Cuenta la fábula, que en lo más gélido del Pacífico Sur nadaba despreocupada una hermosa y gran ballena azulada, sin sospechar que en otro lado del mundo, específicamente en Rusia se presentarían olas de muertes de adolescentes asociados a su nombre.
Chicos entre 12 y 14 años de edad, motivados por un “curioso juego” con el mismo nombre del cetáceo, tomado de una red social rusa, parecida a Facebook llamada Vlontakte, comenzaron a atentar contra su vida. Al interior esta red social se creaban grupos anónimos donde se unían cientos de adolescentes para ser parte de una serie de retos al que denominaron El Reto de la Ballena Azul, es decir, una metáfora que representa cuando las ballenas azules se lanzan encallando en las playas o costas, para finalmente morir lentamente.
El “juego” consiste en cumplir 50 retos que les dan los llamados “tutores” que son personas con perfiles falsos que aparte de obligarlos a realizar esta serie de obligaciones, les mandan mensajes ofensivos que apuntan precisamente a este grupo etario. La idea es bloquearlos psicológicamente con el fin de que los chicos lleguen a terminar con su vida. Para ello se les va minando lentamente la voluntad. Todos los días a la misma hora (4:20 de la madrugada) tienen que cumplir con los desafíos impuestos, cosa que tienen que demostrar por medio de imágenes o pruebas por Facebook, Vlontakte o Whatsapp al propio “tutor” para corroborar que realmente están cumpliendo con los desafíos.
Solo cuando suceden este tipo de cosas es cuando nos damos cuenta realmente lo importante que es la vida, no solo la mía, sino también la de la persona que está sentada junto a mí, somos una especie por naturaleza poco empática y reactiva, sólo somos capaces de entender y reaccionar cuando el daño ya está hecho.
La red es un importante aliado hoy en día, sin duda, pero quien se hace cargo de los peligros de esta misma. ¿Qué están mirando los niños hoy en día con el simple hecho de manipular un computador o teniendo un celular con acceso a internet? El problema no es la tecnología, es cómo canalizamos la información que recolectamos a través de ella, es como evitar los peligros de navegar en aguas oscuras y turbulentas, donde quedan al descubierto vicios como la falta de comunicación, la desinformación, los prejuicios y la ignorancia, los cuales se transforman en caldo de cultivo para que inescrupulosos se aprovechen de víctimas de la red, gente tan retorcida como para tener justificaciones para casos como estos, tal como el propio Philipp Budeikin, creador del fatídico Ballena Azul quien justificó su creación diciendo “quería limpiar a la sociedad de aquellos que le harían daño”, sin duda, un tema que sólo es la punta del iceberg, debido a su notoriedad pública, pero cuántos pequeños ballenatos azules pululan solos por el ciberespacio, cuántos niños que son aislados en sus grupos, los mismos que llegan a sus casas y no tienen más compañía que el computador, aquellos que no se atreven a tener una conversación de sexo con sus padres y terminan desinformándose a través de la web.
Debemos asumir como sociedad que no debemos combatir la tecnología, debemos educar y utilizarla como aliada. Seguramente la serena ballena azul de los mares antárticos, jamás pensó que su propio ciclo de vida fuera a ser parte de maquinaciones perversas y antisociales.




















