Voto voluntario, libertad mal entendida

Voto voluntario, libertad mal entendida

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En épocas cercanas a las elecciones presidenciales, hay algo que preocupa a nuestro país: la alta abstención ciudadana en los últimos procesos electorales.

El voto voluntario e inscripción automática comenzó a regir en nuestro país desde la aprobación y promulgación de la ley número 20.568, publicada en el diario oficial el 31 de enero del año 2012. Este cambio se enfoca en el marco de modernización propuesto por el gobierno de Chile, empeñado en disminuir la burocracia y democratizar el proceso electoral, permitiendo a todos los votantes habilitados, tener el derecho de elegir a sus representantes. Hasta entonces, los que cumplían los requisitos, tenían que inscribirse en la junta electoral de su circunscripción y así poder ejercer su derecho; esta acción era cada vez menos realizada y eso había mermado el padrón electoral.

La novedad de esta ley determinó que con esta reforma se iba a lograr un aumento en la cantidad de personas que emitirían su voto, pero la realidad fue otra ya que terminó por disminuirla, pues un grupo no menor de votantes inscritos dejaron de asistir, eso sumado a aquellos inscritos automáticamente que tampoco participaron dieron un rotundo fracaso a este cambio y las cifras así lo demostraron: por ejemplo, antes de la modificación de la ley, los votos para la elección presidencial del año 2009 fue de 7.264.136, en cambio con la entrada en vigencia de esta ley solo fueron 6.699.011 los chilenos que llegaron hasta las urnas en las presidenciales 2013, sumemos a eso que en la última elección municipal, la abstención alcanzó el 60%, la cifra más alta desde que se aprobó esta reforma a la ley, lo que deja solo una conclusión, el remedio resultó peor que la enfermedad.

Las causas son múltiples y al preguntarle al ciudadano común, expresiones como “no importa quién sea elegido, las cosas van a seguir igual” son su excusa a no participar, o también debido al desencanto que les produce la política ya que sienten que estos no los representan, que sus valores morales son anacrónicos y pasados de moda, no siendo capaces de discutir o enfrentar temas contingentes como las jubilaciones dignas, la desigualdad, la migración, la xenofobia, etc.

Las nuevas generaciones sienten que los políticos son corruptos y están más interesados en enriquecerse, en beneficiar al empresariado, que en proteger y preocuparse del bienestar del ciudadano común. Finalmente, y no menos importante de destacar es la inmadurez democrática que representamos como sociedad donde no valoramos que este derecho fue alcanzado gracias a la lucha y el sacrificio anónimo de miles de chilenos a través de la historia del país y que como tal es un deber retribuir el derecho ganado.

Frente este ambiente negativo, es importante volver a destacar que todos somos partícipes y responsables del destino de la nación; es irresponsable esperar que otros decidan por nosotros, y que los culpemos de los problemas.

Finalmente la sociedad tiene como tarea pendiente el buscar y desarrollar los mecanismos necesarios para comprometer a todos los compatriotas en la construcción del Chile que todos queremos, más democrático, inclusivo, transparente y modelo de desarrollo social y económico en el continente, y para lograrlo el primer paso es votar.

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