Recuperemos la vida de barrio

Recuperemos la vida de barrio

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Autora: Francisca Orellana

Diario Letras con verdad, Colegio Sol del valle

Sonaba la campana que anunciaba el término de la jornada escolar. Con mis compañeros, vecinos de barrio, partíamos juntos hacia nuestras casas. Luego de almorzar, partía rápidamente a la casa de mi amigo Juan. ¡Aló! Es el grito que yo estaba ansioso de dar y mi amigo ansioso de escuchar. Era el grito que anunciaba que la hora de jugar y entretenerse había llegado. Teníamos largas jornadas, entre fútbol en plena calle -casi no pasaban autos-, juego de bolitas, tocar timbres y salir corriendo, jugar a la pinta o la escondida en la plaza hasta la noche nos divertíamos, hasta que alguna de nuestras mamás nos llamaba y nos esperaba con una rica leche con plátano y pan con palta.  Qué lindos momentos, pareciera que fue ayer cuando viví todas esas historias que hasta el día de hoy quedaron en mi memoria.

Este es un típico relato de vida de barrio, lo más probable es que a todos nos hayan contado alguna historia similar, en mi caso este relato me lo contó mi abuelo cuando le pregunté acerca de su infancia y las vivencias que tenía con sus amigos. Esta vida de barrio, por lo que siguió contándome, fue muy positiva a medida que fue creciendo, todos se conocían, se juntaban, había confianza, cosa que se ha perdido hoy en día y con suerte sabemos con quién vivimos, esta confianza además otorgaba seguridad ya que si alguien salía le podía dejar las llaves a algún vecino y este le cuidaba la casa, por mencionar solo algunos beneficios de este estilo de vida.

Si volvemos al presente nos podemos dar cuenta de que las cosas han cambiado, ha pasado el tiempo y relatos como este quedan pocos, por lo menos en la gran ciudad, ya que debido al gran interés que hay por vivir en las cercanías del centro de Santiago, se han levantado enormes edificios con miles de habitantes, lo que no contribuye a la sociabilización entre los vecinos, dando origen muchas veces a la desconfianza y apatía entre ellos.

El uso de aparatos electrónicos tampoco fomenta esa relación, ya que, de cruzarse con algún vecino, es posible que incluso no se den cuenta, por estar más concentrados en sus celulares que en quienes viven a su alrededor.

Pero este lamentable hecho ha generado una nueva oportunidad de rescatar la vida de barrio. Debido al gran crecimiento de la ciudad, las comunas de la periferia, o que están en las afueras de Santiago, han tenido también un explosivo crecimiento, pero aquí no se han construido grandes torres, sino casas organizadas en micro barrios.

Es el caso de Valle Grande, sector habitacional ubicado en la comuna de Lampa, y donde llegamos a vivir junto a mi familia hace 8 años y donde los vecinos se conocen y han vuelto a resurgir esas historias de barrio que me contaba mi abuelo, quizás sea porque no hay ningún mall en la comuna, tampoco hay un cine, pero a cambio sí hay muchas plazas, las cuales siempre están llenas y se puede ver a niños jugando junto a sus padres, quienes han decidido organizarse en juntas de vecinos, lo que obliga a la interacción entre las personas.

¿El vivir en un edificio es realmente un impedimento para tener vida de barrio? Pienso que no, es deber de cada uno esmerarse en mostrar más interés en conocer a quienes viven en nuestro lado, saludar con una sonrisa cuando se suba a un ascensor, mirar a los ojos cuando se cruzan con los vecinos, son pequeños gestos que nos hacen sentir que es rico vivir en comunidad. Además, por otro lado, estar en contacto con otros es la mejor arma que podemos tener contra la delincuencia, ya que los vecinos se pueden cuidar y apoyar unos a otros, pero para esto es clave conocerse.

Cuando llegue acá sentía que estaba muy alejada de todo, pero descubrí todo un mundo gracias a mis vecinos, mi mejor amiga vive a pocas casas de distancia y nuestras mamás también comparten. Si tengo problemas sé que puedo contar con mis vecinos. Lo que más quiero es que llegue el fin de semana para juntarnos.

Creo que el diseño de nuestros barrios, la construcción de más espacios verdes y la disposición a conocer a otros permitirá recuperar esa nostálgica vida de barrio.

 

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