«Debemos intentar dar un vuelco a esta situación, de manera que ya no debamos ver como un problema la convivencia con ciudadanos de otras nacionalidades».
En el último tiempo nuestra ciudad ha cambiado. Ya sea por la renovación urbana o por la creciente sobrepoblación de los espacios comunes, hemos notado modificaciones más que evidentes en nuestro entorno más cotidiano.
Además de lo usual o lógico de algunas de estas transformaciones, existe entre ellas una que llama la atención, principalmente por el impacto que ha generado en la opinión pública y aparentemente, en la vida de las demás personas. Se trata de la creciente masa migrante que día a día vemos aumentar en nuestra ciudad. Sin embargo, Santiago y el centro mismo parecen ser lugares donde esto es más evidente o acentuado.
Según datos de la fundación “Un techo para Chile”, obtenidos durante el último año, casi un 5% de los habitantes de esta comuna corresponden a inmigrantes. Y es un número que va en aumento a medida que van pasando los años. Esto no es preocupante sino por los problemas asociados a un fenómeno que no parece tener mucho control o respuestas por parte de las autoridades. En vista de que se trata de algo que pareciera tener cierta coherencia producto de la situación económica del país, respecto a otras naciones de la región, el problema tiene que ver con las consecuencias sociales, económicas y de todo orden que tiene el hecho de habitantes de otras realidades se inserten en la nuestra. De partida sus costumbres suelen ser muy distintas y a veces chocan con una idiosincrasia (la chilena) que se caracteriza por responder de manera conservadora. Además, podemos coincidir en que como sociedad no existe una disposición de por sí positiva para enfrentar los cambios. Esto incide en que se termine efectuando actos de discriminación solamente por la falta de contacto con formas de ser diferentes y que obliguen a cuestionar la validez de algunos prejuicios muy propios de la identidad chilena. En este sentido, los inmigrantes empiezan a ser, desde el inicio, un sector marginado o postergado dentro de la sociedad.
Sin embargo, este problema no es el principal, sino que lo que se deriva de esto. Así, al ser los inmigrantes un grupo socialmente discriminado, se vuelve más difícil para ellos acceder a condiciones laborales por sobre el promedio, teniendo siempre que optar por trabajar en lo que ningún chileno quiere. Esto afecta en que como sociedad terminamos excluyéndolos y apartándolos de los lugares de protagonismo en nuestra sociedad.
Como chilenos, pero sobre todo como santiaguinos y santiaguinas debemos intentar dar un vuelco a esta situación, de manera que ya no debamos ver como un problema la convivencia con ciudadanos de otras nacionalidades, sino que facilitar su adaptación, siendo un obstáculo menos dentro de sus vidas y sabiendo aprovechar, también, los diversos aportes que ellos hacen.




















