Las hechiceras o brujas son personas que habitan en nuestro mundo como cualquier otro ser, a diferencia de que ellas poseen poderes sobrenaturales que, a decisión de estas o de sus antepasados, ocupan, ya sea para el bien o para el mal.
Autora: Antonia Paz Mendez-Diaz Hunt
Diario El Secreto del Aquelarre, Colegio Alcantara de Talagante
¿Se han preguntado alguna vez si las brujas existen? Pues hay grandes sospechas de que realmente habitan en Chile.
Talagante es una ciudad de Chile, capital de la provincia homónima perteneciente a la Región Metropolitana. Su nombre proviene del vocablo de origen quechua “talacanta”, que significa “lazo de bruja”.
Es una localidad que desde tiempos inmemoriales ha sido asociada a historias de brujería, cientos de leyendas y mitos relacionados con hechos que provienen de la fantasía de sus antiguos habitantes.
En ese sentido, las brujas son las que adquieren mayor notoriedad. Según la creencia popular, estas atentaban contra la vida de las personas a través de sus maldiciones.
El Cerro de los Brujos
En la comuna de Talagante existe el llamado “Cerro de los brujos”, ubicado en medio del río Maipo, en la mitad del camino entre Lonquén y el pueblo de Isla de Maipo. En este cerro hay cuevas donde todavía nadie se atreve a entrar y donde, según los lugareños, las brujas hacían sus aquelarres los martes y viernes.
En el libro “Mitos y supersticiones” se asegura que las brujas son seres maléficos que se hallan repartidos en muchos lugares de Chile, especialmente en localidades como Talagante, El Monte, Salamanca, Melipilla y Quicaví. En Chile son las mujeres quienes se dedican al arte de la hechicería.
Pero, ¿son reales las brujas? La tradición nacional y la cultura hablada de los campos de la zona aseguran que en los cerros vecinos, especialmente en el Cerro de los Brujos, se reúnen estos seres maléficos para causar daño o el mal a los lugareños.
Seres con alas o en escobas
Las historias sobre brujas y seres malignos de Talagante se acrecentaron entre la segunda mitad del siglo XIX y el siglo XX. Los talagantinos más ancianos todavía aseguran que muchos reportes de avistamientos de brujas y brujos son totalmente reales. Don Ladislao, famoso vecino, ya fallecido, aseguró haber visto volando a estos brujos y hechiceras en varias oportunidades. Decía que cuando las brujas volaban se convertían en una especie de ser de cabeza con alas, siguiendo una oscura ruta que comprende las localidades de Pomaire, Talagante, Salamanca y Melipilla.

Estas brujas también se transforman en animales o vuelan cabalgando en escobas, pronunciando las palabras “Sin Dios ni Santa María”. Además, tienen poderes oscuros y conocimientos arcanos para atentar contra la vida y la salud de las personas por medio de diferentes maldiciones, entre las cuales se cuenta el “espanto” y el famoso mal de ojo.
Pero, así como existían las brujas, también existían personas llamadas “meicas” o curanderas, que, como verdaderas exorcistas del campo, se dedicaban a contrarrestar estas maldiciones por medio de varias fórmulas sobrenaturales, como el santiguado.
Para combatir el mal de ojo solo sirve hacer un santiguado usando la palabra del Señor y ají, toronjil y alhelíes. Y así la persona es curada totalmente.
Para muchos estas historias solo testimonian la rica tradición de las zonas rurales de nuestro país, pero para otros reflejan la existencia de cosas inexplicables y seres con poderes tanto para hacer el mal como el bien.
Una vecina de Talagante, Nora Gómez, de 82 años, asegura ser una de las pocas brujas blancas que quedan en la comuna. Declara que «el primer requisito para serlo es estar con Dios», teniendo ascendientes que también practicaban la brujería y que cumplían con lo que las brujas de su categoría hacen. Ella dice no cobrar por sus servicios, pues «más que un trabajo, es una ayuda a las personas».
En una de esas tantas ocasiones, un hombre fue a solicitar sus servicios, pero ella, por una de sus enfermedades, no se encontraba en las mejores condiciones para atenderlo, por lo que lo tuvo que rechazar. El hombre, enojado, se fue y los anillos de plata de doña Nora se volvieron negros por las malas vibras de esta persona. Bajo ese contexto ella realiza santiguados para curar diversas enfermedades.
Además cuenta sobre la existencia de brujas de magia negra que la atacan en su lugar de atención. En última instancia, relata que ya ha sufrido tres operaciones por enfermedades al corazón, pero, aún así, sigue teniendo fe en sus prácticas, continuando así con ellas y dejando en evidencia que las brujas son parte de nuestra sociedad. Son una realidad.
Encuentro con un fantasma
También existen otros testimonios de esta inquietante y deslumbrante realidad, como el de Juan Ramírez, quien comenta sobre sus conocimientos acerca de fenómenos paranormales, explicando que «las brujas normalmente abrían portales durante sus rituales, los cuales por lo general no eran cerrados», produciendo la entrada de presencias o seres inexplicables que, él asegura, aún deambulan, como los tan conocidos “duendes”.
En cuanto a sus experiencias personales, si bien no ocurren en la localidad de Talagante, sino en Castro, dice haber tenido un encuentro con un fantasma que ayudaron él y sus amigos cuando trabajaban en un circo, al facilitarle una chaqueta por el inminente frío. Más tarde la irían a buscar en la dirección que el ente les había dado. Finalmente, la recuperaron en un cementerio, justo en la tumba del fantasma.
Después de la información recopilada, queda a decisión del lector si cree o no. Como dice el dicho, “yo no creo en las brujas, pero de que existen, existen».
El secreto de los aquelarres
Los aquelarres, o juntas de brujas, son -como dice su nombre- reuniones en las que se hacen rituales y hechizos, solo practicados por las brujas negras.
Esta fiesta, aunque no haya pruebas muy concretas sobre su verdadera existencia, se divide en cuatro partes diferentes. La primera es la convocatoria, en la cual solo las hechiceras reciben la noticia de su celebración, pues el llamado es a través del sonido de una campana que solo los participantes de la brujería negra perciben.
La segunda es el homenaje a Satanás, en el que los invitados deben darle un regalo al diablo en forma de ofrenda, el cual es cualquier tipo de objeto que irrumpa la ley divina.
La tercera es el banquete, en el que los brujos se sientan a comer carne humana, especialmente de niños, la cual, hasta ahora, se dice que es su alimento favorito. Esto, sin embargo, aún no se ha podido probar por completo.
En la cuarta se desarrolla la actividad más divertida de la noche: el baile. Todos salen a danzar en forma de círculo, acompañados de música. Finalmente todo acaba con el canto del gallo, marcando el inicio de un nuevo día y del final de la fiesta.
En Talagante, los aquelarres se llevaban a cabo en el llamado “Cerro de los Brujos”, donde antiguamente, muchos vecinos dicen haber visto u oído cosas extrañas. Hoy, sin embargo el lugar se encuentra sin ningún tipo de actividad paranormal.





















