Educación inclusiva

Educación inclusiva

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En educación se habla mucho sobre inclusión pero realmente poco se practica con la acción.

En el último tiempo han aumentado los casos de estudiantes transgéneros o con alguna discapacidad que han deseado acceder a establecimientos, pero que en el camino se enfrentan a políticas sin sentido hechas en cuatro paredes y no desde el entorno real.

Es conocido el caso de Arlén Aliaga, joven trans de 17 años a quien se le negó, en un principio, la matrícula en el Liceo N°1 de niñas de Santiago, por culpa de aspectos legales y burocráticos.

En este sentido, se refleja el gran problema que reviste la inclusión, considerada como una mera “adición” de alguien o algo, cuando en realidad debiera ser implementada como una idea que abarca aspectos sociales bastante más profundos.

La educación de hoy no debe ser gratuita y de calidad, como versan los movimientos estudiantiles, debe ser accesible para todas y todos, sin diferenciar rasgos étnicos, sociales, culturales, económicos o sexuales. Es decir, inclusiva en todo sentido.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), la inclusión es un enfoque que responde positivamente a la diversidad de las personas y a las diferencias individuales, entendiendo que la diversidad no es un problema, sino una oportunidad para el enriquecimiento de la sociedad, a través de la activa participación en la vida familiar, en la educación, en el trabajo y en general en todos los procesos sociales, culturales y en las comunidades.

Por estos motivos, es tiempo que los políticos y expertos, concreten estrategias para que no sólo en el verso o papel sea hermosa la inclusión, sino que en la práctica deje a todos maravillados y permita crecer como sociedad.

No es inclusión permitir a una estudiante con ceguera matricularse en un colegio que en la práctica no posee un plan integrador, pero se le acepta para ser considerados inclusivos por el clamor popular o, peor aún, porque las normas prohíben rechazarla al representar un hecho de discriminación.

¿Qué sucede con esta estudiante una vez que está cumpliendo su proceso educativo dentro del establecimiento? ¿El sistema se preocupa que el colegio tenga la infraestructura acorde a sus necesidades? ¿Supervisa o aconseja sobre qué enseñanza se debe impartir o con cuáles adecuaciones a sus limitantes se debe trabajar,  como pruebas en braille, por ejemplo? ¿Contarán los establecimientos con recursos para tales implementaciones?

Actualmente, los índices de inclusión en los colegios, según las cifras expuestas por el Mineduc, equivalen al 8%. Sólo en aquellos con sistemas PIE o accesibilidad universal tienen un mayor porcentaje de inclusión, pero si se busca que todas y todos tengan las mismas oportunidades, ¿no sería mejor comenzar a quitar el apellido a los establecimientos y hacerlos universales?

Es tarea de todos, principalmente de los líderes sociales, pues sólo a través de la educación se pueden generar cambios profundos y en los tiempos actuales, es imperioso implementar radicalmente un cambio en la inclusión. Sólo transformando las diferencias en oportunidades se logrará una inclusión real.

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