Ubicado en la comuna de Maipú, específicamente en la Villa Cuatro Álamos, Ceibo es una comunidad que nace para resignificar el uso del suelo desde una perspectiva sustentable y así crear uno de los primeros puntos verdes de la comuna.
Autora: Vanessa Francisca Escudero Flores
Diario La Quinta de Abril, Colegio Particular Alicante (Maipú)
La ciudad y sus edificaciones muchas veces destruyen parte del medioambiente con el objetivo del desarrollo de una comuna. Hay muchos que defienden esta postura, pero hay otros, que están dispuestos a trabajar con esfuerzo para mantener el ecosistema y el lugar donde viven, asegurando de esta manera un mejor porvenir para las generaciones futuras.
En uno de los sectores residenciales de Maipú, cercano a la plaza, hay un grupo organizado, que se formó el 2004, tras la amenaza de la tala indiscriminada de uno de los pocos pulmones verdes que, para entonces, poseía la Villa Cuatro Álamos.
Los vecinos sensibilizados por el conflicto, que buscaba la edificación de un colegio al costo de la eliminación de aproximadamente 120 árboles, crearon en defensa del pulmón verde el Centro Social, Cultural y del Medioambiente: Ceibo. Sin embargo, la construcción del colegio fue inminente y, con ello, la desaparición de esta área verde.
La eminente sensación de derrota de los vecinos tras la muerte de su parque los impulsó a organizarse y establecer metas que fuesen en función de resolver los conflictos medioambientales de ésta y otras comunidades.
Después de catorce años, Ceibo se ha convertido en un espacio que alberga una gran cantidad de iniciativas tanto sociales, políticas como medioambientales, reconstruyendo, de esta forma, el tejido social dañado y resignificando el uso del suelo, luego que el gobierno compensara a los vecinos con casi cinco mil metros cuadrados de terreno donde se encuentra Ceibo y otros organismos municipales que han dado forma al proyecto ecobarrio.
Una cosa lleva a la otra
Para levantar Ceibo fue necesario que los vecinos, que para entonces estaban encabezados y representados por los dirigentes del comité que se formó en torno a la defensa del parque, postularan a un proyecto denominado PNUMA, el cual les permitió sentar las bases de su organización social.
Gracias a aquel proyecto los vecinos pudieron acceder a una serie de recursos que hoy son su sello: un panel fotovoltaico, un biorreactor para realizar compost y humus, indumentaria para el cultivo de verduras, riego por medio de colector de aguas lluvias y un invernadero.
“Acá la gente viene y nos pide cosas, plantas medicinales, calanchoe, por ejemplo, que sirve para el tratamiento contra el cáncer, los vecinos saben que aquí nos pueden pedir de todo, porque esto también es de ellos”, así nos cuenta la actual directora del centro, Claudia Vergara.
Pero no todo quedó ahí, con el correr del tiempo Ceibo ayudó a levantar la Junta de Vecinos y el Club del Adulto Mayor, los que se encuentran en el sitio aledaño. A partir de esto, la comunidad validó su trabajo y se convirtieron en un referente para la comuna. “Es un orgullo para nosotros haber levantado la Junta Vecinos y no al revés, pues casi siempre son estas las que promueven la integración y participación ciudadana, pero en este caso fue distinto”, comenta Claudia.
Más allá de Cuatro Álamos
La existencia del centro ha traspasado sus fronteras y hoy son muchos los vecinos que vienen desde distintas partes de la comuna a dejar material para reciclar, “somos una organización completamente autosustentable y autogestionada. Hay gente que desarma sus casas y nos pide ayuda con los desechos, nosotros los traemos y los reciclamos, dándoles un nuevo uso”, explica su directora.
De igual modo, el centro cuenta con un punto verde destinado al reciclaje, pero como relata Marcelo Correa, miembro del centro desde su fundación, “acá la gente confunde punto verde con punto limpio y nos vienen a dejar basura, todavía falta mucho por educar”.
En la actualidad, Ceibo trabaja creando redes y abriendo sus dependencias a una decena de otras organizaciones que no cuentan con un espacio físico para llevar a cabo su labor, “acá vienen de distintas partes, hay un grupo de estudiantes universitarios que prestan servicios pedagógicos, vienen de universidades a dar charlas o incluso a ver nuestro trabajo. Vienen a aprender de nosotros y ahí estamos para enseñarles, incluso han venido organizaciones de otra partes del mundo, así como vecinas que necesitan el centro para actividades solidarias, aquí es un punto de encuentro, lo único que pedimos a cambio es que cuando necesitemos de ellos nos vengan a ayudar”, así comenta la actual directora.
A su vez, Ceibo presta ayuda a otras comunidades, tales como colegios, con proyectos recreativos y deportivos, abre sus puertas a operativos médicos gratuitos y también realiza cicletadas patrimoniales a cargo del secretario del Centro, Carlos Contreras, quien en su vehículo de dos ruedas va apoyando diversas causas medioambientales.
La familia Ceibo
El centro hoy está compuesto por 25 miembros estables y se solventa económicamente por medio de las donaciones realizadas por las personas externas que hacen uso de sus dependencias, “como el centro está abierto a todos los vecinos y vecinas, aquí vienen hacer actividades y luego nos dejan dos o tres mil pesos como agradecimiento por haber ocupado el lugar», nos explica su directora.
En cuando a la participación, “aquí nadie está obligado a venir, los que pueden vienen en la semana o los sábados, pero el domingo sí o sí aparecen todos, porque ese es nuestro día oficial y sagrado de trabajo, nos reunimos para realizar jornadas de mantención y producción del centro”, señala Claudia. A su vez, Carlos Correa, secretario, agrega “Ceibo es todo para mí, paso más tiempo aquí que en mi casa, siempre hay cosas que hacer, el día se pasa volando”.
Reunidos por el amor que sienten por las causas sociales los miembros de Ceibo se reúnen, por lo tanto, todos los domingos en torno al trabajo comunitario, acompañados de un almuerzo comunitario que elaboran ocupando su cocina solar y su horno de barro.
Otros servicios: La Biblioteca Ceibo
Las instancias educativas de Ceibo cada día toman más fuerza. En este último tiempo, el Centro, gracias a la ayuda comunitaria de vecinos y vecinas del sector y de un gran trabajo de recopilación por parte de sus integrantes ha levantado un proyecto de biblioteca popular.
La biblioteca, que posee el mismo nombre que el Centro, está compuesta de más de mil ejemplares de diversas áreas de estudios, pero el enfoque está, principalmente, en aquellos temas sobre el cuidado del medio ambiente y políticas públicas relacionadas al tema.
Pese a que el proyecto se ha concretado recientemente, esta ya ha participado de diversos encuentros de Bibliotecas Populares. Espacio donde se ha reflexionado sobre el poder y lugar del libro en el mundo contemporáneo y cómo este se ha transformado en una mercancía.
Producto de lo anterior, es que Ceibo y sus libros a disposición han querido mantener el enfoque social de esta labor, convirtiéndose en un mediador, facilitador y democratizados que sistema que acerca la lectura a la comunidad del sector.
“Nosotros vamos a los colegios a pedir la lista de libros anual y luego pegamos la información de los libros disponibles en carteles informativos para los vecinos. Cualquier persona presentando una boleta de la luz o el agua de su domicilio puede llevarse un libro a su casas”, nos especifica la directora del centro.
En cuanto a los trabajos a futuros, les queda al centro una enorme labor de clasificación e inventario de sus libros, así como un constante trabajo que refuerce su red de apoyo, el acceso a la biblioteca y la difusión por medio de múltiples actividades de extensión para que un mayor número de usuarios pueda hacer uso de ella.





















