En Hogar San Ricardo todos cuentan

En Hogar San Ricardo todos cuentan

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Cuidan a cientos de niños de todo el pais que padecen graves problemas mentales, los ayudan y los hacen vivir dignamente como ellos merecen.

Autor: Ignacio Flores

Diario Letras con verdad, Colegio Sol del valle.

El Hogar San Ricardo, se ubica en la localidad de Batuco, comuna de Lampa. Panamericana Norte, kilómetro 25.

La historia se remonta al año 1950 cuando Elena Cifuentes desea donar los terrenos del fundo Santa Elena con la intención de que se creara un monasterio o convento de monjas. No logra concretar dicha donación, por lo que finalmente estos terrenos le son donados a la congregación “Obra Don Guanella” en Chile, entidad religiosa fundada en Italia por el sacerdote católico Luis Guanella,  dedicada a obras de caridad y que funcionaba en aquellos años en las cercanías del Recinto Estación Colina, también perteneciente a la comuna de Lampa.

En el año 1958 crean una escuela para niños con discapacidad mental y en el año 1960 el hogar San Ricardo, que funciona desde ese entonces con el régimen de internado. Hay 144 niños que viven en pequeños grupos de casas individuales, asistidos por las Auxiliares de trato (ATD). En total cuenta con 112 funcionarios. Se realiza con los niños la rehabilitación y asistencia médica que sea necesaria, pero el objetivo principal de acuerdo al carisma Guanelliano es proporcionarles calidad de vida y afecto en estilo de familia.

¿A quienes reciben?

Recibe a los más desprotegidos de la sociedad ya que los requisitos para entrar son: Tener una profunda discapacidad mental y pertenecer a la extrema pobreza.

Los niños son derivados de los tribunales de justicia de menores, ya que o han sido abandonados en hospitales, o han muerto sus cuidadores o sus padres también poseen deficiencias mentales. La edad para ingresar es entre 6 y 13 años y se transforma en su hogar durante el resto de sus vidas.  Muchos de ellos no tienen lenguaje, además de graves limitaciones físicas como ceguera y sordera.

Una vida digna

Nelson Jerez, sacerdote encargado del hogar señala “El objetivo de su fundador era mostrar el rostro de Dios” y en palabras de Eliana Burgos, asistente social que vivió y trabajó en el hogar por más de 20 años, la misión del hogar es “darles una vida digna. Que tengan todos los derechos que merecen pero que no pueden reclamar por no tener la capacidad del lenguaje”, agregó.

Claramente dignidad en su máxima expresión es lo que reciben los internos. Alimento de calidad según las necesidades de cada uno (algunos son alimentados exclusivamente por sonda), ropa limpia, habitaciones adecuadas, actividades recreativas, cariño, respeto, atención personalizada, incluso capacitación “muchos de ellos tienen un gran potencial que debemos desarrollar” señala Eliana.

Recreación y calidad de vida

Quienes tienen la oportunidad de visitar este hogar, se encuentran con casas espaciosas ya que los niños pasan gran parte de su vida ahí, por lo que necesitan ese espacio para tener una buena calidad de vida.

Se encuentran además con niños felices que se acercan a sus visitantes, extraños para su rutina diaria, para observarlos, abrazarlos, dar y recibir cariño, pero eso es solo un momento, ya que como mencionan algunos de los niños, “estamos muy ocupados” así que luego de interactuar, continúan con sus actividades, tales como cortar trocitos de papel para reciclaje, labores agrícolas o simplemente juegos.

También destaca que la recreación es considerada un punto fundamental en la vida de los internos, “a todos nos gusta ir al cine, al circo, o salir de vacaciones en verano, y ellos también tienen ese derecho. Estas personas son pobres y son limitadas, pero también necesitan disfrutar la vida».

Todos los niños que aquí viven dependen exclusivamente del hogar y de quienes cuidan de ellos, ya que por sus graves discapacidades no pueden ingresar al mundo laboral ni social. Pero aquí, gracias al amor y dedicación de quienes trabajan en el hogar, y de quienes acuden como voluntarios, se les da todo lo necesario para que su vida sea lo mejor posible. Pero todo eso implica un enorme gasto. “Yo me dedicaba a pedir”- menciona un ex asistente – los gastos son enormes. 10 kilos de harina diarios, 10 kilos de azúcar diarios son algunos de los ejemplos que nos muestran la cantidad de recursos que se requieren. 1000 pañales son lavados diariamente para ahorrar los costos que implican los pañales desechables.

Un gran corazón

¿Quiénes pueden acudir en ayuda de estas personas? No se requiere grandes títulos ni estudios, en palabras de Eliana Burgos el único título requerido es “Personas con gran corazón”. Entre esas personas con gran corazón se encuentran innumerables alumnos de diversos colegios que acuden diariamente como voluntarios, colaborando en labores de aseo, paseos, alimentación, entre otros.

Eliana menciona una frase que sin duda refleja el espíritu y motivación de quienes aquí trabajan: “Queremos que los niños tengan las mismas cosas que a todos los niños se les da”.

Es un verdadero honor y orgullo para la comuna tener entre sus vecinos a instituciones que reflejan las mejores cualidades y virtudes del ser humano en una sociedad que muchas veces muestra el lado más oscuro de la humanidad. El hogar San Ricardo es sin duda un modelo que muestra que es posible trabajar con estas personas con graves discapacidades y que está a nuestro alcance ofrecerles el amor, respeto y la dignidad que se merecen.

Educación en Hogar San Ricardo

En el Hogar San Ricardo no solo cuidan a cientos de niños con graves discapacidades mentales, sino que además le entregan educación y dentro del hogar existe la “Escuela especial Luis Guanella” donde se hacen clases a estos niños, demostrando que ellos tienen la capacidad de aprender.

Esta escuela en conjunto con el Hogar San Ricardo ubica al establecimiento como uno de los más importantes de la zona, ya que el trabajo realizado con los niños que presentan discapacidad mental lo ha transformado en un referente educacional en la localidad. Cabe señalar que el hogar recibe niños de todo el país.

La Escuela nace como una idea interna en 1958, para que años más tarde se abriese a la comunidad ya que no existía un establecimiento así, que entregara las herramientas necesarias a menores con discapacidad.  Si bien esta labor fue difícil, la decisión ayudó a visibilizar la realidad de los niños que viven en el Hogar San Ricardo, creando con el tiempo una relación cercana y solidaria entre los alumnos internos y los alumnos externos.

Al programa educacional, se suma una serie de talleres complementarios para los estudiantes, entre los que destacan deporte, música, teatro, reciclaje y grupos de boy scouts. Además, de los diferentes métodos apoyados por psicólogos, fonoaudiólogos y kinesiólogos.

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