Es de esas personas inquietas que cada día le sonríe a la vida. A sus 36 años, se declara una persona feliz, tanto en la parte humana como en lo profesional. Madre de Tadeo y embarazada de su segundo hijo, comenta sus éxitos, penas, temores y desafíos.
Autora: Rosario Hevia Zepeda
Diario La Gazzetta della Scuola, Scuola Italiana Alcide de Gasperi, (La Serena)
Simple y risueña, aunque muy aguda al momento del análisis, María José se describe como una mujer enérgica, curiosa y consciente de su abundancia.
En franca conversación con nuestro diario, María José Bello, Pepa como la llaman sus amigos, nos regala una de sus más encantadoras sonrisas.
Esta joven actriz ha encarnado muchísimos roles en su corta pero exitosa carrera. Normalmente nos acostumbró a verla a través de la pantalla como la niña dulce, divertida y hasta desinhibida. No obstante, este año destacó en uno de los roles más controvertidos de los últimos años en televisión: el de Bárbara Román, una profesora que vive un tormentoso amor homosexual con Mercedes durante la conservadora década del ’60 en nuestro país, de la teleserie «Perdona Nuestros Pecados», de Mega.
«Cuando chica quise ser humorista»
¿Qué recuerdos tienes de tu paso por el colegio?
De la Scuola Italiana tengo los mejores recuerdos. Tengo las amigas de la vida, las serenenses; siempre nos juntamos. Era una institución que se estaba recién iniciando, fui la segunda generación en egresar, fui la primera presidenta del Centro de Alumnos. Siempre he sido bien politiquera, armé con mis compañeras un cuento, manifestamos que queríamos ir con pantalones, no más jumper, y finalmente ganó nuestra lista. Ahí inventamos el primer grupo de teatro con la profe de Castellano. En fin, son tan lindos recuerdos, en especial ahora que veo a estas alumnas, veo que tantas cosas se mantienen, plantamos los primeros arbolitos que ahora deben estar grandes. Imagínense que yo salí de la Scuola el año 98.
¿Qué fue lo que llevó a decidirte por la actuación?
Una de las personas que encauzó en aquellos años mi amor por la actuación fue precisamente mi profesora de Teatro y Castellano, Viviana Paredes. Siempre como que encubrí el teatro, decía voy a estudiar psicología, y después teatro psicológico, voy a estudiar periodismo y después voy a dedicarme a una academia, pero la Miss Vivi me decía “parece que te gusta y lo haces bien”.
Hacíamos el taller y lo hacíamos súper bien, ganamos unos concursos, aunque éramos muy inexpertas, de repente. En vez de calificar un libro, la profe me ponía nota por actuar, o sea reemplazaba la nota del libro.
Cuando chica quise ser humorista, pero ahora jamás haría humor, por ahí partí, y de ahí lo fui encauzando hacia el teatro. Me encanta el stand up comedy, pero me da un poco de pudor, quizá un día me atrevo, no está totalmente descartado, aunque no lo pienso reemplazar por la actuación, me encanta actuar y me fascina el drama.
¿Cómo se prepara un personaje? ¿Hay un proceso creativo propio o te basas en investigaciones o referentes reales?
Para armar un personaje ocupo todo: copio de amigas, estudio, saco de la vida diaria, dependiendo del personaje a interpretar. Por ejemplo, para recrear a Bárbara (personaje de la última teleserie) me tocó ser lesbiana en una producción dramática. Para esa interpretación nos reunimos con muchas parejas gay y fue increíble. Eso fue muy estudiado, entrevistamos, preguntamos cómo se conocen, cómo pinchan, casi todas comenzaron a descubrir su sexualidad en el colegio, pero no se atrevían.
Para este rol había que tener en cuenta la época. Si ser lesbiana es complicado hoy, imagínate en los sesenta, y por si fuera poco en provincia. Hoy en día la juventud es mucho más libre, en regiones es distinto, todavía estamos unos peldaños más abajo en apertura de mente, somos más tradicionales, pero en Santiago hay un nivel de apertura con el tema heavy en los alumnos. Yo que soy mamá de un niño chiquito, digo “¡ay lo que me espera!”.
Para preparar un personaje hago mucho lo que se llama observación de campo, es decir, ver en otros, cosas que puedes añadir a tus personajes. Por ejemplo, a una amiga le robé una muletilla que me sirvió para un personaje anterior. Decía “ves tú”, entonces le dije a mi amiga “¡Sole, cagaste!”, y me robé esa expresión, ¡ves tú!
¿Qué es lo más difícil de ser actriz?
Cada proceso es tan distinto, que a veces uno no llega al personaje o hay cosas que no logras. Otra cosa es la crítica, nadie piensa igual a otro, tú puedes encontrar que una actuación es pésima, sin embargo, el público la aprueba, o viceversa. Estás muy expuesto a la crítica, en especial en la televisión, si haces de mala la gente en la calle te trata pésimo. A veces tienes que aguantar que te ves gorda, que eres flaca, que eres fea, todo esto, la exposición a la que nos enfrenta, a que la gente opine de tu vida sin ningún pudor, creo que es lo más difícil, perder la privacidad.
El teatro es distinto, estás menos expuesto, pero trabajas meses preparando una obra y si no funciona, también es una pena. En fin, la exposición emocional de la actuación.
«Esto tiene que ser amor»
Hemos leído que te refieres a tu último personaje como un súper desafío. ¿A qué te refieres precisamente con esto?
Yo estoy dichosa con mi compañerita, Soledad Cruz, porque hemos hecho una súper dupla y gracias a eso esto ha funcionado. Ambas tenemos la convicción de que hacer televisión debe ser una acción política. Nosotras hemos puesto nuestra opinión, le dimos amor a esta relación, tanto amor que la gente más tradicional quisiera que ellas se queden juntas. Quisimos mostrar el amor de manera transversal, más allá de la homosexualidad.
Nos hemos encontrado con un montón de chiquillas adolescentes que a través de las redes sociales nos escriben cosas como “por fin le pude contar a mi mamá que amo a otra mujer”. Me parece increíble que sesenta años después todavía siga siendo tema. Qué pena que me entrevisten por algo que debiera ser libre y normal, con Sole (Soledad Cruz) somos a las que más entrevistan, y qué lata que sea porque aún no se ha normalizado ser gay, que te guste alguien del mismo sexo debiera ser normal, a nadie lo entrevistan porque tenga una opinión heterosexual.
Viéndolo desde otra óptica, ha sido súper potente para nosotras ser capaces de encarnar estos personajes en un año que se ha hablado del transgénero, adopción y homosexualidad. Sesenta años después todavía estamos en un país muy cartucho, pacato, donde hay un abismo entre el discurso y la acción. Con la gorda –como cariñosamente se refiere a su partner de actuación Soledad Cruz- una vez nos paró un matrimonio que bordeaba los setenta años; él de terno y corbata, ella de collar de perla, y el señor se nos acerca y nos dice “yo no soy de esos, pero es bonita su historia y ojalá que se queden juntas”. Eso me encantó, porque el amor está por sobre el repudio que le puede causar que sean lesbianas.
Ha sido más fácil actuar con Sole que con un hombre, porque nos entendemos, hasta para taparte el pelo te ayudas. Debo reconocer que a priori pensé que iba a ser más complicado, pero no fue así, porque somos minas, nos apañamos en todas, hasta en lo más doméstico. Por ejemplo le digo que no quiero que se me vea esto en una escena, entonces ella pone la mano y me lo tapa. La Sole es total.
Estos roles los tomamos muy en serio, nos dijimos «nos tenemos que amar, esto tiene que ser amor contra viento y marea», y cuando tenemos nuestros primeros acercamientos más íntimos, tenía que ser con el nervio del verdadero amor, nada externo ni maqueteado. El amor femenino es más sutil, por eso mismo choca menos a mujeres y hombres. Si hubiese sido homosexualidad masculina, hubiese sido más brutal. A pesar que se han mostrado en otras teleseries relaciones homosexuales, esta por lejos es la más osada.
Para nosotras fue súper heavy, difícil, porque teníamos escenas bien subidas de tono. Uno tiene pudor, también le da vergüenza, uno no anda todo el día en bikini, más bien tapadita. Además estas escenas son con compañeros de trabajo, por lo tanto, insisto en que existen y afloran muchos pudores.
¿Pensaste que el personaje de Bárbara y Mercedes (Soledad Cruz) calaría tan hondo en nuestra sociedad?
Por el contexto país, hoy se hace necesario hablar, no esconder la cabeza. Por ejemplo, en la época de Gabriela Mistral, hace pocos años se supo que estaba enamorada de una mujer, Doris Dana, que fue su novia. Era un secreto a voces, pero nunca se hablaba.
¿Cuáles son tus próximas metas?
Mis energías están puestas en lo inmediato, en ser madre de nuevo. Tengo cuatro meses de embarazo, ustedes son los primeros en saberlo, ya lo puedo contar porque ya está más firme, así que el pequeñín viene bien. En el aspecto laboral no voy a poder seguir grabando por un tiempo por razones obvias, pero al mediano plazo me gustaría hacer más teatro, quiero volver a las tablas con todo. Esos proyectos estaban medios olvidados, ahora estoy con muchas ganas de entrar en proyectos teatrales y me encantaría hacer cine, pero la verdad es que no hay ninguna oferta concreta. Maternidad, teatro, proyectos televisivos y cine a largo plazo y, por supuesto, seguir siendo feliz. Mi hijo tiene una familia mejor que la que tuve yo y así uno va mejorando la especie.
La vida hay que vivirla contra viento y marea
María José Bello Pérez, Pepa como le encanta que le digan, nació en Valdivia un soleado 30 de octubre de 1980. “Siempre rescato que mi madre fue una abnegada profesora”. En tanto de su padre, bueno, irónicamente lo señala como muy simpático, aunque la mayor parte del tiempo ausente. Luego pasó algún tiempo en Santiago, aunque terminó sus estudios secundarios en La Serena.
Estudió teatro en la ARCIS (Universidad de Artes y Ciencias Sociales). Nunca sintió que ser de provincia fuese un impedimento, de hecho, es lo que le gustaría inculcarle a sus hijos, “en realidad querer de verdad es poder”; remarca que nunca tuvo ningún “pituto”. Reconoce que en La Serena estaban bien alejados del mundillo actoral, cuando llegó a la capital era súper provinciana, según ella se le notaba mucho ser de región en la Escuela de Teatro, era obvio el desplante avasallador de los santiaguinos, se sentía a años luz de sus compañeros, pero le gustaba tanto la actuación que siempre le dijo a su familia que le iba a ir bien. Para ella “la convicción lo es todo”.
“Lo importante siempre es escoger algo que de verdad te ralle la papa, porque así y todo hay momentos difíciles, igual que en los pololeos cuando uno lleva mucho tiempo y vive situaciones complejas, se dice ¿lo amo o no lo amo? Sí, lo amo, entonces sigo y te va a ir bien. En lo profundo si te sigue gustando te va a enamorar cada día”.
Debutó profesionalmente, el año 2005 en TVN, en un rol secundario; luego emigró a Chilevisión, donde ya tuvo un rol co-protagónico; luego a Canal 13, lugar donde estuvo por mucho tiempo e hizo su primer protagónico en la teleserie Las Vegas (Antonia Vega). De allí el 2015 se fue a Mega, donde interpretó a Julieta Lizama, protagonista de Eres mi Tesoro. A pesar de que el papel de Perdona Nuestros Pecados fue secundario, ha sido uno de los que más ha marcado su carrera. Hoy se encuentra felizmente casada con el arquitecto y roquero Mauricio Pichara, es madre de Tadeo y espera a su nuevo hijo.





















