Barrancas versus Pudahuel una comuna llena de historia, tradiciones, costumbres y misterios que hay que conocer. Un reencuentro con el pasado para comprender nuestro presente.
Autor: Dafne Anaiz Morales Rojas
Diario Gerónimo en Acción, Colegio Polivalente Gerónimo de Alderete
La antiquísima comuna de Barrancas, hoy Pudahuel, debe su nombre a la palabra Pudawull, de origen mapudungun que quiere decir “entre laguna o chacra” y hace referencia a las características del paisaje salpicado de lagunas y tranques que alimentan las aguas de diversos canales y arroyos del sector.
Esta comuna es un lugar que te invita viajar a los tiempos coloniales, con sus grandes construcciones y atmósfera de la época de Barrancas. La comuna de Barrancas se creó el 25 de Febrero de 1897, su primer alcalde fue José Víctor Besa Navarro (1897 – 1902). Sus alrededores eran chacras o huertos, con árboles frutales y muchas zarzamoras, los vecinos se dedicaban principalmente a la agricultura. El 13 de Octubre de 1975, el decreto N° 1.208, cambia de nombre de Las Barrancas, por el de Pudahuel, nombre por el que se reconoce al actual Aeropuerto Internacional Arturo Merino Benítez.
“Cuando tenía 10 años íbamos con mis amigos y vecinos de paseo a San Pablo, lo que hoy es Américo Vespucio, en realidad era un sitio eriazo, que en el centro tenía abundante agua y se producía una laguna, nos bañábamos y disfrutábamos muchísimo con nuestras familias en ese lugar”, recuerda Enzo Díaz Müller, residente de Pudahuel.
La presencia humana en el territorio de Pudahuel se remonta a unos 12 mil años y los hallazgos arqueológicos revelan ya en esa época tan temprana la presencia de grupos nómades que se desplazaban entre la Cordillera de los Andes y la Cordillera de la Costa pescando, cazando y recolectando frutos silvestres. Solo unos mil años A. C. Aparecen los primeros asentamientos agrícolas Picunches, donde estos lejanos antepasados cultivaron productos tales como calabazas, porotos, ají, quínoa y maíz.
En la actualidad aún es posible encontrar vestigios de estas culturas en Pudahuel. Tal es el caso de las famosas “piedras tacitas”, halladas en el sector del Noviciado, de las cuales se tejen todo tipo de teorías.
Algunos nombres de los lugares de Pudahuel deben su origen al periodo de la influencia incaica. El Cerro Navia, por citar un ejemplo, fue llamado por los incas cerro de la Guaca, reemplazado así la antigua designación de Dawell, dada por lo Picunches.
“El 13 de octubre de 1975 el decreto N° 1.208, cambia de nombre de las barrancas, por el de Pudahuel”

La llegada de los españoles a Chile
En 1541, poco después de la fundación de Santiago, ya encontramos los primeros testimonios escritos que se refieren a “Los llanos de Pudagüel”, incluidos en las concesiones de tierras que Valdivia otorgó a sus compañeros en calidad de “merced” o “encomienda”. Entre los primeros españoles avecindados en Pudahuel encontramos a Bartolomé Flores, llegado a Chile con Pedro de Valdivia, Flores contrajo matrimonio con la hija del cacique de Talagante y tuvieron una hija a la que llamaron Águeda, quien se casaría a su vez con Pedro Lisperguer. Cabe mencionar que Águeda Flores fue la abuela de la impetuosa y mítica Catalina de los Ríos y Lisperguer, más conocida como La Quintrala. “Siempre me ha intrigado los orígenes e historia de Barrancas y me instruyo para conocer sus antepasados, ya que es una comuna que albergó a mis abuelos, inmigrantes italianos llegados a comienzos del siglo XX”, comentó el profesor de Historia y Geografía, Sandro Coppa Cartenes.
Pedro Lisperguer y Juan Rudolfo Lisperguer, abuelo y tío de la Quintrala, poseyeron grandes territorios en el siglo XVII que incluían parte de la actual Pudahuel en lo que son hoy día son los sectores de Lo Aguirre y El Noviciado. Catalina de los Ríos y Lisperguer, más conocida como La Quintrala, fue una aristócrata y terrateniente chilena de la época colonial, famosa por su belleza y, según la leyenda, la crueldad con la que trataba a sus sirvientes.
El escritor chileno Jaime Riera Rehren, comenta que la Quintrala y sus hermanas habían crecido en una casa supuestamente habitada por duendes, por lo que se decía que estas niñas estaban “encantadas”. En el libro “De las Barrancas a Pudahuel”, el escritor relata que “desde muy joven, la existencia de Catalina revela un drama. Rechaza la autoridad del padre, se refugia en el seno de su nana indígena con la que oficia sahumerios y prepara conjuros. Y sobre todo jugar cruelmente con los incautos amantes, hasta hacerlos desaparecer con la complicidad de su machi araucana”.
El camino real
La actual avenida San Pablo o “Camino Real”, como se llamaba antiguamente, fue desde el siglo XVIII la entrada a Santiago desde Valparaíso, cuando la capital llegaba por el poniente hasta la actual calle Brasil o callejón Lo Negrete. En 1678 los jesuitas levantaron una iglesia bajo la advocación de San Pablo, bautizando para siempre con ese nombre el camino del puerto.
Seguramente recorrer esta ruta resultaba una verdadera hazaña, no solo por el tiempo y la peligrosa geografía, sino también por los bandoleros que acechaban los caminos, desde la época de la Colonia hasta bien entrado el siglo XX. Tanto es así, que muchos viajeros se hacían compañía por lugareños o iban armados por temor a los asaltantes.
Múltiples son los relatos sobre la influencia y aporte de la familia Riesco al surgimiento de Las Barrancas y una primera descripción de la hacienda, por el año 1920, detalla: “Fundo Santa Corina de propiedad de Alfredo Riesco. Tiene la superficie de 1570 hectáreas, de las cuales 1.256 son regados”. Los principales productos que se explotaban: pasto aprensados, alfalfa y trébol.
La Municipalidad de Pudahuel ocupa parte del terreno y las construcciones que comprendieron esta hacienda. La antigua casona era de estilo jesuita, construida de adobe y cubierta de tejas de arcillas. Posee la tradicional planta U, con circulación interior, exterior y con patios. Fue levantada aproximadamente en 1880, y permaneció a la familia Riesco hasta la década del cuarenta cuando, a la muerte de Corina Riesco, la heredan a sus hijos. El terremoto de marzo de 1985 la derribó. Las dependencias de la actual municipalidad, levantadas un año después, reprodujeron el modelo de la casa original. La tradición oral Pudahuelina atribuye al fundo Santa Corina misteriosa historias relacionadas con el difundido mito de El Culebrón.
El Censo de 1960 registró 78.402 habitantes en Las Barrancas, cifra que en 1970 llegó a 182.612. En este explosivo aumento contribuyó la llamada “Operación Sitio” (que consistía en la entrega de sitios urbanizados a personas sin vivienda), pues Barrancas fue la comuna con mayor número de poblaciones formadas a través de dicha política gubernamental impulsada en la Región Metropolitana.
Actualmente la comuna cuenta con cerca de 200 mil habitantes y día a día, cuando los pudahuelinos realizan los más diversos trámites en la Municipalidad, recorren las fachadas arquitectónicas del lugar que los llevan a trasladarse simbólicamente a los tiempos de Barrancas, ahora con una estación de metro que los conecta con cualquier punto de la ciudad y con una avenida llena de comercio y servicios como es San Pablo.





















