Durante los últimos años, los índices de preferencia por la lectura han presentado porcentajes bajísimos, sellando a la sociedad chilena como una carente de gusto por la actividad lectora. En consecuencia, en Chile el estímulo por la lectura intensiva y capaz de moldearse a ser uno de los pasatiempos de mayor atractivo, no ha tenido ningún éxito, ya sea por la falta de la masificación del gusto de la lectura o la manera de cómo es impulsada en la educación básica y media. De alguna manera, la aparición de nuevas tecnologías, tales como videojuegos, teléfonos celulares u otros, no son los principales responsables del poquísimo gusto lector que hay en Chile, sino que son factores secundarios.
El eje central de este fenómeno se debe netamente a las medidas que se ponen en marcha para estimular el hábito lector, las cuales no están funcionando debidamente. También el factor económico es importante, pero lo primordial que sustenta al gusto por la lectura en Chile tiene que ver con cómo es estimulada en los colegios e instituciones educativas.
De acuerdo a un estudio del Centro de Microdatos de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile, un 4,8% de los encuestados, cuyo rango etario se encuentran entre los 15 y los 75 años, afirma que su pasatiempo preferido corresponde a la lectura. Asimismo, de dicho porcentaje, un 38%, afirma que lee poco, contrastando con un 16% que corresponde a lectores frecuentes, y un 3% de lectores muy frecuentes. Dentro de estos encuestados, la cantidad de libros leídos por persona no superan los cinco libros en un año, en el margen del 69%, y aquellos lectores muy frecuentes, se enmarcan en un 3% de la población lectora en Chile.
Conforme a estas cifras, lo más aterrante de la situación se basa en cómo comienza y se desarrolla la iniciativa del hábito lector entre la población que sí gusta de leer. La mayoría de ésta, un 36%, dice que la lectura es una iniciativa propia, seguido de un 16% por parte de los padres y un 10% de los profesores, en otras palabras, de los colegios.
Claramente, el bajo índice lector en Chile es un paradigma del cual se habla constantemente, pero nadie ofrece una solución objetiva. Los porcentajes del estudio analizado aclaran todo. Sin embargo, dos porcentajes son los que más causan revuelo. Específicamente, hablando de solo un 4,8% de los encuestados que, prácticamente, les gusta leer y un 36% que lee por iniciativa propia, sumado de un mísero 10% que leen debido a la motivación docente.
Existen otros motivos para preocuparse, especialmente porque dentro de los colegios no exista una masificación por el gusto lector, es abismante. Esto coarta a los niños y los aleja de poder disfrutar el único medio posible para alcanzar el conocimiento, tan beneficioso para enriquecerlos de muchas formas.
Un país de fomento lector, se alcanza únicamente con el verdadero esfuerzo arduo y comprometido del Ministerio de Educación y de los mismos colegios que más allá de hacer su trabajo, se comprometan fielmente a convertir la lectura en un placer y no en un suplicio.



















