El Teatro Enrique Molina Garmendia, construido a comienzos del siglo XX por encargo del rector del entonces Instituto Literario, maravilló durante décadas a la comunidad penquista. Hoy, sin embargo, solo transmite nostalgia debido a su deterioro.
Autores: Antonia Contreras y Cristóbal Gatica
Diario Centennials, Colegio Marcela Paz (Concepción)
Desde comienzos del siglo XIX, cuando Chile vivía el proceso denominado “Organización de la República”, la Provincia de Concepción pasaba por dificultades producto de una terrible crisis económica reminiscente de la Guerra de la Independencia.
Sin embargo, esto no impidió que surgiera el temprano interés por fundar un colegio público, para que personas de la comunidad y regiones pudieran acceder a la educación. Así nació el Liceo Enrique Molina Garmendia, o Instituto Literario, como se llamó en un comienzo.
En sus inicios, el liceo pudo sostenerse gracias a la disposición de los bienes de los conventos de San Agustín y Santo Domingo. Con el paso del tiempo el instituto fue creciendo, cambiando de nombre, experimentando traslados de un lugar a otro, ganando prestigio social y acumulando un enorme peso histórico y cultural.
Libros en alemán, francés e inglés traídos desde Europa todavía se encuentran en sus dependencias. Personajes icónicos en la historia de nuestro país han egresado de este liceo, como el ex Presidente Juan Antonio Ríos, el poeta Gonzalo Rojas, el animador Raúl Matas y los futbolistas Pedro Morales y Arturo Sanhueza.
Inicios del teatro y los terremotos del ’39 y el ’60
Pese a su prestigio, en 1916 el liceo aún no contaba con un salón de actos, que era esencial para fomentar la educación artística y recreación de los alumnos y la población penquista. De ahí nació la idea de construir un teatro, que más tarde pasaría a llamarse Enrique Molina Garmendia.
El ingeniero de Obras Públicas de ese entonces presupuestó la obra en $ 13.000, aunque se invirtió mucho más, debido a que el rector y profesor de historia, Enrique Molina Garmendia, solicitó apoyo monetario al Ministerio de Educación, a la municipalidad y a otras personas, logrando reunir $ 50.000.
El proyecto estuvo en manos del arquitecto chileno Onofre Montané Urrejola, e inició su construcción en 1929, terminando en 1935, con un estilo arquitectónico neoclásico en su fachada y un diseño art déco en el auditorio.
Con el transcurso de los años, el teatro fue manteniendo su elegancia y exclusividad, y nunca perdió relevancia dentro de la ciudad. Por desgracia, con el terremoto que afectó a Chillán y sus alrededores en 1939, la fachada sufrió daños, pero no quedó totalmente destruida, por lo que siguió funcionando con normalidad.
Eso, hasta la llegada del terremoto de 1960, de 9.5 grados de magnitud y el más fuerte del que se tiene registro. El movimiento telúrico dejó gravemente dañado el recinto, y lo que era una obra de arte para todos en ese momento, se volvió escombros, por lo que debieron ser deshabilitadas las áreas con mayor riesgo de ceder.
El último terremoto que afectó a Concepción fue en 2010, cuando el recinto ya estaba completamente abandonado.

Penquistas anhelan la restauración
Pese a los problemas que se generaron, aún existen personas muy vinculadas al teatro y su historia que piden con ansias su restauración. Entre ellos está Osvaldo Sepúlveda Coddou, quien fue parte de la última generación que se graduó dentro del icónico recinto.
“Cuando nos despidieron de sexto Humanidades en el año 1969, fue la última vez que se utilizó el teatro para una actividad del Liceo de Hombres de Concepción, llamado ya en esa fecha Liceo Enrique Molina Garmendia», recuerda Osvaldo.
«En aquella fecha, el liceo tenía mucha matrícula y los sexto de Humanidades eran varios cursos, de la ‘A’ hasta bien avanzado el abecedario. Me acuerdo que, en la licenciatura, entramos ordenaditos como nunca, y nos sentamos en un costado de la sala. Al otro lado estaban los padres y apoderados de todos los alumnos», agrega.
«Después nos hicieron subir por cursos, también muy ordenados, y nos instalamos en el escenario. Ahí se cantó el Himno Nacional y el himno del liceo, y se entregaron los premios a los mejores alumnos y los diplomas de licenciatura a cada uno. La gracia es que fue la última ceremonia que se hizo en el teatro del liceo, y en esa estuve yo”, destaca.
Cristian Palma Mella, actual alumno del liceo, señala lo relevante que es para él la denominación del teatro como parte del patrimonio y como historia viva de este país, debido a que antiguamente, junto al Teatro Universidad de Concepción, eran los únicos centros donde se presentaban actos culturales, siendo la cuna del arte en ese entonces. Expresiones artísticas como orquestas y folclore fueron las que mantuvieron vivo el espíritu del arte en la ciudad.
Sin embargo, este joven considera que las personas de hoy en día no valoran la historia del lugar. Los destrozos y garabatos que manifiesta la edificación son prueba del “deterioro de la cultura en Chile”.
“Realmente las cosas, aunque uno no lo crea, tenían mejor calidad antes que ahora […] Lo ideal es que volvamos a mantener y dar valor a las cosas”, asevera.
Esta construcción ha dejado sus huellas en la ciudad de Concepción, y es por esto que para la sociedad representa parte del patrimonio cultural en Chile.
Según palabras de quienes conocen esta historia de cerca, esta edificación de antaño es sin duda la prueba viviente de un pasado casi extinto, que representa los recuerdos de los estilos arquitectónicos antecedentes y un sinfín de historias sobre la forma de vida humana y su evolución.
Reconstrucción cultural
Osvaldo Sepúlveda Coddou indica que “hay proyectos muy importantes de restauración y, según leí en el diario no hace mucho, el teatro se va a poner al día y se va a entregar de nuevo a la ciudadanía y, por lógica, al liceo”.
“Sabemos y entendemos que es imposible recrear el edificio como era en sus orígenes, imposible, pero la idea de poner al día el cajón de escaleras y, más encima la construcción posterior, que es el teatro en sí, me encanta”, señala emocionado el ex alumno.
Para abogar por el rescate de este emblemático recinto, el alcalde de Concepción, Álvaro Ortiz Vera, viajó a la capital para entregar el Estudio de Ingeniería del proyecto de recuperación al Consejo Nacional de Monumentos.
Dicho organismo debe revisar y aprobar el informe para poder postular a fuentes de financiamiento y, finalmente, materializar el sueño de volver a levantar este espacio para la cultura penquista.
Así, el Liceo Enrique Molina Garmendia podrá recuperar el inmueble y darle otra utilidad, reconstruyendo y destacando su valor cultural para la comunidad, y recuperando el esplendor que en algún momento deslumbraba a las personas y a los artistas que pasaron por él.





















