Autora: Isidora Antonia Avilés Villarroel
Diario La Quinta de Abril (Maipú)
A tan solo un año de las polémicas generadas por el llamado “bus de la libertad” que, como un espejo, reflejó por medio de descalificaciones y conceptualizaciones mal empleadas lo atrasada e ignorante que está nuestra sociedad en materia de educación sexual; atraso que nos tiene también con un aumento considerable del VIH, con cientos de embarazos adolescentes y lamentables casos de jóvenes que por manifestar un opción distinta han sido callados por medio de la violencia.
Considero lamentable que todavía en nuestro país no se quiera ver la raíz de estos problemas. Si el gobierno, las instituciones y, en especial, el colegio como organismo formador se hicieran cargo de entregarnos realmente las herramientas necesarias para establecer una sexualidad plena e integral no estaríamos así, ya que son nuestros establecimientos educacionales quienes forman a la sociedad del mañana, pero no nos explican nada concreto. Es como si fuera un tema prohibido.
Si bien, en los últimos años el gobierno ha entregado libros y manuales de cómo guiar e implementar la educación sexual, no han logrado ubicar a Chile como un país preocupado de garantizar un derecho tal como indica la ley 20.418 que obliga a todos los colegios a incluir información y orientación en materia de regulación de fertilidad, en forma clara, comprensible, completa. Por el contrario, según estudio realizado por la Federación Internacional de Planificación de la Familia de 17 países, el nuestro quedó último en políticas de implementación.
Este dato me hace sentido al pensar cómo se aborda el tema en mi colegio, donde hay un doble discurso que separa una realidad que debiese ser complementaria. Por un lado, en ciencias nos hablan de nuestra sexualidad desde lo biológico y, por otro, en orientación desde actividades grupales ingenuas, que olvidan el componente sexual; y, en ninguno de los dos casos, se crea un espacio donde nos podamos sentir cómodos para plantear nuestras dudas.
Esto explica, quizás, por qué muchos de mis compañeros se afanan escuchando reggaetón, que si bien hipersexualiza y crea estereotipos, al menos tiende a ser más directo y explícito, ya que no queremos que nos disfracen la realidad mostrándonos fotos de lindos colores en los libros de clases. Nos vendría bien seguir el ejemplo de Noruega, que emite videos con desnudos en un canal de televisión abierta para explicar los cambios físicos que se presentan durante la pubertad de manera natural y explícita.
Por otro lado, creo que los profesores tampoco están preparados. También ellos crecieron bajo esta idea de no tocar temas incómodos, muchos de ellos también sufrieron o sufren bullying por amar a una persona de su mismo sexo, a ellos el estado también debe orientarlos.
En síntesis, ¿cuál es el desafío?: implementar un plan de estudios integral que nos haga conscientes y responsables de nuestra vida afectiva, sexual y que nos permita construir un espacio para transformar nuestra sociedad y desafiar los tabúes por medio del diálogo. El desafío es complejo, pero no imposible.


















