«La astronomía para mí es un complemento perfecto para entender la naturaleza de la humanidad y para poder vernos como ciudadanos del universo», afirma la reconocida científica.
Autor: Rodrigo Pizarro Cortés
Diario La Cruz del Sur, Colegio Elena Bettini (La Serena).
Amelia Cristina Ramírez Rivera es una connotada astrónoma que ocupa un importante lugar en el mundo de la astronomía de la Región de Coquimbo, siendo reconocida como “maestra de maestros” e iniciadora de la investigación astronómica de la Universidad de La Serena. Pero, ¿qué hay detrás de la distinguida científica? ¿Cuál es su historia?
La investigadora responde la entrevista en su tranquila y acogedora oficina, donde cuenta en detalle cómo combina el éxito laboral, una interesante vida personal y una visión muy particular de la astronomía. Una mujer amable y generosa que comparte su vida con la comunidad que la ha visto realizarse.
Un cálido nido familiar
La historia familiar de la notable astrónoma está arraigada a La Serena. Sus abuelas vivían en esta ciudad, pero su abuela Amelia se fue a Antofagasta y ahí tuvo a su padre. Mientras que su abuela Isaura se fue a Santiago, lugar donde crió a su madre. Posteriormente su papá, a los 26 años, viajó a la capital y conoció a su prima Cristina de 15 años, de quien se enamoró. Él buscó trabajo en la capital, y cuando su mamá cumplió 17 años se casaron (con permiso del Papa Juan XXIII, por ser primos).
El 25 de enero de 1964 en Antofagasta, nace Amelia. Fue criada en Santiago por su padre Carlos Ramírez Fredes, al que se refiere como “simpático y muy trabajador”; y su madre Cristina Rivera Fredes, de la que señala que “se ve frágil, pero es fuerte, todo el mundo la quiere y le proyecta dulzura», agregó.
Amelia tiene tres hermanos: Claudio, que es doctor en biología, Ivana, profesora de inglés, y su hermana menor Daniela, que trabaja como psicóloga.
Con respecto a sus hermanos, la astrónoma expresó que “nosotros nos parecemos mucho, ya que somos morenos como mi padre y de carácter reconciliador como mi madre”.
Emerge una estrella en el firmamento astronómico
Llevó a cabo su escolaridad en Santiago. En ese entonces era una joven apasionada por la matemática. Entre 3° y 4° medio decide que se dedicaría a la física de partículas, sin saber aún que la astronomía, que en ese momento solo era un hobby, después sería su vocación y más grande pasión.
Esa pasión por la física de partículas se debía a su admiración por Igor Saavedra, quien había recibido el Premio Nacional de Ciencias de Chile en 1981. Lo recuerda con fascinación porque “él hablaba maravillas de la física de partículas”.
Por otra parte, su afición por la astronomía fue algo que inició muy temprano. Contó que “cuando tenía unos 10 años veía en el cielo unas lucecitas, que eran satélites, y anotaba cada vez que pasaba uno”. Además, asegura que siempre le gustó la astronomía y lo relacionado con el espacio, y que constantemente se hacía preguntas del estilo: “¿cómo se mueven los planetas?» o «¿por qué el cielo es azul?”.
Amelia tenía una curiosidad científica, quería conocer la leyes de la naturaleza para entender cómo funcionan las cosas.
Posteriormente, estudió una licenciatura y un magíster en Física con mención en Astronomía, en la Pontificia Universidad Católica de Chile.
Recuerda que en ese entonces un profesor, que vino desde la Universidad de Cambridge, le dictó un curso llamado “Astronomía general”. Este curso le mostró cómo la física de partículas se daba al interior de las estrellas. Ella, muy emocionada, recuerda que “eso era pura física. Interacción, fusión, fisión. Todo ocurría dentro de las estrellas. Y así se juntó la pasión por la física de partículas y la parte astronómica, que no solo era subir cerros para observar, sino que también era química, computación y mucha matemática».
En su época universitaria, la eminente científica era una estudiante esforzada, que además de estudiar y ser ayudante de investigación del grupo de astronomía de la universidad, trabajaba en el Observatorio Manuel Foster, del Cerro San Cristóbal. Con esta labor recibía un sueldo que, junto con la ayuda de sus padres y un crédito fiscal, le permitía costear sus estudios. Esto lo hizo durante un año y medio, en el que estuvo en constante observación del cielo, lo que aclara, “hacía con mucho gusto” en este centenario telescopio.
Tal era su pasión por la astronomía que visitaba La Serena mes por medio para observar e investigar en los observatorios cercanos.
Brasil, recuerdos de una época feliz
Posteriormente tuvo la oportunidad de perfeccionarse. Fue becada para estudiar un doctorado en Brasil. Así, viajó a Sao Paulo, pero no se fue sola, sino acompañada de su pareja, Héctor Cuevas, que al igual que ella era astrónomo. Héctor era seis años menor y también había sido becado para perfeccionarse en Brasil, en un magíster.
Cabe decir que tanto Amelia como su pareja, tenían otras opciones además de Brasil, pero ambos, después de analizar durante un tiempo, decidieron viajar al país tropical, porque, además del desarrollo profesional que podían conseguir gracias a la infraestructura académica que ofrecía la Universidad de Sao Paulo, podían estar juntos.
En septiembre de 1997, la pareja viajó a Santiago a comprometerse, para después casarse. Amelia recuerda que su “papi se había emocionado mucho” con la noticia. Y en noviembre de ese mismo año, fallece su padre. Amelia manifiesta que “su ética profesional y responsabilidad es un ejemplo de vida».
Un año después, en octubre de 1998, la doctora en astronomía viajó con su prometido a Chile para casarse. Y a la semana volvieron nuevamente a Sao Paulo.
En total estuvieron seis años de estadía en Brasil. Amelia describe la estancia en Sao Paulo como “un periodo de felicidad y tranquilidad” en su vida, ya que tenía una beca brasileña a su disposición para investigar como quisiera, realizándose profesionalmente y estando inmersa en una atmósfera alegre con la vegetación y el color de la vida brasileña, sumado a su, entonces, reciente matrimonio.
De regreso a los orígenes
En marzo del 2000 volvió a Chile, pero esta vez llegó a La Serena, ya que un amigo astrónomo, Erich Wenderoth, se había comunicado con ella para que postulara al puesto de astrónomo en la Universidad de la Serena (ULS), con el objetivo de iniciar un grupo de investigación en el Departamento de Física.
Aceptada en el puesto, se inició un grupo de astrónomos en la ULS, que cada vez crece más y más. Posteriormente se ha desempeñado labores de docencia, investigación y dirección. Además, ha tenido la oportunidad de instruir y ver nacer a varios astrónomos importantes de la región.
Respecto de lo anterior, la profesional expresa con orgullo que “es un gran logro haber sido parte de la formación de tantos astrónomos que ahora son colegas».
La astronomía, una ciencia íntegra en la sociedad
La oficina de Amelia es bastante luminosa, no muy grande, pero sí acogedora y tranquila. En su escritorio, un notebook y otra pantalla, junto a un teléfono, siendo este un escritorio bastante apropiado para su trabajo en la ULS. Ella es una persona que habla moviendo las manos al explicar, algo que da cuenta de su experiencia como docente, una técnica usada para focalizar la atención.
¿Considera usted que la astronomía es importante, en un sentido más profundo, a nivel humano?
Me fascina y siempre me ha fascinado la astronomía, pero había un vacío, un algo que me faltaba completar, junto a las áreas humanistas. Entonces, justo tomé un curso de Tai chi, cuando estaba embarazada de mi hija, y luego un curso de Filosofía. Ahí estuve hasta los seis meses y después lo dejé. Empecé a estudiar filosofía y, gracias a ello, ahora tengo mucho conocimiento del mundo prehispánico, del conocimiento del hombre en una dimensión más holística. Entonces, la astronomía para mí es un complemento perfecto para entender la naturaleza de la humanidad y para poder vernos a nosotros como ciudadanos del universo.
¿Cuál es el valor que tiene la astronomía para la sociedad?
La astronomía no es necesariamente algo solo para formar astrónomos. El conocimiento astronómico es un derecho cultural, porque es patrimonio cultural. El cielo es un derecho y también el verlo de diferentes maneras. Los indígenas veían al cielo y hacían rituales porque lo veían desde una perspectiva religiosa. Los astrónomos vemos el cielo desde una perspectiva científica, tenemos un gran conocimiento del universo que tenemos el deber de compartir con la comunidad. Ahora la astronomía nos permite hacer preguntas inteligentes acerca del universo y cada vez obtenemos más información para responder esas preguntas. Es el valor que tiene la astronomía para la comunidad.
Una modesta vida personal
Amelia es risueña, alegre y muy amable. En su escritorio destaca un pequeño marco con la foto de su hija. A mitad de la entrevista tuvo que contestar el teléfono sobre el escritorio, ya que la llamaba su hija. Se puede vislumbrar como madre a tiempo completo, pues muestra la preocupación natural ante una llamada de ese tipo. Al hablar de su familia lo hace en forma cariñosa.
¿Cómo es la vida hogareña con su esposo?
Nosotros formamos un equipo que lleva 20 años juntos. Tal vez yo hago más cosas de cocina, pero a él le toca el auto, el jardín… Nos dividimos las funciones, nunca hay alguno descansando mientras el otro está colapsado de trabajo.
¿Podría contarnos alguna anécdota de su maternidad?
Recuerdo que nueve meses antes de que naciera mi hija Ignacia, Héctor y yo bajamos de observar del Observatorio Las Campanas y fuimos de inmediato a una farmacia para hacer el test de embarazo, pues me había sentido rara y, en efecto, estaba esperando a mi primera y única hija.
¿Qué representa para usted La Serena?
La Serena es la ciudad de mis orígenes, de mis abuelas, de mis bisabuelos. Es la ciudad que visitaba mes por medio para observar en alguno de los telescopios de Tololo, La Silla o Las Campanas, en mi tiempo de ayudante de investigación del grupo de Astronomía de la Pontificia Universidad Católica de Chile.
Es la ciudad en que tengo mi casa en el valle, mi trabajo y mi familia que poco a poco se ha ido trasladando. Es la ciudad que tiene un futuro turístico, energético, tecnológico, astronómico y de gran calidad de vida. Me gusta vivir y ser parte de ella.
Una gran líder
¿Podría referirse al reconocimiento de las «100 mujeres líderes»?
Fui una de las «100 mujeres líderes» gracias a una iniciativa del diario El Mercurio junto a la agrupación “Mujeres empresarias”, donde seleccionan a lo largo de Chile a cien mujeres destacadas en diferentes ámbitos. Un día me llamaron para decirme: «señora Amelia, usted ha sido seleccionada para ser parte de las cien mujeres líderes», y yo sorprendida. Ahí supe que debía dirigirme a la alcaldía a recibir el premio.
Creo que un reconocimiento confirma cosas, eso es bueno, quiere decir que uno lo está haciendo bien y eso es lo importante. Por otro lado, más que yo ser parte de la historia nacional, prefiero formar una buena hija que haga historia nacional.





















