Autora: Scarlett Valenzuela
Diario El Idopiano, Colegio IDOP
Desde hace 4 años tengo un compañero de curso, que a su llegada, en quinto básico, fue extraño relacionarme con él.
Cuando jugábamos a “las escondidas”, él se demoraba mucho en librarse y si el juego no le agradaba se iba a la biblioteca (a leer). Además, en ocasiones, tenía crisis de llanto y gritos si algo o alguien lo molestaba, no le prestaba atención o las cosas no resultaban como él quería.
Después de un tiempo, me aburrí de intentar ser su amiga o de juntarme con él. Otros prefirieron comenzar a molestarlo o aislarlo de manera concertada. Tal vez para devolverle los malos ratos que hacía pasar al curso.
Esta experiencia la viven muchos(as) niños(as) y jóvenes con Síndrome de Asperger.
Este Síndrome es un trastorno del Espectro Autista que se caracteriza por las dificultades en las relaciones sociales. Además presentan alteraciones en la comunicación, incluyendo la comprensión y la expresión. Se observa también una personalidad especial que destaca por su rigidez, algunos rasgos obsesivos y una cierta fragilidad emocional.
Esto lo sé ahora y mucho más. Al principio creo que ninguno de nosotros (incluidos los profesores) comprendíamos el por qué de su actuar. Sólo sabíamos que era molesto y mucho mejor dejarlo sólo, para evitar problemas.
Pero cuando supe que tenía este trastorno, fui junto a mi curso, motivados a conocer el tema, a darnos cuenta de que no sólo tenía falta, alteración o dificultad en… Nos dimos cuenta de que era extremadamente inteligente, de que poseía una memoria excepcional, de que si le hablábamos claro y con respeto era un excelente compañero para realizar trabajos de ciencias o matemáticas (artes no, porque no era muy hábil, yo tampoco lo soy), de que poseía una honestidad y sensibilidad extraordinarias. Es decir, me di cuenta de que tenía virtudes y defectos como todos nosotros.
Mis profesores dicen que a ellos en la Universidad no les hablaron de este trastorno. Han ido aprendiendo en la medida que se han encontrado a niños y niñas que lo tienen. También han tenido que aprender a relacionarse con ellos y a enseñarles de manera distinta. Parece que los papás tampoco saben tanto del tema y obvio que nosotros sabemos menos.
La destacada Neuropsiquiatra Amanda Céspedes, señala, que en una sociedad tan exclusiva, es muy complejo desarrollar una vida normal para una persona especial. La dificultad principal para las personas con Síndrome de Asperger es el hostigamiento sistemático al que son sometidos por sus pares, apoderados y una comunidad completa.
En mi colegio, un apoderado, le prohibió a su hijo que frecuentará a su compañero con Síndrome de Asperger, porque “se podía contagiar”. A veces la ignorancia no conoce límites.
Cuando logré comprender y conocer a mi compañero sentí que mi ganancia era mucha. Logré ver las cosas desde otro punto de vista, poco común, pero no por eso menos válido. Creo que él, sin proponérselo está logrando hacer de mí una mejor persona.


















