¿Existe un acoso peor que el cyberbullying?

¿Existe un acoso peor que el cyberbullying?

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Autor: Matías Ignacio Rozas Fernández

Diario El Cordillera, Colegio Industrial Las Nieves

Recuerdo que en una clase la profesora de lenguaje nos pidió que todos cerráramos los ojos y levantáramos la mano aquellos que alguna vez habíamos sido víctimas de bullying. Al abrir los ojos todo el curso tenía su mano levantada. Posteriormente, uno de mis compañeros nos narró sobre el acoso que había sufrido en un colegio básico y que incluso trato de quitarse la vida. Todos escuchamos con mucha atención y desde ese día nos hemos unido más, si bien hay sobrenombres chistosos o una que otra discusión, ningún compañero almuerza solo o no tiene con quien realizar los trabajos.

Sin embargo, al volver a casa y abrir alguna red social pude observar los llamados “memes” sobre personas o bien comentarios ofensivos en twitter que se transforman en “trending topic”, y esto me hace pensar en lo terrible que debe ser sufrir bullying en una plataforma sin fronteras.

El bullying no es algo nuevo, si bien antes no se conocía este término gringo, el abuso en los colegios siempre ha existido. Pero hoy surgió una agravante a esta lamentable situación y es que con  internet ha nacido el cyberbullying.

El cyberbullying se está haciendo cada día más común y cada nueva plataforma representa un nuevo medio para llevar a cabo este daño. El problema es mucho más complejo que el bullying tradicional, ya que por ejemplo, el tema del acoso estudiantil se soluciona con el cambio de ambiente escolar, pero gracias a las redes sociales, eso ya no basta.

Este cyber acoso está cobrando vidas en todo el mundo. Un claro ejemplo es el caso de Amanda Todd, una joven canadiense de 15 años, que tomó la mala decisión de sacarse una foto a torso desnudo y compartirla por redes sociales, y se convirtió en el detonante del acoso estudiantil, que la llevaría a quitarse la vida; sin embargo,  momentos antes de su suicidio,  subió un video contando su historia, transformándose este testimonio en un ícono contra el cyberbullying.

Esta situación no es lejana a nuestra realidad, en Chile ocurrió un caso similar con una estudiante de El Nido de Águilas. Luego de esto el tema del cyberbullying estuvo un tiempo en boga, a consecuencia de lo llamativo del caso y el estatus del colegio, pero prontamente quedó en el olvidó sin que evidenciaran medidas como país.  No puedo dejar de preguntarme, ¿El ciberbullying habría causado el mismo interés mediático si se hubiese producido en un colegio como el mío, con un gran porcentaje de vulnerabilidad?

Según un estudio de la ONG internacional Bullying Sin Fronteras, aumentaron en un 25% las denuncias por maltratos en colegios chilenos. Y algunos psicólogos infantiles plantean que para prevenirlo es importante que los profesores conozcan a sus alumnos. Veo que esta medida es difícil con 45 alumnos en sala, pero podría mencionar a tres docentes que identificarían el cyberbullying, la profesora jefe, la profesora de lenguaje y el profesor de historia. Las razones que me llevan a pensar que ellos notarían si alguno de nosotros está siendo acosado, son porque sus asignaturas permiten espacios de reflexión y sobre todo porque se han preocupado de formar un lazo afectivo con nosotros y eso es lo más importante.

El ciberbullying debería ser criminalizado. No obstante, escuché a un comisario de la brigada investigadora del cyber crimen señalar que esto no está tipificado como delito, por eso las sanciones no son muy altas; además, los menores de edad, son inimputables. Pese a esto, la Brigada de Ciber Crimen realiza capacitaciones a colegios para enseñar a prevenir y afrontar este tipo de situaciones.

Considero que como país debemos tomarle el peso al cyberbullying. Son muy necesarias campañas de concientización por parte del Estado y los medios de comunicación masivos, además del análisis de las sanciones judiciales y de la orientación por parte de los padres y el colegio.

Hay que hacerlo por Amanda, por Katherine y por todas las víctimas, sí por  las víctimas de aquellos “matones ocultos en las redes sociales”.

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