La educación libre

La educación libre

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Maximiliano Mendoza Yñesta

Diario La Gazzetta Della Scuola, Scuola Italiana Alcide De Gasperi

Yo soy Maximiliano. Tengo una familia y, por ende, apellidos; pero yo soy Maximiliano. Curso mi doceno año de educación formal. Durante todos ellos, me he levantado cuando aún no amanecía y me he acostado a una cierta hora, para poder llevar de buena manera el día siguiente; también, he almorzado cuando no tenía hambre y he estado dentro de un sistema un poco oxidado; pero he tenido muchas más y mejores oportunidades que otros.

Esto, en sus inicios, fue concebido como un texto sobre la educación fuera de la escuela (en casa) –comunmente llamada “educación libre”–; pero me di cuenta de que la “educación libre” tiene muchas formas de expresarse y las más revolucionaria y, a mi parecer, hermosa, es aquella que se practica en las escuelas. Por esto, aquí les hablaré sobre la educación y su libertad.

 La educación occidental, nace en la Grecia antigua, entre el séptimo y el sexto siglo antes de Cristo; siendo su consigna, la “καλοκαγαθία” (kalokagathía), que en griego quiere decir “lo bueno y bello”. En los siglos posteriores, ésta evolucionó de dos maneras diferentes: la educación espartana, llena de violencia y dolor, para formar gente austera y obediente al sistema; y la ateniense, el lugar de nacimiento de la escuela. Escuela en griego [σχολή (skholḗ)] significa, entre otras cosas: tranquilidad, tiempo libre, placer, descanso, y especialmente aquella parte del tiempo a la que nos dedicamos a la lectura, la disputa, la discusión y la filosofía. En esta ciudad, fue donde nacieron las escuelas y academias filosóficas, como la más que conocida de Platón. Terminada la Antigüedad Clásica y durante los mil años que duró el Medioevo, nos olvidamos de la escuela, que resurgiría con el Renacimiento y el Humanismo. Durante este período, se volvieron a dar cuenta los maestros de que ellos son solo guías para el conocimiento, y que tienen que adaptarse a las capacidades de sus alumnos; tales como el tipo de inteligencia, la memoria y la imaginación. Incluso antes del “siglo de las luces”, se comenzó a forjar nuestra escuela actual: los monarcas europeos, que reinaban en todos los continentes conocidos, apoyaron la creación de la educación pública y de la instrucción obligatoria, como una manera más de cumplir su vil lema; “Todo para el pueblo, pero sin el pueblo”. La verdadera intención de esto, era instaurar una nueva forma de control popular. Poco tiempo después, Napoleón, el sembrador de repúblicas, creó una escuela donde se enseñasen muchas materias, pero con un nivel de profundidad casi ínfimo. Como último eslabón en la cadena (des)evolutiva de nuestra educación, encontramos a Prusia –algo prusiano suele no ser positivo–, donde le dieron forma de regimiento a nuestro sistema escolar.

 Poco a poco, me he ido dando cuenta del lugar en que estudiamos; respondemos instintivamente a un timbre, el edificio está totalmente cerrado, nos sentamos en una fila de la que no nos podemos mover, somos, perdón, tenemos un número y nos uniforman: somos seres despersonalizados al cien por ciento. ¿Qué ha contribuido a todo esto? Fácil; hemos cometido el error de creer que dejamos a los niños en una guardería, en vez de querer ver que ellos necesitan aprender y desarrollarse. El sistema previamente creado, fue empeorado por nosotros mismos. Pero, aquí no vamos a hablar de lo negativo, porque yo les prometí una educación libre, bonita, equitativa y respetuosa: una escuela como la de nuestra vieja patria helena.

 “El ser humano –como nos cuenta Carlos Calvo, un experto en educación– es propenso a aprender”; por esto, buscamos siempre y nos sorprenden las cosas más pequeñas. En el momento en que somos obligados a aprender una cosa, a cierta hora y de una determinada manera, coartan nuestra forma de ser; por eso, los niños deben ser libres de elegir, desde pequeños, lo que desean estudiar. Una opción a esto, en ciertos países desarrollados, son los liceos de varios tipos, los institutos técnicos y los institutos profesionales, entre otros; pero Carlos, nos hace una importante advertencia: esto “genera segmentación social”. Pero, también, nos da la solución para este problema: el estudiante “tiene que elegir a partir de sus aptitudes”, mientras que el estado debe ser el encargado de que, independientemente de su elección, pueda tener el mismo nivel y desarrollo sociocultural que los otros. A su vez, este mismo ente –el estado– debe velar por mantener un ambiente seguro, agradable, relajado y, especialmente informal; para que así los niños puedan sentirse cómodos y libres de elegir lo que quieran estudiar. El estudio de los niños, siempre está restringido por un currículo, el que debe ser siempre adaptado a cada estudiante; pero nunca debe ser seguido al pie de la letra, como lo hacen muchos profesores, que ya han sido vencidos por la desmotivación y la monotonía del día a día. Como cura a esta terrible enfermedad, nuestro entrevistado nos propone destruir las planificaciones y las presentaciones excesivas; “hay que improvisar en la clase para no volverse una máquina que repite”. Solamente de este modo, vamos a poder educar bien a todos y, así brindar las herramientas y los recursos necesarios para el crecer.

 Entre los tantos modelos pedagógicos que se pueden clasificar dentro de la “educación libre”, encontramos varias ideas, que contribuyen al desarrollo pleno de los estudiantes: la actividad espontánea y una escuela que trabaje en conjunto con la comunidad, del Plan Jena de Peter Petersen; el dejar fuera de las aulas la objetividad y la universalidad que rigen la sociedad, postulada por Paulo Neves Freire; la misión del profesor de enfatizar la fantasía y el individualismo del niño, de la Pedagogía Waldorf de Rudolf Steiner; la búsqueda de la autonomía de cada alumno, propio de la educación propuesta por Maria Montessori; el respeto a los procesos y tiempos propios de cada uno; la unión de niños de varias edades en un mismo curso; o la erradicación de las notas, propuesta por Célestin Freinet.

 Muchas más ideas de las que ya nombré, componen la “educación libre”; pero las que di, son para que se hagan una idea de lo que significa esto. Muchas más podrían componerlas si contribuyésemos todos a volver a hacer de las escuelas verdaderas escuelas para todos nosotros: la escuela es la base de la sociedad y de cada uno de sus componentes vivos.

 

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