Ser y Parecer

Ser y Parecer

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Autora: Ángela Catalina Salvo Carrasco

Diario Centennials, Colegio Marcela Paz (Concepción)

Encajar. Necesidad innata del ser humano. Nos encontramos insatisfechos con quienes somos y por ello, buscamos algún ídolo que nos facilite esa falsa esperanza de identidad, que llene aquel vacío que nos deja el anhelo de querer ser parte de algo. Esto se da desde la niñez, pues a diario desarrollamos nuestra identidad y buscamos cosas que nos representen como personas. En mi caso, aquel sentimiento reprime mi identidad, y provoca una presión por ser «alguien» que no soy.

Hace un tiempo leí un ensayo de Gabriela Mistral titulado “El tipo del indio americano”, que habla sobre la belleza diferenciada que se les enseña a los niños. Básicamente contrasta al mayor referente de superioridad y a la raza repudiada: los caucásicos europeos y los indígenas americanos. Nos cuenta de un hombre llamado Fidias que reunió los rasgos característicos de la etnicidad blanca y los plasmó en esculturas de dioses, paradigmas de aquella época. Fue así como surgieron los primeros referentes de belleza y superioridad. Mistral afirma que por esta razón se cree que el blanco es bello y el indígena es feo, pero si tomáramos los rasgos de éste y los plasmáramos en los dioses no serían considerados antiestéticos, porque en realidad no se trata de la belleza, sino de la representación del ser superior.

¿Les parece conocido el famoso sueño americano? El ideal modo de vida difundido desde los años 20 en Estados Unidos en un periodo de prosperidad económica. Para mí, esto marca un antes y un después en los referentes de una vida ejemplar, dado que EEUU logró hipnotizarnos con su publicidad, obteniendo así protagonismo los principales culpables de las modas distorsionadas, los estereotipos y el control de las masas: los medios de comunicación masivos y la publicidad. Esto marca un aspecto importante en mi vida desde la infancia, porque la televisión y las revistas me daban una imagen que me sentía forzada a seguir para no ser excluida por los demás.

Un ejemplo de esto se da en Londres, año 1966. Una chica común se toma la foto indicada, en dos semanas es mencionada en un periódico y en un año ya estaba en la portada de la revista Vogue, ¿qué pasó? Los medios vieron algo distinto en ella y dijeron “la haremos moda”, y de un año para otro la delgadez y los ojos grandes se volvieron sinónimo de encanto. Los medios crearon la idea de que si no eras como Twiggy (nombre artístico) no eras bella, lo que repercute desde esa generación de mujeres hasta la actual.

¿Cuál es mi visión de todo esto? Creo que los medios mueven las masas, mostrándonos estereotipos a través de la publicidad y dándonos referentes que instintivamente seguimos. Las modas no definen lo que somos, sino lo que queremos parecer. La belleza en la moda no es la verdadera belleza. No nos preocupemos de parecer alguien, sino de ser alguien, como alguna vez dijo Óscar Wilde: “La belleza tiene tantas significaciones como estados de ánimo tiene el hombre. La belleza es el símbolo de los símbolos. Lo revela todo porque no expresa nada”.

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