Pampilla de Coquimbo, una tradición centenaria

Pampilla de Coquimbo, una tradición centenaria

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Colegio San Joaquín de La serena

Una de las atracciones más propias y tradicionales de la región de Coquimbo, es precisamente su pampilla, un espectáculo tan peculiar y característico, que perfectamente podría ser digno de un estudio antropológico, pues no sólo reúne a la familia en torno a la celebración de nuestra independencia, esta tradición nos ofrece un espectáculo colorido, variopinto y multitudinario jamás visto en ninguna otra zona del país.

Cuenta la voz popular, que durante en el año 1680, serenenses y coquimbanos se reunieron un 20 de septiembre para celebrar un triunfo de los propios vecinos sobre el temido pirata Bartolomé Sharp. Otra explicación sostiene que en el año 1810, habría llegado la noticia de la independencia de Chile y que por problemas de comunicación la buena nueva llegó con dos días de retraso, es decir, un 20 de septiembre, esta última parece cobrar más fuerza entre los aficionados a la historia local.

En el mes de junio de 1998 la Municipalidad de Coquimbo formalizó ante los organismos pertinentes esta festividad como propia de la ciudad puerto, aunque  desde siempre ha sido una marca registrada regional.

“Es que la pampilla es todo, es nuestro entorno, es el punto de reunión con la familia a la hora de almorzar y para el merecido carrete dieciochero con los amigos, cuando cae la noche, por una semana esto no para, no descansa, y nos gusta que sea así” nos cuenta visiblemente emocionada Andrea Sotomayor, estudiante de primer año de enfermería. “este año no hubo pampilla, creo que es el único año en que no vengo, pero está bien, se entiende, además juntamos ganas para el próximo año” señala Andrea con una sonrisa optimista.

La pampilla de Coquimbo es eso, la simplicidad de su gente, el trabajo del pescador, el desahogo del pirquinero, la parsimonia amable del pueblo de Guayacán, es el Barrio Inglés invitando al paseo diario, es el escenario natural que cobija nuestros triunfos y alegrías, erguida como un gran anfiteatro en medio de milenarios roqueríos con el mar como testigo incondicional de la fuerza del pueblo chileno.

En conversación con nuestro medio Catalina Rojas Araya, vecina coquimbana nos cuenta que desde que tiene uso de razón viene sagradamente todos los años, se prepara para este evento  junto a toda su familia “desde que tenía como 6 años que mi papá nos traía en un camión a todos, nosotras como familia numerosa esperábamos ansiosas el momento en que veníamos a la pampilla” del mismo modo nos cuenta que a sus 89 años sigue viniendo religiosamente cada año “ahora vengo con  mis nietos y bisnietos, la familia creció, pero siempre está presente la tradición pampillera, imagínese que venimos los primeros días de agosto a marcar nuestro sitio, porque por más de cien años ocupamos el mismo”, aunque lamenta que este año por la pandemia se haya suspendido, “qué le vamos a hacer, no se puede, así que a juntar ganas, porque si yo no estoy, si Dios decide que no siga viniendo, entre los volantines veré como mis nietos y nietas siguen disfrutando”. Nos dice optimista la señora Catalina.

Sin duda, esta bella tradición que reúne a la familia de la región está cada día más arraigada en la idiosincrasia misma del habitante, no se trata sólo de una festividad más, sino de la “fiesta más grande de Chile”, que espera con ansias la llegada del mes de la chilenidad, así como hace más de doscientos años esperó el abrazo de la libertad, hoy esperará paciente y resignada las próximas fiestas patrias para recibir los saludos de las esforzadas mujeres y hombres porteños; así como Andrea y la señora Catalina, esta tradición sólo tendrá una pausa, necesaria y obligada para seguir recibiéndonos con la misma alegría y optimismo de su gente.

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