Durante la última década se ha presenciado un cambio sustancial en Chile en torno a la inclusión, pasando por las múltiples jornadas solidarias de Teletón hasta las políticas de Estado que facultan la realización de cambios estructurales para generar espacios de igualdad de derecho a todos sin importar su condición.
Es importante por ello recordar que la ley de inclusión 20.845 expresa claramente la no discriminación arbitraria en los establecimientos educacionales y que, desde entonces ha ido evolucionando favorablemente en los contextos escolares más vulnerables, inyectando mayor cantidad de recursos y generando programas de integración. Pero a la vez, se han manifestado señales contrarias, porque se ha visto de igual modo, que establecimientos prefirieron pasar a ser privados y que se promoviera la selección como vía para brindar espacios a los que querían estudiar, como si los demás no lo quisieran.
Se ha transmitido la idea que todos en Chile tienen derecho para elegir el lugar en el que quieren ser educados, pero en lo concreto, parece que hay distintas interpretaciones de lo mismo, ya que se ve que quienes pueden realmente elegir donde estudiar son aquellos que cuentan con mayores recursos económicos. Una posibilidad solo para algunos y esto lleva a reflexionar si la inclusión ¿Es una tarea de todos?
Definitivamente sí, la inclusión debe ser una tarea de todos, pero en la práctica hay mucho que avanzar.
Todavía no existe una real unión en las políticas de inclusión que brinden oportunidades a todos los niños y niñas para que puedan desarrollarse en su proceso escolar. El informe “Niños y adolescentes con necesidades educativas” ha señalado que en Chile entre 2006 y 2010, la matrícula de integración escolar ha aumentado en un 54%.
Se plantea que las escuelas deben promover espacios para atender estas múltiples necesidades, equipos preparados y organizados. Con ello, se demuestra la contrariedad de exigir inclusión, cuando desde las políticas no están totalmente convencidos y en muchos casos prefieren seleccionar a los niños y jóvenes. Además, piden de forma inmediata que estén preparados para este desafío.
En definitiva se han conseguido mayores recursos para atender a los niños con necesidades educativas, pero no existe una real intensión de querer incluir a todos, ya que siguen buscando seleccionar.
Por todo esto, se debiera presentar de manera más clara la Ley de inclusión y no con tanta aclaración o letra chica.
Además, manifestar claramente a los padres que la ley no necesariamente asegura que todos puedan elegir donde educar a sus niños o niñas, todavía y a pesar de los avances, se necesita de contactos y recursos económicos para tener esa posibilidad.
La integración es esencial, ya que permitiría una sociedad mejor, con un pensar distinto, con una perspectiva del mundo distinta. Con la integración, la sociedad evolucionaría de una forma sorprendente.
La inclusión es el real derecho de los niños y de los padres que luchan por abrir nuevos espacios educativos y laborales para sus hijos.



















