Desde 2013 se celebra en nuestro país la Semana de la Educación Artística. Esta conmemoración internacional, impulsada por la Unesco, busca sensibilizar a la comunidad sobre la importancia de esta área, y promover la diversidad cultural, el diálogo intercultural y la cohesión social. Está dirigida a niños, niñas y jóvenes en edad escolar, etapa de la enseñanza donde el desarrollo de las artes y la creatividad cumplen un papel fundamental para generar sujetos más libres y conscientes de su entorno.
Una celebración que se da en un entorno esquivo y complejo para estas materias entrando a la tercera década del siglo XXI. La educación musical y artística, están atravesando un momento de crisis a nivel nacional y global. Los modelos curriculares, incluyendo el de Chile, priorizan algunas asignaturas en detrimento de otras consideradas menos importantes o secundarias.
A principios de este año, sorprendió la noticia que informaba la decisión del Consejo Nacional de Educación de impulsar un cambio curricular a partir del año 2020. Este cambio implica que todos los estudiantes de 3° y 4° medio, tendrán un plan común, que incluye: Lengua y Literatura, Matemática, Educación Ciudadana, Ciencias para la ciudadanía, Filosofía e Inglés. Un plan común de carácter electivo entre Religión y otras opciones que pueden ser Educación Física, Artes e Historia, Geografía y Ciencias Sociales. Cada liceo cuenta con horas de libre elección, que pudieran destinarse o no a la educación artística y musical.
Durante los últimos meses se levantaron voces de alerta y protesta, puntualmente por la calidad electiva que tendrán Historia y Educación Física. La discusión por las asignaturas de Música y Artes, cada vez más relegadas, tienen mucho menor cobertura. Es imperioso reflexionar y conocer las opiniones de los expertos en estas áreas.
En Montreal, Canadá, existe Brams, un laboratorio internacional para la investigación del cerebro, música y sonido. En ese lugar, se encuentra el hogar de más de 60 profesores de renombre internacional. Entre los académicos destaca Robert Zatorre, quien señala que la música tiene un valor por sí misma y que nos aporta placer y emoción, también nos ayuda a controlar el sistema nervioso, por lo que debería ser parte de la formación de todo estudiante. Es algo que permite ir un poco más allá de la vida diaria.
Fernando Gaspar, encargado de creación artística de la Universidad de Chile, amplía el análisis, señalando que el arte es una herramienta poderosa para el desarrollo de prácticas colaborativas durante la vida escolar, también permite a los jóvenes desarrollar valores como la perseverancia y el compromiso. A través de las prácticas artísticas se fortalece el respeto, se estimula el trabajo colaborativo entre pares; y se fomenta la creatividad para solucionar problemas.
Chile del siglo XXI, en plena vorágine tecnológica y de desarrollo económico, social, educativo y con problemas de salud mental en muchos segmentos de la población, necesita cuestionar los pilares y modelos que nos rigen. Pareciera que la música y la educación artística son actores secundarios y eso no puede seguir ocurriendo.



















