Autor Camilo Ojeda
Diario La Flecha Andina, Instituto Chacabuco (Los Andes)
La cantidad de extranjeros en la zona ha crecido de manera alarmante, estando en boca de todos los habitantes de nuestra queridísima ciudad y transformándose en un tema que divide a la población. Hay quienes aceptan y ven con buenos ojos la llegada de ellos y otros que se oponen fuertemente, discriminando sin miramientos a estos compañeros.
Cuando vemos a un trabajador haitiano en la calle pensamos en qué tragedias tuvo que haber sorteado para vivir de manera constante en nuestra comunidad, pero muchas personas tan solo al verlos comienzan a insultarlos y mirarlos de manera despectiva, despreciando todo el esfuerzo diario de estas personas que solo vienen a trabajar y mejorar nuestra sociedad.
La situación cada vez se vuelve más incontenible, miles de personas se sitúan en Chile para lograr tener un futuro próspero y ayudar a sus familias y solo encuentran insultos, abusos, manipulaciones y malos tratos por parte de los chilenos.
Como sociedad tenemos que incluir, respetar y confiar en que estas personas vienen solo a buscar nuevas oportunidades, mejores realidades y nosotros aprendemos de sus costumbres, obtenemos sus conocimientos y adquirimos de ellos un fuerte legado cultural.
Los chilenos nos quejamos que nos quitan el trabajo y nosotros no aprovechamos las oportunidades laborales que se nos presentan por considerarlas indignas. Ellos solo toman este trabajo para subsistir, trabajos que quizás no sean los mejores, donde los inmigrantes que no manejan las leyes laborales son expuestos a tratos inhumanos, extensas jornadas laborales y salarios miserables, y ¿qué hacemos nosotros para evitarlo?
Nada, solo nos quedamos en nuestra zona de confort, asumiendo que nada está mal, dejando a merced de personas de mal corazón a gente que solo quiere ver a su familia feliz, gente que piensa y quiere al igual que nosotros, pero nosotros les cerramos las puertas, les bloqueamos cualquier entrada a una vida digna que cualquiera merece.
En este ámbito nos falta cultura ética y cívica de conocimientos en términos humanos. Nos falta empatía y en eso queremos enfatizar, que cada persona cumpla su rol social, ayudando y protegiendo al desvalido, para que así podamos crecer como personas. De esta manera también se pueden conocer realidades distintas a las nuestras, solo así generaremos una verdadera conciencia en nuestra sociedad.
Denunciar estos actos es lo principal, quizás un simple hola, o un te ayudo serviría para empatizar con estas personas, no es necesario hacer una gran obra para cambiar algo, solo con una sonrisa, un pequeño acto de cariño bastará para sanar esa herida de estar en un país desconocido, con gente que no conocen de nada y poder estar en paz con estas mismas personas.
Creo que la principal acción va con el corazón y hay que ser consciente de los actos que se realizan en pro o en contra de otras personas, porque al menospreciarlos solo agigantamos la brecha que nos separa de ser una sociedad inclusiva a ser solo unas personas de máscaras que no se preocupan por lo interno si no que solo por lo superficial.


















