Autor: Amaro Maximiliano Pastén Cortés
Diario El Oyente, Colegio Alborada de Curauma
Es difícil creer que en el siglo XXI aún existamos “individuos” -y recalco esta palabra por el notorio aislamiento que imprime en la forma en que nos relacionamos- que aceptan la basura desechada indiscriminadamente en calles, cerros y bosques como una rutina más del día a día. Y lo peor es que, incluyéndome, ¡no hacemos nada para remediarlo! Solo esperamos que algún tercero se haga cargo a pesar de las graves consecuencias que esto trae a nuestro medioambiente y a nuestra calidad de vida.
Pero no todo está perdido, la salvación puede llegar, y a manos de los héroes pingüinos, los estudiantes, seres superpoderosos con una capacidad de generar cambios increíbles, aunque con su propia «Kriptonita»: la “flojera”. Todos sabemos que el hecho de realizar charlas o talleres no tiene el suficiente impacto, ya que para muchos educandos, incluyéndome, es un verdadero “cacho” sentarnos a escuchar palabras cuando el conflicto se basa en la falta de acción. Por lo anterior, se necesitan políticas educacionales que nos lleven fuera de las aulas y nos hagan reaccionar a través de la experiencia, generando el cambio y no sólo teorizándolo.
Según la neurociencia la manera más eficiente de llegar al razonamiento del receptor es mostrándole algo nuevo, interesante y significativo, o, en este caso, creando una experiencia que le sacuda y le haga salir del letargo; solo así se obtendrá el impacto necesario para generar una nueva forma de comprender la importancia del medioambiente. Estas acciones que relegan el pupitre a una segunda instancia se realizan y producen resultados, aunque de forma aislada. Por ejemplo CONAF ha implementado talleres de «Brigada Ecoverde» para concientizar y enseñar a grupos de estudiantes de una forma distinta y llamativa, la importancia del cuidado medioambiental, además de brindar una pequeña capacitación para enseñar a sus compañeros sobre el tema. Otro ejemplo es el del Colegio Alborada de Curauma, que realizó a mediados de abril una nueva modalidad deportiva con toda la fauna estudiantil: una caminata por la Laguna de la Luz de Curauma en la que, mientras ejercitas, recolectas basura; actividad que con ayuda de pequeños y grandes, incluyendo a más de algún honorable apoderado, socorrió a un sector maltratado por el alto tránsito turístico.
Como vemos en los argumentos y ejemplos anteriores, formas de producir una enseñanza práctica en los estudiantes hay y a montones, solo falta dar el puntapié inicial para que los estudiantes podamos demostrar la pasión que caracteriza a la juventud, aquella emoción que potencia nuestras acciones y que puede crear un cambio. Ya que, después de todo, solo trabajando en equipo lograremos transformar nuestro entorno para ser beneficiados con ello, no solo con una mejor calidad de vida, sino también con una lección que nos marcará, que podremos replicar y enseñar a lo largo de toda nuestra vida. Así lograremos por fin vencer a nuestra “Kriptonita”, la flojera.





















