Autor: Yorel Rodrigo Vidal Baltazar
Diario Sol del Norte, Colegio Academia Tarapacá (Iquique)
Benévolo y humanitario, con cierto carácter crítico y una fuerte doctrina sociológica, se habla de Bernardo Guerrero, reconocido escritor sobre la identidad cultural en nuestro país.
Sociólogo iquiqueño de la Universidad Católica del norte. Estudió enseñanza básica en el Liceo de Hombres de Iquique. Ha obtenido además maestría en Antropología cultural, llevada a cabo en la Universidad libre de Ámsterdam, Holanda, finalizando con un brillante doctorado en ciencias socioculturales, la trayectoria de Bernardo es indudablemente intachable. Su vida, marcada por inefables anécdotas, recorre el más íntimo sentimiento indentitario, defendido con ímpetu argumentativo. Nació el 1 de mayo de 1954 en Iquique, bajo una imponente sociedad confraternal.
¿Cómo comenzó su afición por la identidad cultural?
Yo me empecé a preguntar por la identidad cuando estaba estudiando en Ámsterdam, en Holanda. Me preguntaba acerca de quiénes somos nosotros, los iquiqueños. Fue entonces cuando comencé a elaborar ideas, a veces con propósitos irrisorios, a veces serias, sobre cuál es nuestra identidad, cuáles son nuestros puntos neurálgicos que nos hacen vibrar, llorar, que nos hacen doler. Entonces esta es la metáfora del pez: cuando sale del agua, éste ve que necesita el agua. Cuando estaba allá me di cuenta que necesitaba Iquique, y esa necesidad estaba vinculada con la pregunta de quiénes éramos, de dónde veníamos o hacia dónde íbamos.
Con respecto a su maestría en Antropología cultural, ¿Considera usted que le ha permitido crecer como persona?
Completamente. Me ha dado instrumentos, mediante el estudio, para entender al otro, en su diversidad, complejidad, a ponerme en el lugar del otro, a valorar las diferencias, a querer aún más la cultura popular. En fin me ha dado puro crecimiento, pura riqueza. Me ha permitido entender al otro, y los que nos dedicamos ya sea a la sociología o antropología, luchamos por eso, a ver cómo piensa; En esta disciplina te dan esas herramientas.
¿Cuál etapa de su vida considera que fue clave para decidir el rumbo de su trayectoria profesional?
Considero dos hechos. Primero, cuando paso de quinto a sexto en preparatoria, y sin esperarlo me entregan el primer puesto, me lo dan porque el profesor ve que yo tengo capacidades pero que no la exploto, y eso me obliga, al darme el primer puesto, al año siguiente a ganarme realmente el primer puesto, y lo hice. El segundo hecho fue en primero medio cuando repito el año en el Liceo de Hombres, lo que también fue una gran enseñanza para mí. Uno aprende tanto de los triunfos, pero mucho más de las derrotas. Mi padre me manda a trabajar, estoy trabajando 15 días en pleno verano, y es allí cuando me doy cuenta que ese no era mi mundo y que yo tenía que estudiar. Luego me fui como “por un tubo” digamos, estudiando, sin ser mateo, sin ser nerd. Es decir, normal y corriente, viviendo en un barrio popular como la Plaza Arica, con muchos de mis amigos yendo a la playa, al cine y todo ese tipo de cosas. Fue un proceso de aprendizaje realmente muy fuerte.
¿Qué opina de la delincuencia que azota abruptamente a diario a la región? ¿y respecto al vínculo polémico con la extranjería?
Primeramente no hay que hacer el vínculo entre la delincuencia y los extranjeros. La mayor cantidad de delitos los cometen los propios chilenos. Segundo, el tema de la delincuencia es un problema no solamente de Iquique o el país, sino que involucra a todo el mundo, y tiene que ver fundamentalmente con las profundas desigualdades sociales que tiene este país. Es decir, la gente delinque no solamente porque quiera delinquir, sino que lo hace porque no tiene, lo necesita. Mucha gente que delinque está atravesada por el consumo de drogas, de la pasta base que es una enfermedad. No estoy haciendo una apología de la delincuencia, estoy poniéndola en su lugar.
El tiempo de “la pitita en la puerta”, por ejemplo, es una imagen muy romántica, muy simbólica, en un Iquique que también delinquía mucho. Pasa que hoy día, hay una industria de la seguridad que le interesa divulgar la delincuencia, aun cuando las tasas de delincuencia han ido bajando y la tasas de victimización también. Hay una anécdota que contaba un diplomático que estaba en Haití, viendo las noticias chilenas de sólo portonazos. Entonces la televisión lo que hace hoy en día es amplificar aún más el tema de la delincuencia.
No existe ninguna sociedad que no tenga delincuencia. Lo peligroso de hoy en día, está en vincular la delincuencia a los inmigrantes, y eso no es correcto, eso es racismo “de segunda mano”, que es muy peligroso. Las estadísticas demuestran que los chilenos son los que más delinquen. Y la prensa, cuando asalta un colombiano: “colombiano asaltó”. Pero cuando asalta un chileno: “Tal’ asaltó”, no dicen “Un chileno asaltó”. Ojo con eso.
“Si tienes un sujeto, que está todo el día presionado por los medios de comunicación, para que sea exitoso, compre y compre… Éste tiene 4 hijos adolescentes y todos le piden celular, al tipo no le alcanza para comprar. Una posibilidad es que delinca, pero no porque él quiera delinquir sino porque la presión del consumo es tan fuerte, que no tiene otra que delinquir. Cuando ocurrió el terremoto en el sur, la gente saqueaba, claro la presión por cambiar el televisor porque había mundial. Entonces la gente no tiene que comer pero tiene televisor. La gente tiene mala educación pero todos tienen celular. La sociedad no me dice que cosas debo tener y qué cosas cambiar cada cierto tiempo, ella es la que te presiona para que compres y compres”
Respecto a la pirámide de Maslow realizada décadas atrás ¿Usted cree que la pirámide en la actual sociedad la ha cambiado, aproximando la cúspide con la base?
Claro, se crea la sociedad de consumo, está cambiando la manera de consumir tan rápidamente, que abría un refrigerador en el tiempo de mis padres y duraba toda la vida, hoy, 5 años. Están programados para que “la máquina de consumo” siga funcionando. Hoy no nos conformamos con un celular estable, sale un nuevo “iPhone” y se van inventando nuevas necesidades. Entonces eso termina por explotar, porque hay gente que no puede estar a ese ritmo. El tipo que esta angustiado le robará al papá, la mamá, el abuelo, en fin fumará. Cuando no existía la pasta base, el ladrón del barrio les robaba a los ricos y cuidaba al barrio. No les robaría a nosotros. Pero hoy en día ese sujeto va a robar por su necesidad única de consumo. Entonces el problema no es él, son los grandes narcotraficantes. Y si vienen inmigrantes, extranjeros con familia, y la sociedad le cierran las puertas, no tiene remedio. Por eso cuando el pobre se queja de que el inmigrante le quita el trabajo es Falso. El pobre tendría que quejarse del Luksic, del rico. La culpa no la tiene el inmigrante, la tiene la desigualdad que hay en la estructura social.
¿Qué temas recorre en sus cátedras sociológicas?
Sociología de la religión. Llevé a mis estudiantes hace un tiempo a la Plaza Arica, para que vieran los bailes religiosos y entendieran qué significan ese tipo de manifestaciones populares. Entonces la teoría sociológica trata acerca de cómo la sociedad funciona, y que necesita para que una sociedad funcione. Entonces, la sociedad no funciona porque sí, sino que hay instrumentos y mecanismos que hacen que funcione.
La escuela, es un gran aparato que sirve para que la sociedad funcione. Porque la escuela te da instrumentos para educarse a uno mismo, la escuela es un instrumento ideológico, te enseña a pensar de una manera determinada que por lo general es como el poder quiere que tú pienses. Hay un dicho por ahí: “Yo era libre hasta que fui a la escuela” Es decir, la escuela te domestica, te hace pensar de una manera artificial.
Los sociólogos lo que hacemos es desnaturalizar al mundo. La gente cree que es natural que el hombre deba trabajar y la mujer deba quedar en la casa. La sociedad desde que naces: varón un martillo, la mujer olla para que lave, etc. Es una cuestión que no es natural, es construida socialmente.
Nosotros somos imprudentes, ingratos para la gente porque decimos ese tipo de cosas. “La delincuencia no es porque hayan tipos malos, es por la desigualdad social”. Si esta sociedad fuera menos desigual, aunque no hay ninguna sociedad que fuera igualitaria, habría menos violencia.
Una vez un tipo explicaba: “¿Por qué alguien que tiene un Mercedes Benz, le rayan un auto?, en el trasfondo, es por una protesta por alguien que tiene tanto contra alguien que no tiene nada. A nosotros nos enseñan a mirar las cosas de manera distinta, cuando la gente ve consecuencias nosotros vemos causas, y viceversa. Vemos el trasfondo en profundidad detrás de las cosas. La gente siempre ve la fachada de la casa de alguien. Dice: si quieres conocer la casa de alguien, no te quedes en el living, trata de ir a la cocina, o abre un closet. Para las visitas las personas arreglan el desorden inmenso. Antes decíamos de chiste: basta ver cómo está el closet de Soria, para ver cómo está la ciudad, desordenada.
De acuerdo a las desigualdades sociales de la historia de la humanidad, ¿Cree usted que en nuestras manos está poder igualar los estratos sociales? ¿No es utópico ese mundo para usted?
Yo creo que una sociedad igualitaria es una utopía. El fracaso del socialismo básicamente fue por eso. Pero si creo que podamos tener una sociedad menos desigual, como los países europeos, Suecia, Finlandia, Alemania, Holanda, países de primer mundo. La utopía de sociedades comunistas fracasó, pero eso no significa que aceptemos este Neoliberalismo de hoy en día que es absolutamente desigual y violento.
Yo estudié en otra época, donde el país era más igualitario y la educación era de calidad. Hay un concepto sociológico que es el capital cultural. El capital no es solamente tener plata, sino es… libros, música, cine, teatro, escuchar buena música. Uno podría decir: “Dime cuantos libros hay en tu casa, y te diré cuánto capital cultural tienes”. Es un círculo vicioso. A mí me fue bien en la vida porque yo tuve un abuelo obrero, comunista, jornalero que él me metió el amor por la lectura. Hoy la gran cantidad jóvenes no tienen ese abuelo, hermano, padre, etc. Marcadores, que te adiestren en un camino, que no solamente te lleven a ver un partido de fútbol. Mi abuelo siendo un obrero nos marcó a todos y apenas sabía leer y escribir. Nos enseñó a tener opinión. Claro vivíamos en una sociedad distinta. Hoy es puro consumo, puro individualismo. Yo luché por la unidad popular, me involucré en proyectos políticos, yo creía en una nueva sociedad. Incluso, yo era capaz de matar por mi ideal, menos mal no lo hice. Pero si hoy le preguntas a alguien eso, no lo haría.
Respecto a su trayectoria, ¿Presagiaba el éxito de su trilogía “Del Chumbeque a la Zofri”?
“Si he ganado plata con mis libros, ni un 20”. Lo único que he ganado es el cariño de la gente, es indudable, eso es lo más rico que me ha pasado”. Pensar así en un éxito, no. Quizás seré recordado por el libro, aunque pensar que he escrito muchos otros libros. Parece que el libro es más simpático junto a su título, además da cuenta de un Iquique al que nadie había prestado atención que es el Iquique popular que conocí, en el que crecí. Por lo tanto yo escribo de lo que conozco, de lo que veo. Nada más increíble que el cariño de la gente.
Económicamente, ¿qué opina respecto del excesivo impuesto de los libros en el país?
Primero, que es excesivo, que está malo. Segundo, si le sacamos ese impuesto no creo que la gente vaya a comprar libros, yo creo que el problema no pasa por ahí. El problema pasa porque la gente no tiene ningún hábito de leer, ningún interés, aun así reduciendo los precios. Es una medida que favorecería solo a los que compramos libros Esa es una discusión falsa. Yo sería feliz si salen más baratos. De que están caros están caros.
¿Qué planes posee a futuro?
No tengo mucho futuro, un par de años más nomás. Pero, seguir haciendo lo que estoy haciendo, que es lo único que sé hacer, escribir, leer, dar clases, reflexionar. Por lo tanto, no pienso en la jubilación, porque aparte será muy malo por las AFP que hay. Además, tengo un trabajo muy grato y siempre estoy escribiendo, leyendo, cosas que me entretienen mucho. Seguir nomás.
Por último, ¿Qué mensaje les dedicaría a sus lectores y oyentes?
Que sean lectores críticos, que no se compren todo a la primera, que sean más inquisitivos con lo que leen y que fundamentalmente, más que buscar respuesta, elaboren preguntas. Que no “caigan presos” de cierto romanticismo y nostalgia un poco absurda que nunca existieron y que todos luchemos por un Iquique más solidario y humanitario, volver a recuperar la idea de barrio y que nos encontremos en las plazas, no solamente en la Zofri. Que valoremos el patrimonio de la región, sino perderemos pan y pedazo.





















