada por la empresa constructora concesionaria del proyecto vial.
El Olivar, cubre una zona de aproximadamente treintaicinco hectáreas, pero el rescate arqueológico, es decir la excavación en sí, se extiende por unos quinientos metros cuadrados. En ésta pequeña extensión, en la que trabajan setenta profesionales, se han encontrado doce camélidos y setenta restos humanos, principalmente de fetos o neo natos y niños, todo indica que el lugar corresponde a un espacio de ritos ceremoniales de las culturas Molle, Diaguita y Ánimas, lo cual resulta bastante inédito, entendiendo que los antecedentes que existían de estas culturas es que cada una sucedía a la otra no siendo contemporáneas entre sí.
Debido a las condiciones del suelo, los restos óseos encontrados han sufrido daños de erosión por las napas y humedad del terreno. Así mismo, el progreso urbano, tanto de proyectos habitacionales, como de extensión de la carretera también han puesto en riesgo la conservación, como dijo uno de los arqueólogos que lidera la investigación del sitio, Gabriel Cantarutti, “la variable ambiental no permite encontrar restos momificados, telas u otros vestigios menos resistentes. No es un ambiente favorable, como lo es más al norte del país.” Además “del valor excepcional en sí del sitio, permite una proyección sin precedentes, pues permitirá reconstruir la historia y precisar la cronología de las culturas prehispánicas que habitaron en esta zona del país”
Cantarutti señaló que, “el destino final de todos los objetos que están siendo recuperados, y de los restos esqueléticos, tanto humanos como animales; debería ser el Museo Arqueológico de La Serena”, pero el proceso no termina aquí, porque “existe una fase tan extensa como la de las excavaciones, que involucra el análisis por parte de especialistas en determinadas materialidades”. Todo esto con el fin de sacar información para nuevos estudios antropológicos, o de otra índole.
Aunque sería de mucho gusto para la comunidad arqueológica local, que las piezas terminaran en el museo mencionado, el destino de ellas es todavía objeto de debate en el Consejo de Monumentos Nacionales. Respecto a lo anterior, Bascupovic menciona que “ha habido mucho voladero de luces, que van a hacer un museo del sitio, y hasta un parque arqueológico, y que existe además una tremenda presión por parte de las comunidades indígenas diaguitas”. Pero, él explicó, que los costos de hacer y mantener un nuevo museo, serían muy altos; ya que “un espacio museológico, debe tener vida, con una gran cantidad de personal profesional y se necesita de estructuras especiales, las cuales ya existen y están disponibles en el antiguo museo”.
Con respecto a las piezas y restos recuperados, se pude decir que más allá de una importante cantidad de osamentas, no existe gran diversidad de objetos encontrados. Sin embargo, esto no significa que haya aun mucho por descubrir y conocer acerca de estas etnias a partir de todo el material rescatado. Se espera que los resultados de las pruebas venideras, arrojen una gran cantidad de datos sobre la alimentación, enfermedades, ciclos climáticos, actividades diarias, y otros aspectos de la vida de estas tres culturas. Un hallazgo como este, es sin duda, un aporte al patrimonio cultural del país, a la ciencia y a los anales históricos de nuestros pueblos originarios, que nunca termina de escribirse, quién sabe si estamos, sin sospecharlo ante La Pompeya de América del Sur.
Recuadro
Sincretismo Cultural Prehispánico
Uno de los elementos más importantes del sitio arqueológico El Olivar, consiste en su sincretismo cultural que confluye en más de mil años de rica historia; comenzando con la Cultura Molle, pueblo precolombino que habitó la zona del Norte Chico antes de la llegada de los españoles, este grupo que se extendió desde el valle de Copiapó hasta el mismísimo Río Choapa, se remontan hacia el año 300 aC. Principalmente agricultores y alfareros, tuvieron como característica distintiva el uso de motivos geométricos en sus creaciones, una economía agroganadera estructurada sobre la base del uso de un efectivo sistema de regadíos, además de un patrón de asentamiento semiestable en los valles y en la costa. Según Evans Muga Carrizo, Profesor de Historia y Geografía y experto en América precolombina “este grupo por tener una condición semiestable, dejó rastros arqueológicos fundamentales para entender la transición a la siguiente etapa denominada complejo cultural Las Ánimas, la que evolucionó hasta convertirse en el pueblo Diaguita. En el último período, conocido como Diaguita – Inca (siglo XV), los poderosos Incas establecieron su dominio en este sector, donde los sorprendió la llegada de los españoles, quienes redujeron al grupo indígena diaguita a simple mano de obra en las conocidas encomiendas y mercedes de tierra”.





















