Autor: Emanuel Valencia Gutiérrez
Estudiario, Escuela G. Guillermo Zañartu I. (Quilpué)
Hasta fines del siglo XX, las bibliotecas fueron lugares de estudio con un ambiente silencioso, y el único objetivo al asistir al recinto era leer y buscar la información que requería el usuario. Pero hace tiempo que las bibliotecas dejaron de ser un lugar donde solamente se lee. Actualmente, las bibliotecas invitan a los usuarios a considerarlas como un punto de encuentro para la comunidad, un espacio vivo y abierto para todos.
Este cambio de modelo surge de la necesidad de apelar a los más jóvenes, un público dinámico que ya no quiere concurrir a un sitio aburrido. Hoy es mucho más fácil que en el siglo pasado acceder a información online, o leer desde un aparato móvil, por lo que el libro ha perdido algo de terreno y los antiguos usuarios de las bibliotecas han dejado de acudir a ellas. Debido a la irrupción de las nuevas tecnologías, las bibliotecas han debido buscar nuevas formas de llegar a las personas y reinventar su rol en la comunidad.
La primera transformación fue física, y afectó su infraestructura, concebida antaño como bodega o depósito de un conocimiento estático. El diseño de espacios cómodos, con iluminación abundante y estanterías abiertas convirtió el mundo de la lectura en algo mucho más atractivo para todos, con lo que la biblioteca dejó de ser el refugio de unos pocos.
Al mismo tiempo, las bibliotecas permiten hoy que las personas desarrollen sus cualidades desde un ámbito más creativo y alegre, a través de múltiples actividades. La biblioteca se acerca e inserta en la comunidad por medio de sus actividades de extensión, tales como cafés literarios, sesiones de cuenta cuentos, talleres de ajedrez, ciclos de cine, etc. Además, los espacios didácticos sectorizados por edades les han dado un nuevo espíritu a estos lugares, donde hay diversas instancias para cada tipo de público, desde los más pequeños a los más grandes.
Pero las nuevas tecnologías no tienen por qué estar ausentes de una biblioteca. De hecho, su incorporación ha enriquecido sus servicios, entregando, por ejemplo, internet inalámbrico, impresiones de documentos o permitiendo la comunicación entre personas separadas por grandes distancias. La biblioteca convierte así en su aliada a esa misma tecnología que en principio la obligó a renovarse.
En mi opinión, la biblioteca es hoy un lugar de encuentro, donde las personas pueden desenvolverse junto a otros compartiendo sus distintos aprendizajes. Muchas veces gracias a ello se descubren nuevos tipos de talentos personales, y al mismo tiempo es donde muchas personas expresan su visión crítica o desarrollan su propia interpretación del mundo. Hoy en una biblioteca, más que hallar información, encontramos guías para navegar en la compleja realidad del siglo XXI, a través del intercambio con otros usuarios o gracias a la mediación de expertos en áreas específicas del conocimiento.
Personalmente, en mi biblioteca cercana he encontrado un refugio para mis tristezas y un camino para descubrir nuevas perspectivas del mundo.


















