“El amor al prójimo, el respeto, el cariño por las cosas bien hechas, el valor de la importancia de la familia” son los valores que Andrés Carter quiere promover en sus estudiantes.
Sebastián Espinoza Freire
Diario La Concepción del Presente, Colegio Santa Luisa de Concepción
Una colección de autos en miniatura cuidadosamente ordenados en su estante, y decenas de carpetas apiladas sobre su escritorio, constituyen la característica distintiva de la oficina de Andrés Carter Pereira, rector del Colegio Santa Luisa de Concepción. Es la misma oficina a la que los alumnos del establecimiento evitan ser enviados por sus profesores como consecuencia de algún acto de indisciplina que amerite un llamado de atención superior.
Este ingeniero civil industrial se declara felizmente casado y es padre de 3 hijos: Isidora de 18 años, Paz de 15 y Agustín de 13. Gran parte de su carrera profesional la ha desarrollado en el ámbito de la educación, pues pertenece a una familia de sostenedores de colegios, y cuando le tocó asumir una responsabilidad, ahí estuvo.
Además es vicepresidente de la Confederación Nacional de Colegios Particulares (Conapas), presidente de la Red de Colegios Particulares Subvencionados del Biobío (RedCol), gerente general del Centro Integral de Competencias en el Lenguaje (CICEL) y docente de la Universidad del Desarrollo.
En esta entrevista concedida en la “temible oficina del rector”, Andrés Pereira expone sus argumentos para defender el lucro y la selección de alumnos en los colegios, y repasa parte de su trayectoria en el área.
¿Qué lo llevó a usted, un ingeniero civil, a dedicarse a la educación?
Yo nací en esta familia que era sostenedora de la escuela Prieto Cruz, hace ya varios años atrás, cuando estaba la fundadora de esta institución (el colegio Santa Luisa), la señora Luisa Carter (su tía). Comencé a vincularme con el colegio, aunque desde pequeño ayudaba, de hecho, la primera capa de pintura de este colegio la puse yo, con short y polera, un día antes de entrar a clases. Tenía en aquella época 14 años. Todos los estantes de las salas de básica del primer edificio las armamos mi padre y yo, aunque obviamente ya no se encuentran ahí porque se deterioraron. Ayudaba en las licenciaturas, hacia el papel de animador, siempre me vinculé al colegio. Después cuando entré a la Universidad, me preguntaron ¿por qué no estudias para ser profesor? Y me negué porque yo quería ser… ingeniero.
Tenía habilidades con las matemáticas, por eso mi familia, en especial la señora Luisa Carter, me instó a estudiar pedagogía para así venirme a trabajar al colegio, pero yo no les hice caso, y comencé a estudiar ingeniería, y termine ingeniería industrial.
Cuando tan solo me quedaba un año de carrera, fui a un seminario a Santiago, que se llamaba Taller de Sistema, entonces me llamaron la atención algunos temas que tenían que ver con calidad en educación, lo que encontré muy interesante y comencé a meterme en el tema.
Me titulé y mi primer trabajo fue en el centro de formación técnica de Lota, un proyecto organizado por la Universidad de Concepción y CORFO, para mejorar las competencias de los jóvenes en las zonas del carbón, y ahí empecé a trabajar porque el rector de ese CFT, había sido mi profesor guía en la Universidad en mi memoria de título. Ahí es cuando comencé a vincularme más y le puse un ojo al colegio, ganamos el Proyecto Enlaces, que dotó a la institución de computadores y como en esos años nadie sabía de computación me metí a trabajar para orientar y ayudar a mi tía.
Tenía reuniones semanales con el equipo de gestión del Colegio, y ahí estuve, más o menos un año. Después pasó que la Señora Luisa se enfermó, y ahí empezamos una crisis familiar para saber qué iba a pasar con la escuela, ya que la gestora estaba enferma. Yo en paralelo a mis estudios en la Universidad me fui a perfeccionar en temas de educación a Canadá, cerca de Calgary. Estudie en el Old College, al año siguiente me mandaron a la Illinois State University, cerca de Chicago, después de todo ese brebaje educacional, me ofrecieron un trabajo en el Ministerio de Educación en Santiago, que rechace, debido a que entre mi mama, mi señora y principalmente mi tía Luisa Carter me convencieron de que me quedara, a lo que acepté porque ya me encontraba muy metido en el colegio y dejar Concepción significaba dejar de lado todo eso y no quería dejar, además tenía algunos grandes proyectos en mente. Luego ocurre que el año 2001 mi tía Luisa se enferma gravemente, recuerdo un día que la fui a ver al hospital, y me dijo que quería que el colegio creciera y así dar paso a las nuevas generaciones.
Y así llegue al Colegio, asumí el marzo del 2002, mi tía falleció el 2005 a causa de una diabetes severa que nunca cuidó, porque ella estaba preocupada de su colegio, pero ella estaba contenta, porque veía que el proyecto que ella había esbozado tenía continuidad.
Es decir que el Colegio Santa Luisa ha sido siempre un proyecto familiar. Además de su tía ¿trabajó también con su padre?
Ernesto Carter trabajó toda su vida en el colegio, era el encargado de contabilidad y de tesorería. Yo tenía una relación muy buena con él, éramos muy parecidos ya que compartíamos hobbies, la pasión por el fútbol era algo que nos motivaba a los dos, el último viaje que realicé con él fue para un partido de Chile versus Colombia, en Medellín, donde Chile venció por 4-2 y clasificó al mundial de Sudáfrica. Fuimos a un tour con gente que solo iba a ver el partido, estuvo muy bueno, tengo un gran recuerdo de mi padre. Falleció en marzo de 2016, sufrió de cáncer prostático.
Usted participa de otras instituciones educativas, ¿cómo surge su interés por participar de tantos proyectos?
Cuando estuve acá en Concepción ejerciendo mi labor como rector del Colegio Santa Luisa, me di cuenta de que faltaba organización, hacía falta un ente que representara a los colegios, y ahí con un grupo de directores como de mi edad, formamos la Redcol Biobío de la cual yo soy presidente. Es por eso que algunas veces me veo obligado a salir del colegio, ya que me toca ir a Santiago, hablar con los del ministerio, etc.
¿Cuál es su opinión sobre el lucro en la educación?
En estricto rigor, ¿qué es el lucro? Es la retribución por algo que tú haces, todos lucramos. Ustedes van a ir a la universidad, se van a titular, si Dios quiere van a trabajar, y ese pago por el trabajo es el lucro personal de ustedes. Esa es la definición, lo que no queremos son abusos, pero todos abusan igualmente. Senadores y Diputados siempre hablan sobre su repudio contra el lucro ¿ustedes saben cuánto es el sueldo de un diputado? Ocho millones, ¿saben cuánto gana un senador? Doce millones. ¿Qué es eso? Es lucro. Está bien que ganen eso, si es que se lo merecen, lo que importa es que quien gane ese ingreso lo haga bien.
Hace un tiempo participé en un seminario en Santiago y yo dije que en realidad la única forma de seguir avanzando era que todos los colegios debían mantener un estándar de calidad, si todos mantienen ese mismo estándar no importa si tienen lucro o no, eso es justa retribución.
De acuerdo a la información oficial, los senadores reciben una dieta bruta de 9 millones 121 mil pesos (a la que se le debe aplicar los descuentos de impuestos, previsión y salud), mientras que la de los diputados, una vez realizados los descuentos correspondientes, queda en 6 millones 600 mil pesos de libre disposición.
¿Qué le parece que los colegios seleccionen a sus estudiantes?
Lindo tema. Yo creo que la selección de alumnos en los colegios tiene que ser atribución del mismo. Debe existir un acuerdo entre el apoderado y el proyecto del colegio, porque si soy un apoderado que quiero para mi hijo un proyecto educativo de carácter deportivo de alto rendimiento, no lo voy a traer al Colegio Santa Luisa, porque el proyecto educativo del Colegio Santa Luisa no tiene estas características. Pero si a lo mejor quiero que mi hijo llegue a la universidad lo voy a traer al Colegio Santa Luisa, porque es la idea que tenemos como proyecto educativo.
Yo estoy en contra de »la tómbola» ponte tú. Me carga esa cuestión. Estoy en contra que el ministerio me diga qué alumno debo matricular, no me gusta eso. Prefiero matricular a los niños con apoderados que yo conozco, no que venga el ministerio y me diga: ‘matricula a Juanito y a Pedrito», »pero si yo conozco a Menganito, lo conozco de toda la vida, conozco a su familia, fue ex-alumno, qué sé yo, etc.’, »no, tiene que matricular a estos dos». Eso me parece que es injusto porque se pierde el sentido de comunidad de los colegios.
¿Qué valores intenta inculcar en sus alumnos?
Primero que nada el amor al prójimo, el respeto, el cariño por las cosas bien hechas, el valor de la importancia de la familia. Es más, yo siempre le he dicho a los apoderados que esto no es una bodega de niños, no es que vengan a dejar a sus hijos y luego los vengan a buscar, ellos tienen que formar parte de la educación de sus hijos, el emprendimiento, que se den cuenta que son capaces, que tengan ganas de enfrentar los problemas con optimismo.
Si pudiera cambiar algo de la mentalidad juvenil ¿qué cambiaría?
Algo que cambiaría es la modorra intelectual, algo como un cansancio mental o la falta de motivación por parte de algunos jóvenes para seguir aprendiendo. Me gustaría que ellos presentaran un mayor interés en el conocimiento, tanto en lo académico como en lo extra-académico. Que no tan solo se queden con lo que les dice el profesor en la sala de clases. Hay temas de trascendencia mundial como la posible independencia de Cataluña u otros que los involucran directamente a ellos como el asunto de la educación gratuita, pero los jóvenes parecen estar cansados, se quedan más con las redes sociales, pero no la utilizan para informarse de noticias trascendentales a pesar de las comodidades que estas le brinda.
¿Qué consejos daría usted para surgir?
Más que surgir es un tema de encontrar la felicidad. Si ustedes le llaman surgir a tener un título profesional, eso no garantiza la felicidad y desde un punto de vista económico tampoco garantiza los ingresos monetarios. Lo que importa es lo bien que quieran estar, dónde quieran estar y qué hacer de su vida. Para eso hay que tener una actitud positiva frente a todo, con respeto frente a todo se logran las cosas, no sirve ir al golpe ni al conflicto ni con soberbia; con respeto, conversando se arreglan los problemas, siempre con ganas de hacerlo y esforzándose, porque siempre existirán situaciones complejas, con mucha dificultad, pero si tú no te esfuerzas no lo lograrás. Algo súper claro es que la felicidad no es un estado permanente, no es algo estable, la felicidad se construye cada día.
Por último, hemos visto que le gustan los autos, ¿qué otras actividades son de su preferencia?
Sí, me gustan muchos los autos. Cuando era niño tuve una colección de autos match box, nosotros no teníamos PlayStation, jugábamos con tierra, a la pelota en la calle, son recuerdos que tengo de mi infancia. También me gusta el fútbol, he sido hincha de Deportes Concepción toda la vida y su reciente desvinculación es una pena y ha sido consecuencia de una mala administración. De hecho, el presidente de Deportes Concepción, Víctor Tornería, es exalumno de este colegio, por eso también apoyo a ese club. Apoyar a un equipo de la región es parte de un proceso de descentralización.





















