Arte callejero: expresiones del corazón ciudadano

Arte callejero: expresiones del corazón ciudadano

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Músicos silenciosos que entran a micros y carros de metro, grafiteros y artistas circenses que estallan en la ciudad ágil e indiferente forman parte de la cultura.

Diario El saber es ahora, Colegio Montessori Millantú  (Colina)

El concepto de arte es complejo, más si consideramos el avance histórico de lo que se ha desarrollado como arte o que se ha considerado como tal. De este modo, se considera que existen al menos dos grandes conceptualizaciones: el arte canónico o centralizado y el arte marginal o fuera del centro.

Siguiendo esta línea de pensamiento, las diferentes expresiones artísticas que emergen en una cultura y que se desarrollan en las calles se caracterizan por responder a una necesidad silenciada por los grupos que rigen el poder. Resuena entonces una fuerza que exclama respecto de lo establecido y minoritario, que mantiene una tendencia a excluir otras formas de arte y definirlas desde el margen o hacia la frontera. La calle entonces se convierte en un espacio de expresión indefinido, donde se puede encontrar cualquier tipo de arte, pero que representa una serie de ideas que responden a una mayoría con nula o escasa voz.

Las expresiones artísticas de la ciudadanía han mutado en el ejercicio de explicar, denunciar o proclamar ideas secretas, necesidades que se gritan en formas de cantantes callejeros, músicos silenciosos que entran a micros y carros de metro, grafiteros y artistas circenses que estallan en la ciudad ágil e indiferente.

¿Quiénes son los artistas callejeros?

Los artistas callejeros son personas comunes y corrientes, pero con un intenso sentido humano, que hacen su espectáculo en lugares tan normales como el Metro Valparaíso, los autobuses, las esquinas de las calles a la espera del verde peatonal, etc. Es un hermoso modo de expresar lo que sienten.

¿Nunca se ha preguntado cuáles son los motivos por los que la gente trabaja en las calles? Puede ser para mostrar su talento, entregar un mensaje a la sociedad. Pero puede ser algo muy profundo. Como ganar dinero ya que su salario no les alcanza para mantenerse a ellos y a su familia.

En la Ilustre Municipalidad de Villa Alemana, el Centro cultural Gabriela Mistral constituye uno de los más relevantes espacios de desarrollo de artes plásticas, musicales y literarias junto al Teatro Pompeya, monumento nacional de Chile.

De distintas maneras, la municipalidad realiza acciones a través de varias oficinas y departamentos que abordan el tema como el de cultura y la oficina de la juventud, entregando la posibilidad de usar diversas salas, pero previamente pasan por un proceso electivo.

Para el encargado cultural de la municipalidad,  xxx  , la expresión artística es importante, pero “separaría el arte callejero en distintas categorías, los que se autodenominan artistas callejeros, que no funcionan en otra parte que no sea en la calle, en su comunidad. Y por otra parte, hay otras disciplinas que son ejercidas en la calle, pero que por necesidad se expresa allí para reunir dinero. Entonces, al existir dos tipos de artistas que ejercen su arte en las calles, la experiencia acusa la necesidad de rendir un acto artístico y hacer partícipe a la ciudadanía, además del desarrollado entre paredes”, agregó.

Aportar con música en el traslado

Por otro lado, en palabras de Felipe Laborde, actual profesor de música en el colegio Montessori Millantú, quien además ha logrado tener su propio grupo musical y ex artista callejero, el arte callejero procede de múltiples fuentes.

“Yo no tocaba en las calles, tocaba en el Metro. La verdad es que yo ganaba mucha propina y en ese momento mi trabajo era ser estudiante, me mantenían mis padres, pero me daban la plata justa. Entonces yo para viajar, ir a Bolivia como yo quería (al final lo hice), junté plata a través de cantar en el Metro. Y fue así como conocí a muchos otros músicos, fue así como me ligué mucho a ellos también, y conocí a mucha gente que se dedica, digamos, de trabajo de tiempo completo al arte callejero colectivo en el caso del Metro”, explicó el profesor.

Además, comenta que “este mundo es bien individualista, pero existen algunos intentos de colectividades, de poder juntarse y de poder iniciar un grupo, para poder armar cosas como sindicatos, algo por el estilo. La verdad es que no son muy fructíferos. La sociedad a la que yo pertenezco de músicos es la SCD que es la Sociedad Chilena de Derechos de autor, pero eso no tiene nada que ver con los músicos callejeros. Eso tiene que ver más bien con mis derechos como compositor”, puntualiza el músico.

A la hora de recordar sus motivaciones, Felipe recuerda que “ganaba mucho dinero y era muy aplaudido, pero también tenía que elegir un repertorio más bien popular, que la gente lo reconociera. Por ejemplo toqué en su momento Ángel para un final, de Silvio Rodríguez. Fue muy popular durante un tiempo. Entonces sucedía que yo tocaba y la gente la reconocía, por tanto recibía más ganancia”.

No obstante, existen normativas que restringen el ejercicio artístico en los espacios ciudadanos. Como indica el artículo 38 del reglamento de pasajeros del Metro Valparaíso indica “se prohíbe: Utilizar aparatos de sonido o instrumentos musicales de forma que ellos causen molestia a los demás usuarios de los servicios.” Por lo cual, su actividad depende directamente de si la ciudadanía las admite o no. Aunque en general se agradece un viaje musicalizado.

 

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