La Pintana promueve la medicina intercultural

La Pintana promueve la medicina intercultural

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Manuel Lincovil cuenta su experiencia como machi, don que le ha permitido salvar las vidas de varias personas desde hace más de dos décadas.

Autora: Kathary González

Diario Renacimiento Cultural, Colegio Cardenal José María Caro 

En La Pintana existen graves irregularidades en el sistema de salud pública, como las largas e interminables filas o la falta de medicamentos en los consultorios. Una solución poco común a este problema es la llamada medicina tradicional, en particular, la medicina mapuche. Este tipo de medicina complementaria ofrece una alternativa diferente, enfocando la salud de las personas hacia un plano holístico.

Hace 18 años el machi Manuel Lincovil se integró con su ruca al consultorio Nueva Extremadura en La Pintana. Una iniciativa que surge como un proyecto llevado a cabo por la Facultad de Enfermería de la Pontificia Universidad Católica de Chile, la Universidad de Ottawa y la Municipalidad de La Pintana. El proyecto busca generar un acercamiento intercultural y reivindicar la medicina tradicional mapuche.

Los pacientes pueden asistir a una sesión con un machi, que realiza terapias alternativas, utilizando plantas medicinales y métodos de sanación propios de la cultura mapuche. También se guía por lo espiritual, haciendo rituales como el machitún o sahumerio, entre otros.

El machi corresponde a una especie de chamán. Para iniciarse en su labor, debe pasar por una serie de rituales. Si los supera,  aprenderá a conocerse y a explotar su don.

El destino de ser machi

Manuel Lincovil cuenta que estuvo destinado a ser machi desde antes de nacer. “Cuando mi Mamá me llevaba en la ‘guatita’, ya sabía que esperaba a un machi. Después cuando uno se da cuenta de su existencia, cuando uno tiene cuatro años más o menos y ya sabe quién es, entonces se da cuenta de que toda la gente te mira diferente”.

“Todos hablan de ti, que eres un niño especial”, declara.

No es sencillo convertirse en machi, señala Lincovil. Él mismo pasó por un arduo proceso de iniciación. “Al comienzo, me enfermé gravemente. Durante un mes y 30 días no pude comer nada, me andaba cayendo solo. Los médicos no me encontraban nada, me hacían radiografías, exámenes y no tenía nada. En el papel estaba sano, pero ya no podía comer, ni caminar. La cabeza se me iba para los lados”.

“Pero yo sabía lo que tenía. Me fui al campo donde nací, en mi comunidad. Allá estuve viendo machis antiguas, y ellas me dijeron: ‘¿Te quieres mejorar, o te quieres morir?’ ‘Si te quieres mejorar tiene que recibir este don, oficialmente, con ceremonias, rituales y todo. Si no lo haces vas a quedar en silla de ruedas o, peor, te vas a morir

“Y yo me dije que a los 35 años no podía morir, así, nada más, porque también tenía hijos a esa altura”, relata el machi, que desde entonces sanó de sus enfermedades y, aún mejor, comenzó a actuar por instinto, a sanar a otros.

Para ello, sin embargo, utiliza medios muy especiales, además del machitún. Don Manuel sana, entre otros medios, a través de la orina. Bebe o lee las micciones de las personas para conocer todo sobre ellas y reconocer el origen de sus dolencias.

“Vamos a tener que luchar los dos”

El machi Lincovil no vacila a la hora de recordar su caso más difícil. Hace 25 años recibió la visita de un sacerdote, que sufría cáncer de próstata. La enfermedad se había esparcido por todo su cuerpo, especialmente en sus huesos. Los médicos comunes le habían diagnosticado la muerte y lo enviaron a su casa, diagnosticando dos meses de vida. En esas condiciones, tuvo que explorar otras opciones. Así llegó hasta Don Manuel.

“Entonces yo le dije: ‘Padrecito, usted se va a mejorar. Pero vamos a tener que luchar los dos”, cuenta el machi. “En la orina aparecía que el curita tenía un problema con el de arriba que no había solucionado. Así que le dije que volviera cuando estuviera listo. Me respondió que no tenía ningún problema. Yo le dije: ‘No sé poh. Así me sale a mí aquí. Y se fue”.

Continúa: “Más adelante regresó, diciendo que yo tenía toda la razón. Que sí había un problemita y que lo había resuelto ya. Así que nos dedicamos a sanarlo. Los machis tenemos también tratamientos para enfermedades complicadas si es necesario. Hay ritos de sanación donde usamos instrumentos distintos. No solamente medicina: infusiones de hierbas que nosotros entregamos. Hicimos rituales y tratamientos.  Se cumplieron los dos meses y no murió; pasaron tres, cuatro, seis meses y siguió vivo. Los médicos tratantes le hicieron exámenes, scanners y no sé qué más le hicieron. Y estaban sorprendidos porque de verdad su cáncer retrocedió”.

“El curita aún vive, 25 años después, aunque está muy viejito. Se llama Luis Rodríguez Tupper. Hicieron reportajes en la prensa de esto. Salimos incluso en Televisión Nacional. Fue un caso conocido”, concluye el machi Lincovil.

 Una alternativa milagrosa

Distintos miembros de la comunidad visitan la ruca del machi. Confían plenamente en los tratamientos que ofrece Don Manuel. Entre ellos, la señora Juanita Peña. “Llegué hasta la ruca en busca de una cura para mi enfermedad. Siempre me sentía cansada, débil y era incapaz de hacer nada. Pensaba que era estrés o anemia, no sabía. Luego hicimos el tratamiento de la orina con el machi y me dijo que era algo en mis dientes. Yo no le creí y me fui de la ruca, decepcionada”.

Pero más adelante, Juanita descubrió, sorprendida, que sufría de una grave infección a las encías. Y que eso le estaba provocando una serie de problemas asociados. “Podría haber muerto, incluso” dice, muy agradecida. “Si hubiese hecho caso al machi, tal vez podría haber mejorado antes. Por eso ahora, lo recomiendo a todos mis conocidos”.

Y no son pocos. Buena parte del vecindario de Juana Peña hoy se entrega en cuerpo y alma a la medicina tradicional del machi Lincovil. Personas que, de otra manera, tal vez no pagar un tratamiento de otro tipo en el sistema de salud nacional.

Es importante tener en cuenta los beneficios de utilizar terapias alternativas a la salud, como también el aporte cultural que representa el hecho de utilizar la medicina mapuche. La Pintana es la comuna con mayor población indígena de la Región Metropolitana. De acuerdo al Censo del 2017 en la comuna de La Pintana hay una población de 11.647 mapuches (6,13%).

Cabe destacar que en la Región Metropolitana solo hay dos machis garantizados por la Conadi, los que son el propio machi Manuel Lincovil y el machi Agusto Aillapan.

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