En alta mar había un marinero, que se llamaba Arturo Prat Chacón. Y cuando se acordaba, de su patria querida tomaba la guitarra y se ponía a cantar. En alta mar, en alta mar… en alta mar… recuerdo esa canción, porque la aprendí cuando tenía seis años en primero básico. La aprendí con la profesora Eva, una mujer en verdad muy dulce a la que quise mucho, tenía solo un par de meses de haber llegado de Colombia a Temuco y ella me presentó a este héroe de la historia chilena, con su impresionante valor y amor por su patria, el combate naval de Iquique sonaba tan lejano como fascinante.
De eso hace ya varios años y un día la mamá dijo que nos mudaríamos a Iquique, así que aquí nos vinimos, cualquier día dijo “iremos a La Esmeralda”. Subí a la réplica de La Esmeralda, que por lo que explicaba el guía, en verdad no es una réplica, pero no importa, estando allí dentro imaginé por momentos aquel 21 de mayo, todas las cosas en ese lugar parece que te cuentan una historia, algunas emocionantes porque es como un viaje en el tiempo, otras triste porque conocemos el final de muchas de ellas en aquella fecha.
La tía Chela en Temuco, se emociona mucho cada 21 de mayo y cuenta con una mezcla de admiración y pesar como Arturo Prat decía “al abordaje compañeros” para defender a su patria, se sabe cada detalle de la historia, por eso cuando visitamos La Esmeralda la mamá le contó, todo iba súper bien hasta que en medio de la conversación caí en cuenta que el guía nos habló de donde está la boya que señala donde están los restos de verdad del barco y que en la clase de biología hablando sobre aguas residuales aprendí que en Iquique van a parar al mar, pensé que esas aguas están llenas de cosas que ensucian el mar, que dañan la vida que está en él, ese mar que vio morir a un héroe de la patria, ese mar que el defendió con su vida, un héroe al que se reconoce cada 21 de mayo pero, día a día todo el desecho de las alcantarillas de Iquique va a ese mar.
Los restos de La Esmeralda, como la réplica son parte del turismo en Iquique, pero lo que botamos desde el baño y la cocina de la casa se lo echamos encima, se daña un símbolo del valor de un pueblo y su grandeza y al mismo tiempo un recurso natural que podría sin duda ser una oportunidad de bienestar para muchas personas hoy.
No puedo evitar pensar que este no es un daño es un desastre en el tiempo, por un lado daña la evidencia de un pasado que nos compromete y anima, por otro lado daña el presente que vivimos y más aún nos expone a un no futuro, porque sin la conciencia del valor del pasado y la necesidad de cuidar el planeta, los recursos naturales, ¿sin educación ambiental que futuro construimos?¿que se festejara luego?¿cuál será la evidencia a través de la cual reconozcamos ese pasado?¿cómo tendremos oportunidades?¿cuáles serán esas oportunidades?





















