Autor: Juan Pablo Castillo Sepúlveda
Estudiario, Escuela G. Guillermo Zañartu (Quilpué)
Desde hace ya un tiempo, en distintas calles de la comuna de Quilpué se han instalado señaléticas y se han realizado adecuaciones para el tránsito de las personas con variados tipos de discapacidades, ya sean visuales, motoras, auditivas u otras. Sin embargo, esto no es así en todas partes.
Como los mayores flujos de tránsito peatonal se ubican en calles cercanas a los centros comerciales, ellas generalmente están habilitadas correctamente para el uso de personas con discapacidad. Pero existen calles con una concurrencia similar, igual o mayor, que simplemente no están habilitadas para el uso seguro de personas con otras capacidades. Esto les genera grandes problemas de movilización. Por ejemplo: en distintas calles de la ciudad se pueden encontrar vías en las cuales los desniveles por los que podría pasar una silla de ruedas están mal hechos, están dañados (ya sea por una ruptura del cemento o por escombros) o simplemente no existen. Otro ejemplo sería el de los semáforos o señaléticas para que los peatones crucen la calle, ya que es muy difícil encontrar alguno con sonido que avise a personas con problemas de visión que puede pasar con tranquilidad de una vereda a otra, en lugares apartados del centro de la ciudad o los alrededores de los centros comerciales.
También existen vándalos que dañan estas estructuras: las rayan, las rompen y las destruyen, imposibilitando el tránsito seguro de las personas discapacitadas. Esto les genera un gran problema, ya que a menudo deben desplazarse a muchos controles de salud debido a sus discapacidades.
Pero a veces, los problemas no surgen de la infraestructura, sino de las personas. Aquí podemos mencionar la poca consideración de quienes, por ejemplo, no ceden el asiento en las micros o metro trenes, o no se hacen a un lado para dejar pasar una silla de ruedas. Con este comportamiento, además de violar la ley 20.422 sobre igualdad de oportunidades e inclusión social de personas con discapacidad, estas personas faltan el respeto a los discapacitados, y dificultan su real inclusión en la sociedad.
En otros casos, las dificultades provienen de la negligencia de las instituciones y autoridades. Hace un tiempo un joven ciego cayó dentro de una alcantarilla abierta, mientras se reparaban matrices de agua potable, debido a que no existía ninguna barrera o cinta que lo advirtiera. Esto evidencia la despreocupación de los contratistas a cargo de la obra, así como de la empresa mandante y el municipio, por no asignar un prevencionista de riesgos para supervisar la correcta demarcación de los trabajos.
Es necesario también que se habiliten franjas táctiles en los cruces peatonales, y se ubiquen letreros con los nombres de las calles en Braille, para que las personas con discapacidad visual puedan ubicarse. También son necesarios semáforos con alerta sonora y rampas de acceso para quienes se desplazan en sillas de ruedas en todas las calles, y no sólo en el centro. Toda la ciudad debe ser un espacio accesible para todos.


















