Tras la superación escolar: miedo y aprendizaje

Tras la superación escolar: miedo y aprendizaje

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Afrontar un nuevo año escolar nunca ha sido una tarea fácil, especialmente para los adolescentes que se ven desafiados ante el significado de nuevos conceptos como el NEM, Simce o PSU, ansiosos por superar los estudios que se aprontan en este conflictivo período de la vida.

Aunque el concepto “agobio escolar” aún no está contemplado como tal, ya que es un término relativamente nuevo, el estrés escolar es un fenómeno presente que llega incluso a afectar a la comunidad en general. Según Caballero, Hederich y Palacio, el burnout académico es entendido como una actitud negativa de crítica y de desvalorización, pérdida del interés y del valor frente al estudio, enfrentándose a constantes dudas acerca de la propia capacidad para realizarlo.

Si bien, la noción de superar el período escolar puede concebirse como un impulso de superación o de ser “alguien en la vida”, existen casos en los que la presión y el estrés, subsisten en una demanda que exige cada vez menos disfrute en el aula.

Por un lado, están las normativas internas en instituciones educacionales que apelan e incitan a la normalización de situaciones de estrés y ansiedad y que se reflejan en frases como “el esfuerzo siempre trae sus frutos”, “el descanso está prohibido” o “en la universidad será peor”, producen como resultado final, una presión en el estado psicológico de un alumnado adolescente.

No se debe pasar por alto el hecho de que va más allá de afectar el rendimiento, pues también afecta las conductas socio-afectivas e intrapersonales, llevando a que el estudiante cargue en su mochila el orgullo o la decepción de los suyos.

Es interesante conocer cómo el medio presiona al estudiante, de tal forma que trata de desvincularse de sus sentimientos, o de la relación con su familia, presentando síntomas como la disminución de habilidades cognitivas, baja tolerancia a la frustración, problemas conductuales, irritabilidad o agresividad y manifestando conductas ansiosas, llegando incluso a sufrir crisis de pánico reiteradas.

Este fenómeno sucede constantemente en los adolescentes y de manera creciente en los últimos años. En 2016, por ejemplo, la comisión de la Cámara de Diputados que investigaba la situación del Sename, informó que Chile es el segundo país con más alto índice de suicidio juvenil de la OCDE y posteriormente, un informe de la Unicef ubicó al país en el tercer lugar, con 8,1% por 100 mil habitantes.

El dato mencionado entrega algo mucho más relevante, que tiene que ver con el tipo de sociedad que se está construyendo, donde se ha generado una competitividad constante al tener como referente una imagen que es promovida por la cultura hegemónica con respecto al adolescente.

Sin duda alguna, se observa cómo el alumnado se ve inmerso en el reflejo constante de una sociedad inmediatista que ha olvidado la esencia más pura de la educación, la búsqueda del aprendizaje por el gusto de aprender y no por la obligación de saber y aunque ya se haya enseñado en medio del exitismo, no se puede ni se debe seguir avalando la normalización constante del estrés en el camino del aprendizaje.

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