Juan López no es vida solo en verano

Juan López no es vida solo en verano

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El conocido balneario de Antofagasta, es uno de los destinos obligados en la época estival, ya sea por su playa, el sol o la gastronomía en base a productos del mar. Pero, ¿qué pasa durante el resto del año?

Martina Navarro Chávez

Diario el Tatio, Colegio Santa Teresita, Antofagasta.

El balneario Juan López, ubicado en Antofagasta, es principalmente conocido por la gran cantidad de turistas que frecuentan esta parte de la ciudad en los meses de enero y febrero. Pero, ¿vivirá gente en este lugar durante el año? Y de hacerlo, ¿se preocuparán de las necesidades que este poblado pueda presentar durante los meses que no corresponden a vacaciones?

Si se habla de preocupación, para el verano del año 2020 está presupuestado un millonario proyecto, gestionado por la junta de vecinos del lugar, que consiste en cerrar la zona costera para dar paso a una remodelación, que tiene como objetivo hermosear y mejorar el sector, con el fin de atraer a más turistas.

Dentro de este proyecto se considera incluso, mejoras para la propia comunidad, pero realmente la comunidad tiene otras necesidades que resultan aún más importantes, como la regularización de terrenos e instalación de alumbrado público y agua potable. Mejoras básicas que siempre involucran a un gran número de habitantes de un sector que, en el caso de Juan López, es incierto, ya que se tiene la idea de que en el lugar solo vive gente en el verano, por lo tanto, cada uno de los servicios básicos se habilitan solo para esa temporada.

Para adentrarse en este tema es necesario comprobar in situ la probabilidad de que familias antofagastinas vivan en el lugar. Después de viajar aproximadamente 40 minutos y subir una empinada cuesta serpenteante, se puede vislumbrar en el horizonte la soledad del lugar, las casas de veraneo con sus ventanas tapiadas, solo dos locales comerciales abiertos, principalmente de comida al paso y un par de turistas disfrutando del cálido sol, pero de gente circulando por sus calles, nada.

Para encontrar a alguna familia, es necesario caminar por calles desconocidas, alejarse de la única avenida asfaltada y adentrarse en el empinado cerro, donde las casas comienzan a mostrar lo aún más desolado del lugar, donde el único ruido que se escucha es el del viento y el ladrar de los perros.

Es en ese escenario donde finalmente aparece un niño que sale en busca de su mascota y junto a él está Juana Aguayo, su abuela. Es precisamente ella quien nos puede entregar más datos sobre lo desolado del lugar, ya que vive en el balneario desde hace 28 años, después de haber recorrido varias caletas de la región.

Su esposo, un buzo de profesión, es quien la motivó a vivir en este lugar. Hablar de Juan López es sinónimo de precariedad y necesidades y la Sra. Juana junto a su familia refuerzan esa idea: “Acá en Juan López no hay nada, todo lo que tenemos lo conseguimos por nuestro esfuerzo, porque ni los de la muni vienen para acá. Solo vivimos 17 personas todo el año, y dos de ellos son chicos, mis nietos, quienes deben salir de acá para estudiar. El resto somos puros abuelitos”.

Su hija, Patricia Escobar, quien visita siempre a su madre, pero no vive en el balneario debido a su trabajo en Antofagasta, señala: “Antes para ir a la ciudad, no había micros y había que ir a dedo cuando no teníamos auto. Pero ahora, hace como dos o tres años, instalaron buses para poder ir a Antofa que te dejan en la feria de las pulgas. Cuesta $1.000, $500 para adulto mayor y $150 para estudiante. Gracias a Dios mi mami, con harto esfuerzo, logró comprarse una camioneta, no es del año, pero sirve».

El aprovechamiento de unos pocos

Al preguntarle a transeúntes sobre Juan López, la mayoría dice “qué ganas de tener una casita ahí para veranear”. En el año 2016, un grupo de personas quiso concretar esta idea, apropiándose de terrenos fiscales, las llamadas «tomas», actividad que no pasó desapercibida y bien lo sabe la familia de la Sra. Juana, quienes debido a estas prácticas perdieron los pocos beneficios que tenían.

«Antes acá había luz y agua, pero como la gente comenzó a tomarse terrenos, optaron por dejarnos sin nada, porque si no ellos también tendrían todo, así que por las nuestras colocamos paneles solares para la luz, para que los niños se entretengan. Pero el agua ahora hay que comprarla en el balneario o en la ciudad, porque el camión ya no viene a dejar agua, y no sabe cuánto cuesta comprarla. Acá la gente se aprovecha, ve que acá es lindo y arman su casa y ni viven acá, pero los que sí, lo hacemos entramos en el mismo saco”, explica.

Mayor seguridad

En la entrada del balneario hay un retén de Carabineros, pero en él no hay nadie. “Solo funciona para el verano”, nos dice la Sra. Patricia. Este lugar, al ser desolado, permite que algunos actúen en total impunidad cuando entran a las casas deshabitadas. “La buena voluntad de un carabinero que se pasea con un foco es la única protección que tenemos durante el año. He tenido que ver cómo dejan casas peladas y no podemos hacer mucho”, se lamenta la Sra. Juana.

Hoy en día, la comisaría más cercana al balneario es la 5ª Comisaría La Portada, ubicada en La Chimba, sector norte de Antofagasta, lo cual para esta familia ha sido un punto positivo en cuanto a seguridad se trata, pero aún no es suficiente para combatir la delincuencia. “Hace poco vinieron en autos a llevarse todo de una casa y los pillaron en el cruce La Portada. Antes eso no pasaba”, asegura Juana.

Hay que vivir en el lugar para dimensionar las condiciones en las que viven, pero la Sra. Juana nos indica, antes de despedirnos: “No cambio por nada el silencio y la tranquilidad, es duro, pero no me veo viviendo en otro lugar más hermoso que este».

Estudiar en Juan López

No es difícil identificar las construcciones que están relacionadas con la entrega de servicios básicos. Hay un retén, una posta, locales comerciales, hostales y hasta una sede para la junta de vecinos. Pero, ¿y la escuela? No existe un lugar que entregue educación en el balneario, y al respecto, Patricia señala: “Mis hijos están en edad escolar, pero ellos ahora lo hacen en la Escuela de la Aviación”. Desde el año 2013 funcionaba en la sede de los pescadores de Caleta Constitución una escuela anexada a la Escuela “Padre Patricio Cariola”, que permitía que los entonces 16 niños de ambas localidades pudiesen estudiar, pero esta posibilidad no entregaba lo beneficios del Estado destinados a los alumnos, por lo que los dirigentes de las respectivas juntas de vecinos y la Corporación Municipal del Desarrollo Social, junto con los apoderados, procedieron a la reacomodación de estos niños, ya que la posibilidad de habilitar un colegio en Juan López es difícil. “Acá no quieren poner colegios, porque falta agua, luz y principalmente niños. Y bueno, en la caleta donde funcionaba antes tampoco, y eso que lo intentamos. Pero lo bueno es que ahora los vienen a buscar y a dejar, la Aviación era lo más cerca”, afirma Patricia.

Es así como la vida se vuelve compleja en Juan López, en cada uno de los ámbitos que los seres humanos consideran importantes: seguridad, salud y educación.

 

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