Liberen a los libros

Liberen a los libros

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Autora: Damaris Collao

Diario La Voz De Los Molinos, Colegio Divina Maestra (Villa Alemana)

Desde pequeña tomaba los libros de mi padre y mi madre sumergiéndome en un mundo lleno de sensaciones. Esto provocó que se abriera una gran puerta en mi vida: sentirme atraída hacia la lectura, que hasta hoy, es un pasatiempo que mantengo y comparto con mis amigos. Un libro es equivalente a un sinfín de posibilidades. Me extraño cuando a mi alrededor y sobre todo en clases, hablan del control de lectura. Es indudable que el rechazo por parte de mis compañeros siempre se hace presente con expresiones como “qué lata” o “no me gusta”.

Pero… ¿por qué las personas no sienten atracción hacia la lectura? Me atrevo a decir que es porque la lectura en general ha tenido un carácter punitivo y no se ha creado una cultura en torno a lo que significa leer. ¿Quién quiere sentirse obligado a hacer algo?, ¿Hay aprendizaje valioso tras un constante llamado a leer porque sí?.

Según un informe de Cerlac-Unesco (2012) tan solo un 51% de los chilenos dice ser lector, con un promedio de 5,6 libros al año. Sin embargo ¿Cuántos de estos lectores entienden lo que leen? Las obras que recomienda el Ministerio de Educación son más bien repetitivas y aquellas que elige el establecimiento para nosotros, no tienen nada que ver con nuestros gustos e intereses. Pocas veces se nos pregunta acerca de esto. Si la lectura es la principal fuente de enriquecimiento personal para incrementar nuestro vocabulario, comunicar nuestras ideas de la mejor forma, imaginar, pensar, ser competentes y críticos: ¿Por qué no enseñarnos a amar los libros en vez de odiarlos?

Nacimos en la era digital. Somos la generación que más ha leído en la historia, en distintos formatos, a través de imágenes y textos discontinuos. Tenemos el universo de la información y el conocimiento a tan solo un click de distancia. Hemos sido asediados por un régimen de lecturas estrictas y siempre de la mano de una calificación. Es la tradición que ha sostenido la educación formal con resultados fatales, de lo contrario tendríamos mejores índices de lectores en nuestro país.

El paladar de un lector se debe pulir con el tiempo, de manera voluntaria. Cuando un joven se identifica con un libro, imagina la misma aventura que vive el personaje principal. Recrea sus experiencias y conjuga la motivación intrínseca con el deber de aprender. Se incrementa nuestro conocimiento, la imaginación y capacidad lectora, es decir, nos construimos como personas que comprendemos el mundo que nos rodea y le damos sentido.

En conclusión, la lectura es fundamental para nuestro crecimiento. Pienso que nadie ha hecho un esfuerzo verdadero por reflexionar cómo aprendemos y qué leemos. Me da la impresión de que no se encuentran razones de fuerza para realizar actividades en torno a un libro desconocido o que nos es ajeno. Es urgente que se generen nuevas prácticas desde los establecimientos para crear una cultura de lectores, y de paso, dar de baja a modelos que promueven la insatisfacción en los estudiantes. Como decía Jorge Luis Borges: La lectura es una forma de felicidad.

 

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