Oficios de antaño y la necesidad de reinventarse

Oficios de antaño y la necesidad de reinventarse

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Uno de los oficios más conocidos y presentes en Talca es el de relojero, el cual es apreciado por muchos, pero lentamente desaparece.

Diario El Trueno, Colegio Adventista de Talca

Desde la más remota antigüedad el hombre ha buscado un medio de reproducir la imagen de su entorno y semejanzas, así como también inventar y crear nuevos objetos para su uso y ayuda. Por eso en Talca podemos encontrar esos ya casi olvidados trabajos que se han preservado por su exclusividad, por su antigüedad y excelencia. Oficios que fueron populares hasta la década de los 70 y nuestra ciudad albergaba una amplia gama de exponentes de estas labores entre los que encontramos: relojeros, sastres, fotógrafos, afiladores, cocheros, embobinadores y muchos otros.

El terremoto de 2010 fue un factor influyente  para la desaparición de algunos oficios por los daños materiales y estructurales que causó, también el incendio en el mercado central de Talca ocurrido años posteriores al terremoto. Los avances de la tecnología han provocado que muchos cultores de estos oficios migren a otras fuentes de trabajo. A pesar de estas circunstancias se ha podido preservar gran cantidad de significativos trabajos que refrescan el pasado.

Oficios que se resisten a desaparecer

Uno de los oficios más conocidos y presentes en nuestra ciudad es el de relojero, el cual es apreciado por muchos, pero irrelevante para otros. “Las personas ya no quieren gastar su dinero en arreglar sus relojes, sino que van y se compran uno nuevo” señaló Luis Castillo, relojero que actualmente trabaja en lo que queda del Mercado de Talca.

Inserto en su local de alrededor de 2,5 metros cuadrados. A sus 78 años nos contó que, aunque parezca algo increíble, adquirió el conocimiento de su oficio por una iniciativa propia: “Yo a los 6 ó 7 años ya desarmaba y armaba cosas, los niños de hoy solo desarman y dejan todo así”. Él afirma que siente preocupación por su estado de salud, ya que su pulso esta fallando y no puede reparar las partes pequeñas, lo que le traerá problemas para seguir con el oficio que tanto adora. Su trabajo en el Mercado de Talca ha sido duro por todos los sucesos ocurridos.

Él es de los pocos que sobrevive a una sociedad en la cual arreglar y conservar es algo extraño que muy pocos practican y pese a que esta ocupación es muy escasa, se puede apreciar que todavía hay clientes que frecuentan la relojería,. Así lo demuestran un grupo de estudiantes que señalan que ya no es necesario arreglar los relojes pues es mejor comprar una imitación o bien utilizar el celular.

Otro trabajo que ha ido desapareciendo es el revelado de fotografías. Con la aparición de nuevas tecnologías se ha ido dejando atrás poco a poco, dando lugar a las fotografías digitalizadas que cada vez son más utilizadas, pues una vez tomada la fotografía se puede modificar lo que le da ventaja frente a las fotos reveladas.

Aunque esto suceda, no se deja completamente de lado este trabajo y se sigue tomando en cuenta, incluso por los más jóvenes. ˝La gente joven encuentra vintage este tipo de fotos, por eso muchos vienen y piden que les revelemos fotos˝ indica una trabajadora del fotoestudio Chévere, lugar donde se revelan e imprimen fotos, ubicado en el centro de Talca. ”Siempre viene bastante gente, no es la misma cantidad de antes, pero seguimos vigente” agrega.

Este local abrió a principio de los 80 y lleva aproximadamente 36 años en funcionamiento. Un cliente frecuente de este fotoestudio comentó que los adultos mayores son los que todavía usan las cámaras a rollos y los que más frecuentan lugares como éste.

Reinventándose

En la actualidad es un empresario de la miel, pero en el pasado fue conocido como uno de los buenos embobinadores de motores en Talca. Nos referimos a Pedro Pacheco, quien ya hace varios años ha estado involucrado completamente en el rubro de la recolección y exportación de miel de abejas y sus subproductos, pero no siempre fue así. Avecindado en Talca hace ya bastantes años se dedicaba a la actividad de embobinar motores, trabajo que ejecutó por varios años y que le dio un buen prestigio por la calidad de su oficio. Con la llegada de vehículos más modernos y automatizados, este rubro ha ido perdiendo clientela y varios de sus cultores se han visto en la necesidad de migrar a otras áreas de trabajo.

Hace pocas semanas se reinauguró la antigua estación de ferrocarriles de Talca, cerrada luego del terremoto de 2010 para su reconstrucción. Allí se desarrollaba un oficio muy común en las estaciones de nuestro país que consistía en ayudar al traslado de equipaje en carros especialmente adaptados para esa necesidad. Nuestros padres y abuelos fueron testigos de la amabilidad con la que se acercaban los asistentes de la estación para ofrecer ayuda a aquellos cansados pasajeros que traían una gran cantidad de equipaje. Muchos de estos portaequipajes ya han bajado al descanso; otros ya están jubilados y sólo viven de los recuerdos de esta noble y útil función.

Valoramos el sacrificio y dedicación que estos trabajadores emplean en sus oficios, la cultura e historia que nos tramiten a través de la experiencia de tan hermoso arte.

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