¿Chillán está con los brazos abiertos?

¿Chillán está con los brazos abiertos?

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Rachel Ivonne Rubio Reyes

Diario La Otra Cara, Colegio San Vicente de Paul (Chillán)

En los últimos años ha aumentado, considerablemente, la presencia de extranjeros en Chillán, con notoriedad aquellos procedentes de Haití. Esta realidad nos hace preguntarnos, ¿es necesario que estemos abiertos a adoptar un proceso de transculturación? Según la RAE, la transculturación se define como la “recepción por un pueblo o grupo social de formas de cultura procedentes de otro, que sustituyen de un modo más o menos completo a las propias”.

En mi opinión, esta mezcla de culturas puede ser la solución a muchos problemas que hoy enfrentan los inmigrantes, tales como la discriminación, sobreexplotación, segregación social y cultural, entre muchos otros. En reiteradas ocasiones he sido testigo de que en cada esquina de mi ciudad, desde muy temprano hasta altas horas de la noche, hay grupos de haitianos vendiendo Súper 8; también he visto las pésimas condiciones de vida que tienen, pues al tener una lengua distinta son más propensos a estafas de parte de quienes solo buscan aprovecharse de su situación.

Con base en lo dicho me parece prudente cuestionarme que, si a los chilenos nos cuesta entender el funcionamiento del Estado, ¿cómo esperamos que los migrantes lo hagan si la mayoría ni siquiera maneja algo básico como el idioma? En este contexto, creo que los jóvenes chillanejos tenemos un rol crucial para revertir la realidad actual de la ciudad. Está en nuestras manos ser el motor de acción que logre la inserción sociocultural de los inmigrantes, porque, al fin y al cabo, somos y seremos testigos de los efectos de la inminente transculturación. Entonces ¿por qué no hacerlo bien desde el principio? Para esto es posible realizar diferentes iniciativas que motiven la mezcla de culturas desde una mirada positiva.

El primer paso es eliminar el prejuicio social que parece aún embargarnos, pues a pesar de que la llegada de extranjeros al territorio nacional es un fenómeno progresivo desde hace ya varios años, hay muchas personas que mantienen un pensamiento negativo hacia ellos. De manera más específica, podemos eliminar las barreras idiomáticas que aquejan principalmente a los procedentes de Haití.

Personalmente, he apreciado el trabajo realizado por la Iglesia San Vicente, a la que pertenece mi establecimiento. Esta institución social ha sido significativa al momento de acercar un poco de nuestra a cultura a través de clases de español y, además de encargarse de esta labor, motiva a los jóvenes a ser partícipes de esta realidad, iniciativa que puede replicarse en Chillán y contribuir poco a poco al fin planteado.

Esto nos permite darnos cuenta de que a través de pequeñas acciones podemos promover la inclusión de los migrantes en nuestra sociedad, dar un paso más cercano hacia una transculturación que aporte diversos beneficios, teniendo siempre en cuenta que también podemos aprender mucho de los distintos afluentes culturales que están presentes en nuestras vidas y ser conscientes de que al final del día todos somos solo inmigrantes en un mundo prestado.

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