Vuelta al colegio: un anhelo descontrolado

Vuelta al colegio: un anhelo descontrolado

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Por Bruno Quezada

Colegio Palmarés los Cóndores de San Bernardo

Retornar al colegio es algo que esperé con ansias, sobre todo después de dos años de cuarentena. Por fin regresamos a la escuela como si nada hubiese pasado, pero lo cierto es que nosotros, los estudiantes, somos diferentes. Hemos cambiado no solo físicamente, sino que también nuestra forma de pensar y relacionarnos con el entorno. Cada uno con su propia divergencia confluimos en un lugar donde todos deberíamos ser similares y diferentes a la vez.

Desde los primeros días de clases pude notar que el comportamiento en el salón ha sido muy diferente a como lo recordaba. Lo que antes consideraba un “entorno de escape” ahora es un lugar más frágil y complicado. Compañeros con crisis de pánico, más efusivos e intolerantes a la frustración, son parte de este nuevo lugar llamado escuela. Claramente, estos dos años en casa sin relacionarnos con otras personas, fuera del entorno familiar, y con “perfectas calificaciones” hizo que se nos olvidará cómo era estar realmente en el colegio.

Según la información publicada por la Superintendencia de Educación, en los primeros tres meses de clases del año 2022 se registraron 685 denuncias por maltrato físico y psicológico, realizado en su mayoría entre estudiantes. Esta cifra muestra un considerable aumento de 67% con respecto al mismo periodo en los años 2018 y 2019. A partir de la información anterior, podemos decir que los recreos y la sala de clases, se han convertido en un campo minado donde en cualquier momento alguien puede pisar un detonante emocional, y dañar a otro por la falta de control. Ahora, es muy probable herir a alguien que no esperábamos porque olvidamos las normas sociales, ya que en nuestras casas éramos amos y señores de nuestro espacio.

Entonces, cabe preguntarnos ¿Qué nos ha pasado? ¿Acaso no deseábamos volver? ¿No extrañamos a nuestros compañeros?

Desde mi perspectiva, he sentido que las jornadas escolares son más largas, que las tareas y proyectos escolares han sido más exigentes. Por lo tanto, no solo yo, sino que también muchos compañeros se han sentido más agobiados.

Frente a esto la escuela ha tratado de ayudar con las herramientas que tiene a mano: jornadas de reflexión, charlas de motivación e incluso ejercicios de respiración y relajación. Nadie pensó que una clase de matemáticas, ciencias o lenguaje se podría convertir en una pequeña clase de yoga. Pero todo es válido al retorno, ya que al volver a este camino nos accidentamos y tuvimos errores, pero esto no significa que haya sido malo, al contrario, fue una experiencia nueva a la que nos ha costado acostumbrarnos.

Definitivamente, volver al colegio no es como andar en bicicleta, esto sí se olvida.

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