En una embarcación de totora y madera, sin clavos o materiales metálicos, participó en proyecto para comprobar que las culturas polinésicas conquistaron gran parte del océano navegando de esa manera.
Autoras: Catalina Soto, Martina Herrera y Samantha Espinoza.
Diario Mata o te Poki Ma’ara, Colegio San Sebatián de Akivi. Rapa Nui.
Esteban Teao Atan, navegante rapa nui de 60 años, conoce el mar como la palma de su mano y ha recorrido gran parte de él a bordo de un Mataraŋi, una embarcación de totora y madera.
Tuvo muchos problemas en el camino pero logró salir adelante con su tripulación. El objetivo, aprender y conocer más la cultura polinésica y, a través de su sistema de navegación ancestral, abrirse paso a otras culturas.
De fondo una hermosa postal que comprende desde el Ahu Riata, pasando por los botes hasta la bahía de Hanga Piko. Todos estos elementos hacen propicia la entrevista a Esteban quien comienza el relato de su historia con los fuertes rugidos del mar a lo lejos.
El viento sopla…
¿Qué lo motivó a navegar por el mundo?
El mar. Me crié en este océano, pasé toda mi niñez y adolescencia en Rapa Nui, así es que quise volar y conocer más de mi cultura a la usanza ancestral.
Por esta razón decidí participar de este proyecto que consiste en comprobar que las culturas polinésicas conquistaron gran parte del océano navegando. Eso es lo que intentamos probar y lo hicimos.
¿Cómo construyeron la primera embarcación?
La Mataraŋi I, la construimos en Anakena. Está hecha de totora y de madera. No se usa el clavo, o materiales metálicos porque antiguamente no usaban ese tipo de materiales, es una construcción más primitiva.
¿Cuál fue su primer viaje y cuáles fueron sus resultados?
En el primer viaje salimos de Anakena. En ese viaje, cuando se cumplieron los 22 días hubo un temporal que destruyó todo.
Íbamos rumbo a Tahiti y nos quedamos en el océano. Estábamos en el mar, rodeados por pedazos de totora y los juntamos, porque si algo tiene la totora es que nunca hunde. Ahí esperamos 3 días y medio para que nos rescataran, había un yate americano que venía desde Chile que pasó por la isla y la marina le avisó que tuvimos un problema, y así nos rescataron.
En alta mar
Nos imaginamos que al estar navegando les surgieron muchos imprevistos ¿Cómo resolvieron todas las dificultades?
Muchos imprevistos, pero nosotros estábamos preparados en tierra para vivir en el mar cualquier imprevisto.
¿A qué otras dificultades se enfrentaron?
Dificultades (piensa unos segundos en silencio) En todos los viajes hubo dificultades, problemas, personas que cayeron al mar y tuvimos que rescatarlos. Es muy peligroso el viaje.
Hay que conocer el mar para sobrevivir el viaje. Así puedes saber cómo defenderte de todos los peligros que vienen.
Por ejemplo, en el viaje fui atacado por un tiburón el cual supimos cómo matar y había un ritual polinésico ancestral que consistía en que cuando un tiburón ataca a una embarcación, tienen que seguirlo hasta matarlo y todos los que van abordo tienen que cocinar el corazón para luego comerlo, pero yo no alcancé a comer. Los japoneses se lo devoraron.
Teniendo en cuenta todas las dificultades que nos ha dado a conocer ¿Por qué decidió embarcarse de nuevo?
Había una investigación sobre los viajes ancestrales, porque los mejores navegantes que hubo en el mundo existieron aquí, en la polinesia. Los polinesios navegaron por todo el mundo, por lo que vinieron a buscarnos.
Cuando uno se mete a esos proyectos nos piden antecedentes, tienes que saber y tienes que conocer el mar, si uno no conoce el mar no puedes viajar ahí.
Es un peligro para tus compañeros y para ti. El miedo siempre está, porque el que no tiene miedo es una máquina. El miedo está día y noche, y uno se asusta todo el día, pero entre más miedo tengas más aprendes.
¿Qué viajes le siguieron al primero?
La segunda Mataraŋi la construimos en Arica, porque estos viajes son un estudio para ir recopilando cómo viajaban antiguamente. Pero todavía no se terminan los viajes, porque vienen otros.
Hay un libro detrás de todo esto, yo mismo lo estoy escribiendo. En este libro hablaré sobre los cuatro viajes que hicimos y los peligros que vivimos, las necesidades y el miedo, es sorprendente lo que pasa ahí.
Cuando uno se aleja de la tierra ya esta pensando en la familia. Es terrible, pero después se pasa y uno siente como si viniera del mar.
Tierra a la vista
¿Qué lugares conocieron y cuáles fueron sus favoritos?
La verdad todos los lugares son lindos, todos los lugares a los que llegamos. Al ir como el embajador cultural de la isla, tengo que reunir información para mostrarla y enseñárselas a ustedes: los niños de Rapa Nui.
Es lindo todo lo que se vive pensando desde el mar. Como rapa nui diría que el lugar más bonito es la isla (ríe por la declaración realizada).
Sin embargo todas las culturas son lindas, los árabes, los japoneses, los chinos, los españoles, los peruanos, los chilenos, todo es maravilloso, la gente. Todo.
¿Cuál fue el viaje más difícil o el lugar al que más les costó llegar?
El de Arica, a las islas marquesas. Cuando salimos de Arica estuvimos navegando como 10 días, dormimos, comimos, tallamos en la madera, todo muy lindo como si se tratara de un palacio, hasta que llegamos a la línea del ecuador.
Todos los días un compañero y yo veíamos debajo de la embarcación qué era lo que pasaba con las cuerdas. Porque todo se tiene que revisar siempre. Resulta que empezó a crecer alga debajo de la embarcación.
Una noche, mientras dormíamos, se subieron jaibas chicas. Cuando bajamos a bucear al otro día, estaba lleno. Claro entre todas las algas estaban las jaibas y empezaron a aparecer peces chicos y, como sale en el ciclo de la vida, el más grande se come al más chico.
Empezaron a llegar peces más grandes. Uno de ellos se llama mahe – mahe, teníamos que pescarlo para comer y desde ese momento empezamos a comer pescado hasta llegar a las islas marquesas.
La dificultad fue que la embarcación se partió a la mitad, ya que llegaron unas termitas de mar que se comieron todas las cuerdas, provocando que la embarcación se abriera por el medio. Era algo incontrolable y tuvimos que tomar una decisión y cortarlo, partir la balsa por el medio, unir las cuerdas que estaban arriba en los mástiles y volver a amarrar la parte de atrás donde estábamos.
Con en ese pedazo de embarcación y con un mástil llegamos a las Islas Marquesas.
Causan mucha curiosidad sus aventuras ¿Cómo dormían, comían o iban al baño?
No. No había abastecimiento en el camino, ya que desde que sale la expedición se da aviso a todo el mundo, para que ningún barco que se pueda acercar a nosotros, o sea, el mar es tuyo desde ese instante.
Dormíamos en casas arriba de la embarcación habían ocho camas hechas de bambú y cuerdas. Eran como una hamaca.
En cuanto al baño, el mar era nuestro (dice entre risas).
¿Cuántas personas iban a bordo y quiénes eran?
Iban de diferentes países. Por ejemplo, en la Mataraŋi I, con la que salimos de Anakena, éramos 13 personas de aquí y un español.
En la de Arica éramos ocho personas, tres rapa nui, dos japoneses, un chileno, un español y un aymara.
Proyecciones en tierra
¿Cuál es la proyección de las Mataraŋi? ¿Se podrán seguir viendo?
Producto del viaje de la Matarangi I, quiero construir una réplica de la embarcación en Anakena, el mismo lugar en donde se construyó la primera. Dejarla ahí para que todo el mundo la vea y no olviden que así eran las embarcaciones de antaño.
Primera vez que se realiza una construcción de tal envergadura acá en la Isla. La idea es fabricarla en Anakena e instalarla ahí mismo.
Es fácil concretar este proyecto, 10 días demora la construcción de totora y madera. Yo sé que la gente apoyará mi proyecto.
Mensaje en una botella
Llama la atención su perseverancia para lograr sus metas. Este es un concurso de periodismo hecho por estudiantes y para estudiantes ¿Le gustaría enviar algún mensaje o reflexión?
Obviamente que sí. Mi mensaje para los estudiantes, niños y niñas, es que llevamos una larga investigación y explicarles a las niñas que en nuestros viajes no llevamos mujeres.
Por mí hubiese llevado mujeres, porque conocí a muchas que hubiesen sido capaces de hacerlo.
A este viaje yo entré por mi currículum.
Me gustaría que los niños y niñas se prepararan para un viaje así ¿cómo? Ahí está: el mar. Tienen que conocer el mar a fondo. Dedicarse al mar. Estudiar el mar. El mar, el mar, el mar.
Porque tú sales de aquí y, por ejemplo, hay pájaros, hay atunes, albacoras, tiburones, delfines, hay de todo. Es lindo, pero es muy peligroso a la vez. Por eso los niños tienen que aprender aquí en la isla o donde sea.
Conociendo bien el mar, pueden realizar estos viajes. De lo contrario, no podrían. Si te embarcas sin saber, puedes poner en riesgo a tus propios compañeros. El viaje es lindo, es precioso.
Por mí, que todos los niños y las niñas viajaran así, pero el peligro no se los aconsejo, porque estos viajes son siempre peligrosos, no son seguros.
La única seguridad que tienen es que la totora no se hunde, pueden pasar tres a cuatro temporales y se mantiene ahí. Si lo vuelves a amarrar, tienes casa para seguir flotando.





















