Señor Director:
Cada vez que siento desde mi casa el ruido de los autos que pasan por la carretera 5 Sur me pregunto, ¿Cuántos bajarán la velocidad para admirar al gigante amarillo que duerme entre follajes en nuestra comuna? Aunque a esta altura más me desconsuela imaginar cuántos de aquellos automovilistas maravillados por el puente ferroviario que fue considerado en su época el más alto del mundo, deciden cambiar brevemente de rumbo y adentrarse por algún camino que los lleve algún mirador, todo por la curiosidad de ver cómo es, cómo llegó ahí, y por último sentir si aún respira entre las líneas del tren. Encontrándose con un mirador que es un tierral, sin señaléticas de acceso y menos un lugar habilitado con techo y asientos en buen estado, y aún peor con un basural a los pies del gigante que está lleno de vidrios, botellas plásticas, envases de alimentos y papel higiénico.
Pido urgente a mi comuna como a los visitantes, que cuidemos y valoremos incluso lo que no se ve del gigante ni desde la carretera ni de las postales de mi ciudad.
Millaray Ruiz




















