A mediados de este año, el video de un paramédico golpeando a su pareja embarazada en un SAPU de Valparaíso, nos recuerda la necesidad de aprobar la «Ley Antonia”. Ésta se inspira en Antonia Garros, joven de 23 años, que terminó con su vida al saltar desde el departamento de su pololo, quién, según testigos, la maltrataba física y psicológicamente. Cabe preguntarse ¿Por qué nadie hizo nada?
Hechos como este delatan un problema social aún mayor, que es la naturalización de la violencia sobre todo en jóvenes, y más aún, en las parejas, las cuales hacen gala del dicho popular “quien te quiere te aporrea”.
La ministra del Servicio Nacional de la Mujer, Carolina Schmidt, lanzó la campaña «No + violencia en el pololeo”. En esta instancia se dieron a conocer los resultados de una encuesta del Instituto Nacional de la Juventud (INJUV), donde se señala que un 10,7% de las parejas entre 15 y 19 años, han experimentado violencia psicológica y 4,6%, violencia física. Estas cifras se duplican en relaciones más adultas. Estos números nos exponen, que no estamos frente a un conflicto que afecte a un segmento acotado de la sociedad, sino más bien a la mayoría, pues los jóvenes son, en muchos casos, reproductores de conductas familiares y sociales.
En consecuencia, se puede decir que nos hace falta un cambio de mentalidad como sociedad, pues los casos de violencia en el pololeo suelen ser invisibilizados por personas que, en reiteradas ocasiones, dicen en problemas de pareja no hay que inmiscuirse, el cual los hace cómplices del abuso. Desde esa perspectiva, pereciese que fuese normal estar por sobre el otro, olvidando lo que conlleva la clasificación de pareja. María José Correa, Magister en Psicoterapia Constructivista individual de pareja y familia, describe que cuando hay una marcada jerarquía en la relación, se suelen dar muchos más casos de violencia, en su mayoría, desde el hombre hacia la mujer, y también en viceversa, dependiendo de su estado económico.
Ahora bien, no basta abordar la violencia solo desde la ley, sino también desde la educación, pues es necesario desnaturalizar este hecho. Actualmente no hay planes focalizados en la violencia durante el pololeo, pero si en general. No obstante, es importante visibilizar desde el contexto escolar, para educar en el control social.
Existen diversos mecanismos que las escuelas pueden adoptar para romper los esquemas de violencia, entre estos se encuentran, campañas preventivas o buzones de denuncia anónima, como los que se encuentran en el Colegio San Fernando de Peñalolén. De esta manera, se puede detectar a tiempo la violencia física o psicológica, con el fin de ayudar a quien se encuentra cegado por el enamoramiento.
Finalmente, cabe mencionar que el paramédico que golpeó a su pareja embarazada, será formalizado en el Tribunal de Garantía de Valparaíso por violencia intrafamiliar, pues se entiende que, por el hijo en común, existía un vínculo familiar ¿pero si esto no hubiese sido así? No existe ley que otorgue mayor gravedad al aprovechamiento del vínculo amoroso. Estas palabras pretenden ser un aporte y un llamado a la desnaturalización de la violencia.

















