El tema de la igualdad salarial cobra cada día mayor importancia, no solo en Chile sino como un fenómeno de nivel mundial, puesto que involucra, principalmente, a mujeres, que se encuentran insertas en el mundo laboral y a sus familias.
Si todos realizan el mismo trabajo y poseen las mismas condiciones intelectuales, deberían recibir el mismo salario, ya que es una forma de respeto hacia las personas.
En Chile, la desigualdad salarial que se presenta entre hombres y mujeres trabajadoras es de alrededor de $200 mil (pesos) frente a una misma labor. Situación que corrobora el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) que indica que las mujeres ganan hasta un 29% menos que sus pares masculinos realizando el mismo trabajo, siendo, según la OCDE, el quinto país con mayor desigualdad salarial. Lo anterior, considerando la clase trabajadora activa, pues la desigualdad continúa en las pensiones, donde las mujeres obtienen un 12, 4 % menos que sus pares masculinos. Mientras, en los países vecinos, como Argentina la diferencia salarial supera, en todos los ámbitos el 20% la brecha, siendo la excepción el área de la agricultura donde la diferencia es solo de un 1,4%.
En esta misma línea, Venezuela es dentro de los países latinoamericanos, según puntualiza el Foro económico Mundial, el país que está mejor posicionado a nivel internacional, ya que está ubicado en el lugar 48, en tanto que Chile y Perú se encuentran al final de la lista como los países con mayor desigualdad salarial. Sin embargo, Chile cuenta con una Ley de Igualdad de Remuneraciones, pero que hasta ahora no presenta más de 30 denuncias desde que fue promulgada.
La diferencia salarial, no es solo el tema, sino la paradoja que ocurre en Latinoamérica con las mujeres que tienen igual o mayor nivel de estudios y obtienen menores salarios en comparación con los hombres que realizan el mismo trabajo, según da cuenta un estudio publicado por la Comisión Económica para América latina y el Caribe (Cepal).
Esta desigualdad no es solo en los salarios entre los hombres y mujeres, sino también en los tipos de trabajo a los cuales optar, ya que, de acuerdo a la Organización Internacional del trabajo (OIT), las mujeres tienen empleos más vulnerables que sus pares masculinos.
En este ámbito y, como una forma de aportar a esta discusión, es que se puede abordar este tema desde la niñez. Por ejemplo en las escuelas, valorando las habilidades de cada género frente a la realización de las mismas actividades, mostrar todas las posibilidades a los niños y adolescentes para que formen sus propias opiniones y pensamientos, romper estereotipos desde la educación parvularia e indicar que los temas de dinero no son exclusivos de los hombres, ya que se ha asignado históricamente al hombre con el rol de proveedor.
Así también, valorarse para exigir lo que se merecen y valorar lo que hacen otros, sin importar si son niñas o niños. Por último, sería de un gran aporte sociabilizar con todos los integrantes del país la ley de igualdad salarial, con el fin de garantizar efectivamente, que en esta época del siglo XXI se debe tolerar y respetar a todos los géneros.




















